NO DESCARTA DEMANDAR AL ESTADO

“Expresidente Uribe, usted estaba totalmente equivocado": Feliciano Valencia

Ya en libertad, el líder nasa cuestiona el narcotráfico, el rearme paramilitar y a Álvaro Uribe, quien en su gobierno lo acusó de auxiliar a la guerrilla.

Feliciano Valencia dice que las Farc tienen que decir qué pasó con los indígenas que fueron reclutados. Archivo El Espectador

El pasado 28 de junio, la Corte Suprema de Justicia absolvió al líder indígena Feliciano Valencia, quien había sido condenado a 18 años de prisión en 2015 por el secuestro del cabo Jairo Danilo Chaparral en 2008. La Corte, al final, determinó que Valencia actuó en concordancia con la autonomía de la justicia indígena, la cual contempla sanciones para las personas que, como el cabo Chaparral, irrumpen en territorios indígenas sin aviso y sin autorización. En entrevista con este diario, la primera desde que fue absuelto, Valencia habla de su experiencia privado de la libertad y de los problemas que aquejan a los indígenas caucanos, y le manda un mensaje directo al expresidente Uribe, con quien antagonizó durante sus ocho años de gobierno.

¿Cómo se ha sentido estos días, desde que la Corte tumbó su condena?

Muy contento de haber aportado al proceso del movimiento indígena, entendiendo que la Corte Suprema de Justicia nos da la razón en lo que alegamos desde el inicio. Se ha dado un paso muy importante para la autonomía y la jurisdicción especial indígena. Quedo con una sensación de tranquilidad. Se hizo la tarea.

¿Qué lecciones le quedaron del año y nueve meses que estuvo privado de la libertad?

Primero, que luchar por un proceso de un pueblo indígena que reclama sus derechos, sus reivindicaciones y la posibilidad de construir autonomía, es difícil. Lamentablemente, hay una sociedad que aún no comprende lo que pensamos y lo que decidimos respecto a como gobernamos, a como administramos justicia, y qué es lo que esperamos del Estado. Habrá que seguir dialogando más para seguirnos haciendo entender. Segundo, que definitivamente la unidad de las comunidades hace posible que se logren decisiones como esta. Lo más importante es que mi familia y las autoridades indígenas estuvieron siempre a mi lado. La solidaridad siempre la sentí.

¿Va a demandar al Estado?

Eso lo estamos consultando con los abogados. Lo más seguro es que sí, por la afectación psicológica y moral, el daño del buen nombre de mi familia, el de la comunidad y, por supuesto, el mío. Me pusieron en la picota como si fuera uno de los peores delincuentes del país

El expresidente Uribe siempre vio en usted a un enemigo del Gobierno. ¿Qué le responde hoy?

Siempre nos acusó de ser proclives a las Farc, de ser permisivos con el tema del narcotráfico, y cuestionó el ejercicio de los pueblos indígenas. Hoy no queda sino decirle que estaba totalmente equivocado, sus apreciaciones fueron totalmente contrarrestadas por la Corte Suprema de Justicia, dándonos la razón a nosotros. Nosotros no somos enemigos ni tenemos inquinas con nadie, sólo no estamos de acuerdo con determinaciones que se toman de manera apresurada o defendiendo una ideología que no nos corresponde. Ojalá esta decisión le permita reflexionar y reconocer las fallas que cometió en su gobierno al señalar y hostigar a los pueblos indígenas.

¿Qué le dice hoy al cabo del Ejército Jairo Danilo Chaparral, que lo denunció por secuestro y tortura?

Él lo dijo en todas las audiencias: “Yo nunca vi a Feliciano Valencia, él nunca me retuvo”. Antes de leer la determinación de las autoridades indígenas para ponerlo a consideración de la comunidad le ofrecí el micrófono para que se dirigiera a la Asamblea, para que se retractara, y evitar el posible procedimiento que se hizo. Si él se hubiera retractado y le hubiera explicado a la comunidad qué fue lo que pasó realmente, estoy seguro de que la comunidad no hubiera tomado la determinación que tomó. Espero, pues, que no guarde resentimientos ni rencores contra mí ni contra nuestro pueblo. Estábamos actuando en derecho. ¡Un saludo fraterno para el soldado Chaparral!

La justicia ordinaria no incluye castigos físicos, como los fuetazos, por eso el cabo Chaparral sostuvo que lo habían torturado. ¿Cómo explican ustedes ese tipo de sanciones?

Eso no es castigo en ningún momento, son procedimientos establecidos en el interior de las comunidades que a la luz de la sociedad se mirará como un ejercicio de dolor. En el fondo nosotros no buscamos producir ni dolor ni sufrimiento sino curar, sanar, restablecer y armonizar, porque, en el caso del fuete, no es solo eso. Hay medicinas, está previamente armonizado por los mayores, y lo que buscamos es llegar al fondo del ser como tal para curar, para sanar y para restablecer.

¿Aparte del fuete, qué otra forma de castigo aplica la justicia indígena?

Hay varios, empieza por el consejo cuando son delitos menores. Si hay reincidencia o si los casos son más elevados, se pone a consideración de la capitanía o de la autoridad tradicional establecida. Si el caso es mucho más grave, pasa a manos de la comisión jurídica del gobierno propio, y si amerita que se lleve a una asamblea, pues allá se llevará el caso. Los castigos están determinados en esa misma línea, la aplicación del remedio es el consejo, puede ser fuete o cepo. También, la persona puede ser aislada del territorio y de la comunidad; hay trabajos comunitarios. Y, finalmente, se puede dar el despido si la persona reincide y el caso es grave. Es lo que está estipulado. Para delitos como asesinato o acceso carnal violento, algunas autoridades han optado por la figura de hablar con los centros penitenciarios para que definan un lugar especial donde nos tengan a los indígenas mientras nosotros revolvemos las situaciones en las comunidades, para generar condiciones y después retornarlos nuevamente al territorio.

Han sido varias las ocasiones en que, como en 2008, los indígenas recurren a vías de hecho para protestar. ¿Se ha pensado en replantear estas medidas?

Eso depende mucho de los gobiernos, de la institucionalidad colombiana y del Estado. A nosotros nos ha tocado siempre acudir a esas vías porque nos han mentido: muchos acuerdos firmados y nunca cumplidos, muchas leyes que la mayoría se quedan en papel, muchas necesidades que tenemos insatisfechas. Si lo que se dice se cumple, si realmente los gobiernos gobernaran para todos y si tuviéramos un Estado social de derecho que atienda los derechos constituidos en Colombia para todos los colombianos y colombianas, y en especial para los pueblos indígenas, no tendríamos que recurrir a estas formas. Infortunadamente, ha sido la única forma de que nos escuche el Gobierno y nos atienda. Las protestas y la movilización no cesarán en Colombia porque así siempre se ha hecho: los maestros, los campesinos, nosotros, los estudiantes. Esa es la demostración de que el tema social y la calidad de vida y de derechos en Colombia andan mal. Ojalá esto mejore algún día. Si no, a varios sectores nos tocará seguir por esta vía.

El Cauca es el departamento donde más aumentaron los cultivos de uso ilícito en el último año. ¿En su comunidad han planteado hacer algo al respecto?

Desde hace años venimos tomando cartas en el asunto. Está demostrado que las autoridades indígenas, cuando nos ha tocado destruir laboratorios, lo hemos hecho; cuando nos ha tocado sacar a narcotraficantes de los territorios, lo hemos hecho; hemos hecho grandes mingas de erradicación de cultivos de uso ilícito. Somos conscientes de que estas actividades son bastante complicadas en el interior de las comunidades, la descomposición social es alta. Lástima que eso no sea visibilizado ni sea tenido en cuenta por parte de la sociedad. Es lo que siempre me pregunto: ¿para qué tanto Ejército en nuestros territorios? La militarización es total, acampan cerca de los invernaderos de los cultivos de coca, entonces, ¿por qué no proceden? El narcotráfico no es un tema de nosotros los indios. Nosotros mismos somos víctimas de todo este flagelo y del problema que hay en los territorios. El Estado es permisivo, las fuerzas de seguridad permanecen en terreno mirando a veces con satisfacción lo que está ocurriendo en los territorios. Nuestro papel ha sido oponernos a todos estos cultivos de uso ilícito y narcotráfico en el territorio, todas estas acciones nos han costado muchos muertos y problemas y amenazas. Nosotros hemos establecido los retenes con la guardia indígena. Ahí han caído cargamentos de drogas y todo eso se ha destruido. Lo sabe la Fiscalía, lo sabe el Ejército. Nosotros hacemos nuestra parte, pero no es suficiente si el Estado no acciona de manera coherente con la solución de este grave problema.

¿Cómo han sido esos problemas de los que habla?

Los más vulnerables son los jóvenes. No sólo son amenazas, también nos han matado a varios miembros de la Guardia Indígena. Incluso, varias autoridades. Cuando la guerrilla de las Farc permanecía en terreno y nosotros actuábamos, éramos blancos directos del accionar militar por parte de ellos, precisamente por oponernos a ese tipo de actividades. A pesar de ese riesgo teníamos que hacerlo. Nos ha costado mucho. También nos ha pasado con la minería ilegal: nos ha tocado destruir maquinaria porque no acatan las directrices de las autoridades, y también hemos pagado un alto costo por el ejercicio de control territorial. Pero lo vamos a seguir haciendo.

En esta época de transición y pos-acuerdo, ¿cuáles son las peores amenazas que se ciñen sobre el Cauca y las comunidades indígenas que allí habitan?

Son varias. Las zonas que están desocupando las Farc intentan ser tomadas por disidencias de las Farc o por otros grupos que están entrando a terreno. Otro problema también es el rearme paramilitar. El paramilitarismo está tratando de tener el control sobre nuestros territorios y sobre los negocios del narcotráfico y la minería. Por otro lado, hay un intento de rearme de nuevos grupos en las comunidades, incluso reclutando a menores de edad, hecho por el cual las autoridades hace un mes tomaron la determinación de salir a buscar a esos personajes, de ubicarlos y de advertirles que no estábamos dispuestos a tolerar más el resurgimiento de los grupos armados en los territorios. Les dieron un plazo de ocho días para que salieran de nuestros territorios. Esperamos que no vuelvan. Otro riesgo son las amenazas que están llegando. Hace 20 minutos nos llegó una ya con nombres directos, declarándonos objetivo militar, precisamente por nuestra posición férrea de que la guerra no se repita en los territorios.

A ustedes también les está tocando afrontar la violencia contra líderes sociales…

Claro, esa es otra amenaza, el asesinato de líderes sociales: nosotros, como indígenas del norte del Cauca, llevamos nueve compañeros asesinados en lo que va corrido del año. Además está el problema con los ingenios, sus grupos privados de seguridad disparando contra las comunidades indígenas y la Fuerza Pública respaldándolos. La otra amenaza es la implementación de los acuerdos (de paz) con todo y sus componentes. Ya la sustitución de cultivos de uso ilícito ha creado una gran polémica, a veces ha generado divisiones y posiciones extremas, y esos programas no resultan siendo una solución. La gente está también a la expectativa sobre el tema de la verdad. Ellos quieren saber qué pasó con sus familiares. Las Farc tienen que decirnos qué pasó con nuestros comuneros indígenas que fueron reclutados o que no se sabe cuál es su paradero. La situación es bastante tensa.

¿Cuál es la situación para ustedes en el ocaso del gobierno Santos?

Hemos visto que es un gobierno muy irregular. A pesar de que celebramos la terminación del conflicto, tenemos una percepción negativa de la administración de Juan Manuel Santos. Él queda en deuda con la comunidad indígena porque incumplió acuerdos a los que habíamos llegado.

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2017-07-06T17:55:09-05:00

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2017-07-07T07:04:31-05:00

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Cristian Steveen Muñoz Castro / @CistianSteveen

Judicial

“Expresidente Uribe, usted estaba totalmente equivocado": Feliciano Valencia

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