La extraña desaparición de cuatro comerciantes en Putumayo

Cerca de 20 allegados de cuatro comerciantes desaparecidos en Putumayo viajaron hasta la Defensoría en Bogotá para exigir que les den respuesta sobre ellos. La familia asegura tener pruebas de que lo ocurrido fue un secuestro.

De izquierda a derecha: Álvaro Daza, Neida Domínguez Díaz, Carmen Domínguez Díaz, Hernán Mejía. / Foto: Archivo particular

Los esposos Álvaro Daza y Neida Domínguez llegaron a la vereda La Hormiga, en Valle del Guamuez (Putumayo), para expandir el negocio de herramientas agropecuarias que habían empezado 26 años atrás en Villavicencio (Meta). Con ellos llegó la hermana de Neida Domínguez, Carmen, y Hernán Mejía, un fiel trabajador Álvaro Daza. No habían pasado ni dos meses cuando, entre el 6 y el 8 de diciembre de 2016, los cuatro desaparecieron del municipio.

El pasado martes 16 de enero, Fanny Navarro, amiga desde hace tres décadas de los desaparecidos,  organizó un plantón frente al edificio de la Defensoría en Bogotá en el que ella y otras 20 personas exigieron respuestas sobre el caso. “La visita fue efectiva, pues bajó el defensor del pueblo Carlos Negret y nos dijo que iba a asumir personalmente el caso, que nos iba a hacer acompañamiento. Porque la verdad nos hemos sentido muy solos”, le dijo Fanny Navarro a este diario.

Y es que ella, así como los familiares de Álvaro Daza y de Neida y Carmen Domínguez, asegura que el Gaula de la Policía y la Fiscalía no le han prestado al caso la atención que merece, pues según las autoridades, lo ocurrido fue una desaparición y no un secuestro, a pesar de que Navarro y Juan Domínguez, hermano de las dos mujeres desaparecidas, dicen haber recogido suficientes versiones que les permiten sospechar que lo ocurrido fue un rapto.

El capitán Mauricio Figueroa, encargado del Gaula en Putumayo, señala que “inicialmente está totalmente descartado que sea un secuestro porque no se han puesto en conocimiento de los familiares ni de la Policía una petición de dinero. No obstante, se le ha dado prioridad al caso. Si bien no se descarta una hipótesis, la experiencia en esa zona nos indica que si a los dos días no hay petición de dinero, no es secuestro”.

Sin embargo, Fanny Navarro cuenta otra historia.  Entre el 21 y el 23 de diciembre estuvo en la región indagando por lo ocurrido junto a Eduardo Domínguez, hermano de Neida y Carmen, y junto a Ingrid Daza, una muchacha de 20 años, hija de Neida Daza. “Fueron dos días que sentimos como una semana. La gente estaba muy asustada y no nos querían hablar, pero logramos saber más o menos qué es lo que había pasado”, dice.

“Ellos se fueron para La Hormiga (Putumayo) desde octubre del año pasado. Iniciaron sus labores de comercio, con ellos también viajó el hermano de Álvaro, Eduardo Daza, pues tiene tiendas en otras pates de Putumayo. El 6 de diciembre, Álvaro (Daza) y su trabajador, Hernán Mejía, salieron de la tienda a sacar del parqueadero el carro. Gente que estaba cerca me contó que llegaron dos personas en una moto y los metieron en una camioneta”, dice Navarro. Días más tarde, esa misma camioneta apareció incinerada en zona rural de La Hormiga.

Al otro día, dice Fanny Navarro, Álvaro Daza habría llamado a su esposa, Neida Domínguez, para decirle que estaba secuestrado y que debían pagar una recompensa de $10 millones. Ella habría salido a encontrarse con los captores, pero no regreso. Eduardo Daza, hermano de Álvaro, le dijo al Gaula que esa noche su hermano lo llamó y le comentó que estaba haciendo un negocio en La Dorada y que pronto regresaría. Según el capitán Figueroa, el hombre no mencionó la llamada que el hoy desaparecido le habría hecho más temprano a su esposa, Neida Domínguez.

Al otro día, Carmen Domínguez habría aparecido en el hotel donde se estaban quedando muy alterada. “Me dijeron que estaba llorando y que estaba buscando un lugar para vender unas joyas de Neida, su hermana, y que la gente le indicó que a la vuelta había una compraventa. Horas después me contó la gente que pasó un tipo a recogerla en una moto. Un amigo de una trabajadora del local me dijo que horas más tarde la vio parada en un sitio que se llama El Maizal. Ese es el último rastro de ella”, cuenta Navarro.

Sobre esos testimonios, el jefe del Gaula en Putumayo, capitán Mauricio Figueroa, no da información. Solo se limita a aclarar que “no hay una llamada en la que se atribuya un hecho de secuestro. Si bien no se descarta, no es el indicio mayor, pues la hija de dos de los desaparecidos, Ingrid Daza, no ha recibido ninguna llamada de un grupo pidiendo una suma de dinero”.

Por su parte, Fanny Navarro dice que es evidente que no hayan pedido dinero, pues, según el relato que le contaron en la región, el dinero ya había sido entregado. Dice además que le parece absurdo que el Gaula ofrezca $5 millones por información sobre las cuatro personas. “Nadie se va a arriesgar en esa zona tan peligrosa por esa recompensa, lo sé porque me lo han dicho personalmente”, agrega.

Por ahora, Ingrid, la hija mayor de Neida Domínguez y Álvaro Daza, está en Bogotá junto a su hijo de cuatro meses buscando mover el caso. Sus medios hermanos, dos menores de 5 y 11 años, están viviendo con su abuela paterna en Villavicencio. Su primo de 15 años, el hijo de Carmen Domínguez –quien era madre soltera–, está en casa de una tía, quien dependía económicamente de las dos mujeres desaparecidas.

Fanny Navarro está preocupada, especialmente, por todos ellos. “La policía  dicen que toca esperar porque uno se desespera cuando ve que no llaman. Para la autoridad es fácil decir que esperemos. Pero para nosotros esto es urgente”.

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