Falleció Jaime Vidal Perdomo

Este miércoles, tras una larga enfermedad, murió en Bogotá el reconocido abogado, considerado uno de los padres del derecho administrativo en Colombia. Augusto Trujillo escribió esta columna sobre él hace 10 años.

Vidal Perdomo representa una de las más grandes renovaciones que registra nuestra historia en materia jurídica.Archivo El Espectador

Jaime Vidal Perdomo es considerado uno de los padres del derecho administrativo en Colombia. Fue columnista en esta casa editorial, académico reconocido, embajador. Se graduó como abogado de la Universidad Nacional, se formó en la que sería su área en la Universidad de París y luego regresó para volverse catedrático en universidades como El Rosario y Los Andes. Fue un hombre respetado y admirado en su profesión. Hoy, con 86 años, murió después de una larga enfermedad. Para conmemorarlo, El Espectador reproduce una columna que escribió sobre él el exsenador y profesor universitario Augusto Trujillo en diciembre de 2008. 

Dos vidas paralelas

La Academia Colombiana de Jurisprudencia y la Pontificia Universidad Javeriana proporcionaron el marco ideal para rendir homenaje a dos colombianos ilustres por mil títulos: los profesores Jaime Vidal Perdomo y José Ignacio Narváez García, quienes honran a la comunidad jurídica del país y al país en la comunidad jurídica internacional.

Especialista en derecho público, Vidal Perdomo representa una de las más grandes renovaciones que registra nuestra historia en materia jurídica. A partir de su regreso de Francia, impulsó una clara evolución en el derecho que explicó magistralmente en su clásica obra de derecho administrativo. En cada nueva edición su autor se actualiza y, como lo escribió alguna vez él mismo, recoge “las cosas que van saliendo aun cuando esté fresca la tinta que escribió lo que debe ser modificado”.

Desde el ámbito del derecho privado, Narváez significa una profunda vocación jurídica. Hizo de su vida profesional una preocupación permanente por consolidar el derecho comercial como una auténtica expresión de la dinámica del mundo empresarial. Según lo dijo recientemente Tito Livio Caldas, uno de sus más cercanos amigos, Narváez es el jurista “que más estrecha y fecunda vinculación ha tenido con el derecho mercantil colombiano durante el último medio siglo”.

Es curioso: Vidal y Narváez se asemejan en muchas cosas. Son ambos oriundos del Tolima, una tierra fértil –como pocas- en la producción de los más lúcidos hombres de leyes. Admiradores y aventajados discípulos del maestro Darío Echandía, aprendieron de él que el derecho no es un embeleco teórico para diletantes, sino un instrumento cabal para hacer fluir la realidad por entre unas normas que la interpreten y no que la suplanten.

Tuvieron ambos una vida exitosa pero –también como Echandía- quisieron manejarla con la serena grandeza de quienes privilegian la discreción sobre el espectáculo. Vidal fue designado gobernador del Tolima y Narváez dirigió la Universidad de su Departamento. Aquel fue senador de la República y este Superintendente de Sociedades. Vidal inspiró la reforma administrativa de 1968 y Narváez el código de comercio. Aquel fue director jurídico de la Presidencia y este Consejero de Estado.

La Academia de Jurisprudencia le otorgó a Vidal la condición de Académico Honorario y la Universidad Javeriana exaltó a Narváez como el Decano del derecho mercantil en Colombia. Es grato registrar estos sucesos porque rescatan la impronta espiritual de dos ilustres vidas paralelas que, a la manera de los héroes clásicos de Plutarco, pueden formar parte de una “biblia de sabios”.

Y resulta oportuno hacerlo, en medio de tanta frivolidad de los medios de comunicación, cuyo rol fundamental debe ser el de ayudar a construir opinión y a formar ciudadanía, en vez de estimular el talante liviano de una supuesta sociedad postmoderna en la cual es más importante la imagen que el talento. Vidal y Narváez triunfaron en la vida, pero saben bien que, como en el verso de otro tolimense –el poeta Juan Lozano y Lozano- la gloria no es el triunfo: su gloria está en el gesto.