Fugas: la otra cara de la crisis carcelaria

El escape de prisión de alias 'El Desalmado'; así como el de líderes de bandas criminales, son casos representativos de las pocas garantías del sistema penitenciario colombiano para mantener a los delincuentes tras las rejas.

Una de las historias más mediáticas de 2015 tuvo un nuevo capítulo este fin de semana: Cristopher Chávez Cuellar, alias el “Desalmado”, quien asesinara el 4 de febrero a cuatro niños de una misma familia en la vereda El Cóndor, de Florencia (Caquetá), se fugó de la cárcel Las Heliconias y fue recapturado 19 horas después. Este caso se suma a otros similares que suscitan gran preocupación sobre la seguridad que pueden brindar los centros penitenciaros del país para garantizar las condiciones de reclusión de los internos. 

La fuga de alias el “Desalmado” fue, según el general Jorge Luis Ramírez, director del Inpec, “un error humano” en el que “probablemente estuvieron involucrados hombres de la guardia del centro penitenciario”. Varias condiciones permitieron la fuga del hombre: la madrugada del 29 de marzo el pasador de la reja no fue puesto como debería ser; además Chávez había usado un cortafrío para abrir otra parte de la reja, un elemento que no tendría por qué estar en manos de un preso. También se fue la luz en una parte de la cárcel por una tempestad que afectó el fluido eléctrico de la institución. La Fiscalía está realizando la investigación que determinará si hubo participación de los guardias (esa noche estarían unos 20 dragoneantes del Inpec en la cárcel), si lo ayudaron intencionalmente o si las fallas fueron por descuido.

Otro caso, no menos sorprendente, fue la fuga de cuatro miembros del Clan Úsuga en diciembre de 2013. Nini Johana Úsuga David, hermana de alias “Otoniel” máximo jefe del clan; Rafael Uribe Nieto, Walter de Jesús Castrillón Jaramillo y Mercado Peña Bautista lograron salir de la cárcel El Pedregal en Medellín gracias a la falsificación de las boletas de libertad en la que constaba que se les había revocado la medida de aseguramiento. Aunque en menos de un mes fue recapturada Nini Johana, la destitución del director de la cárcel, Manuel Enrique Pinto, fue inminente. 

Los traslados y las visitas a centros médicos son situaciones predilectas para realizar fugas. En agosto de 2013, mientras eran trasladados de Montería a Medellín, cinco presos, entre ellos Óscar Mauricio Galvis Agudelo, alias “Pantera”, presunto jefe de sicarios de la organización criminal los Paisas que delinque en el bajo Cauca antioqueño, lograron fugarse. Cerca de 20 hombres atentaron contra los guardias que custodiaban a los detenidos. Al parecer el objetivo era liberar a Galvis, que cumplía dos años de una condena de siete por concierto para delinquir y que también estaba siendo investigado por su participación en las masacres de El Bagre y en Nechí en Antioquia. Por la fuga de alias “Pantera” fueron removidos temporalmente de sus cargos dos funcionarios de la Subdirección de Seguridad y Vigilancia del Inpec. 

Rubiel Medina Cardona, alias el “Mono Amalfi” se escapó el 30 de abril de 2013 cuando asistía a una cita médica en el barrio Córdoba de Medellín. Ese día lo acompañaban dos guardias del Inpec, pero terminó huyendo cuando un grupo de hombres entró al centro de salud y disparó contra los guardias. Medina fue recapturado 10 meses después en una finca en Virginia (Risaralda).  En septiembre de 2013 también se “voló” Alexander Urrego Guerrero cuando asistía a una cita odontológica donde había sido llevado desde La Picota, donde estaba recluido como presunto integrante de la banda de “apartamenteros”, vinculada con el homicidio del teniente de la Sijín Mario Gamboa en 2011. Urrego fue recapturado en diciembre de 2013. Su defensa argumentaba que su cliente no se había fugado sino que había sido secuestrado, supuestamente, porque tenía información comprometedora con respecto al asesinato del funcionario de la Sijín. 

Entre agosto y diciembre de 2014, se presentaron 350 fugas de personas que estaban recluidas en Unidades de Respuesta Inmediata, URI, en Bogotá. Estos casos fueron atribuidos al hacinamiento que experimentaron estas instituciones durante los meses del paro judicial, que a finales de 2014 tuvieron paralizados los ingresos y salidas de cárceles. En diciembre de ese año, el nivel de hacinamiento llegó a puntos tan elevados que muchos detenidos tuvieron que ser albergados en CAI de la Policía, camiones y hasta parques. La improvisación se reflejó en el número de detenidos que lograron escapar.

A propósito de la fuga del “Desalmado”, el defensor del pueblo, Jorge Armando Otálora, emitió un comunicado en el que expresó que la situación de seguridad en las cárceles es tan crítica que muchos presos que “el día que (muchos presos) quieran escaparse, me temo que la actual infraestructura no lo podría impedir”. Además, fue enfático en que el hacinamiento es en gran medida el responsable de esta situación, considerando que “en la última década la población carcelaria se duplicó, al pasar de 62.000 a 118.000 reclusos, sin que dicho incremento se viera acompañado de un aumento proporcional de los cupos carcelarios ni del personal de guardia”. 

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