Teme por su seguridad y la de su familia

"Fui contratada para hacer trabajos de investigación": hacker Marialicia Pinzón

La “hacker” detrás de la organización dedicada a las interceptaciones ilegales de empresas y personas empezó un supuesto proyecto electrónico contra la delincuencia sin imaginar el alcance que iba a tener.

Marialicia Pinzón Montenegro es considerada la “hacker” de la organización bajo investigación. Archivo particular

El nombre de Marialicia Pinzón Montenegro ha acaparado los titulares de prensa. En muchos se le señala de ser el cerebro detrás de la organización dedicada a interceptaciones ilegales desmantelada hace dos semanas, salpicando a varios exmiembros de la Fuerza Pública, entre ellos el general (r) de la Policía Humberto Guatibonza.

Sin embargo, esta mujer de 41 años, madre cabeza de familia, dice que jamás imaginó que su trabajo servía para fines ilegales o que su labor de investigación en el interior de la empresa de seguridad que la contrató llegara a esferas tan altas como el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, o su esposa. Hoy teme por su vida y la de su familia.

Oriunda del departamento de Nariño, Pinzón Montenegro estudió ingeniería de sistemas y desde la universidad mostró grandes capacidades para el manejo de la seguridad de redes electrónicas. Tanto era su interés en el tema, que, en 2006, empezó a trabajar en un proyecto propio con ayuda de un profesor de la academia.

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Ese trabajo fue bautizado “Fénix”, como el ave que renace de sus cenizas. En un comienzo, este software únicamente estaba diseñado para “infectar” los celulares a través de un programa malicioso que enviaba toda la información que le llegaba a un correo electrónico predeterminado. Pero Marialicia no se conformó y con su conocimiento quiso mejorar su creación.

Con el auge de la aplicación Whatsapp en Colombia, también se impuso el objetivo de entender la forma de rastrear este tipo de mensajes. Para ese entonces, Pinzón ya trabajaba como fuente del Ejército en Nariño y había conocido al coronel (r) Jorge Humberto Salinas y al mayor (r) Luis Quiroga, quienes sabían de sus habilidades. Sobre todo, porque en varias oportunidades colaboró en casos contra la delincuencia común y grupos guerrilleros que incursionaban en el departamento. Con ganas de emprender y al ver que su saber era reconocido en el interior de las Fuerzas Militares, se ingenió la manera de “chuzar” esos mensajes de Whatsapp y ayudar a perseguir a la delincuencia.

De acuerdo con las declaraciones entregadas por Pinzón a la Fiscalía el pasado 4 de agosto, quien se dio cuenta de la existencia de su programa fue el coronel (r) del Ejército Carlos Andrés Pérez, y fue él quien lo dio a conocer a sus demás compañeros. En 2014, Salinas decidió retirarse voluntariamente del Ejército y le propuso a Marialicia Pinzón que se fuera a trabajar con él, en su nuevo proyecto de negocio. “Fui contratada por Salinas y por Quiroga para hacer trabajos de investigación y sobre los cuales me decían siempre que no iba a tener ningún tipo de inconveniente”, aseguró la mujer ante las autoridades judiciales que hoy quieren conocer el alcance de la red de “chuzadas” ilegales.

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Esta contratación se hizo realidad entre los años 2015 y 2016, a través de trabajos relativamente sencillos para Marialicia Pinzón, como acceder al dominio de reconocidas empresas del país o el “monitoreo” de números telefónicos que le eran entregados por los exoficiales Salinas y Quiroga. Esta “dama de las interceptaciones”, como era conocida Marialicia entre algunos militares, según su testimonio no tenía conocimiento de quiénes eran los titulares de los números celulares que ella trabajaba. Por el contrario, recalca, siempre pensó que todos los procedimientos que realizaba eran avalados por las autoridades, porque era lo que le comentaba Salinas para tranquilizarla.

Como cualquier trabajo “común y corriente”, Pinzón recibía un salario de $3 millones mensuales, del que subsistían su hija pequeña y sus dos padres, ya que Marialicia es madre cabeza de familia. Mientras Salinas planeaba la creación de JHS Consultores, ella seguía dándole alas a su proyecto “Fénix”, hasta que, en 2016, consideró que su software ya se ajustaba a los requerimientos de sus superiores. Entre los trabajos que tuvo que hacer para la organización que la contrató, Pinzón adelantó un monitoreo de emails, búsqueda de celdas para la ubicación de personas a través de equipos móviles, rastreo de IPS o descarga de mensajes en redes de Facebook y Whatsapp.

A finales de 2016, Salinas inició su proyecto JSH Consultores, en el que Marialicia Pinzón no podía faltar. “JHS estaba dedicada a la investigación empresarial para detectar hurtos, desfalcos y estafas. Según Salinas, estaba haciendo contactos con empresas y no había problema con los datos, porque eran suministrados por las empresas que lo iban a contratar”, afirmó Marialicia Pinzón durante su interrogatorio. Para esta mujer, no había por qué sospechar que lo que hacía en su día a día era algo ilegal debido a que sus jefes eran miembros retirados del Ejército y a la organización se había unido uno de los policías más reconocidos del país: el general Humberto Guatibonza.

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Algunas veces Pinzón trabajaba en su casa, además porque siempre ha sido muy reservada y no le gusta mezclar su vida laboral con la personal. Sin embargo, prefería que las reuniones con Salinas y Quiroga siempre fueran en un lugar diferente a donde vivía con su hija. Del mismo modo, nunca permitió que los exmilitares la visitaran, según detalló una fuente de la Fiscalía a este diario. Jamás tuvo contacto con clientes ni pretendió hacer relaciones comerciales con ellos. Por el contrario, su mente maestra siempre estaba detrás del computador, rastreando comunicaciones, mientras los otros se dedicaban a los negocios. Según ella, nunca imaginó la magnitud de lo que estaba pasando.

Uno de sus últimos trabajos, supuestamente “muy encargado” por Guatibonza”, fue la interceptación del líder de la disidencia de las Farc en Nariño, conocido con el alias de Guacho. El propósito: dar con su ubicación y ofrecer la información al gobierno ecuatoriano y así abrir negocios con el país vecino. Pero el pez muere por su boca, y fue este ofrecimiento el que hizo caer a la organización, luego de que la inteligencia militar del vecino país los denunció ante las autoridades de Colombia. Aunque Marialicia sabía que trabajaba para el general (r) Guatibonza, nunca lo conoció. Según lo recalcó a la Fiscalía, solo tuvo contacto telefónico con él en dos oportunidades.

“Eran muy específicos en decir que algunas tareas tenían que guardarlas en la carpeta ‘Guatibonza’, porque pertenecían a tareas delegadas por él”, dejó manifiesto la llamada hacker, hoy testigo protegido por la Fiscalía, debido a que el pasado 15 de agosto comenzó su proceso de colaboración. Sin embargo, el trámite se encuentra suspendido, porque se negó a entregar el nombre del segundo hacker de la red que, según fuentes del ente acusador, es un “fantasma”. No se sabe quién es ni su paradero. Existen dos hipótesis: la primera es que puede ser una persona cercana a Pinzón. La segunda, que ella teme por su seguridad y la de su familia si delata a ese otro hacker que habría sido su estrecho colaborador.

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Según Marialicia Pinzón, jamás tuvo la intención de hacer daño. Más bien, perfeccionó su programa para perseguir la delincuencia. Eso manifiesta su abogado defensor. Aunque prevalece la sensación de que fue usada para un negocio con fachada de legalidad, en la que otros se lucraron a costillas de su creación, la verdad se determinará a partir de las pruebas recaudadas.

Entre ellas, la información que ella quiere entregar sobre contraseñas que permitan a los investigadores acceder al sistema “Fénix”. Según Pinzón, ya no tiene acceso al código fuente del programa porque donó ese computador en el que lo hizo a una escuela en Ipiales (Nariño). “No lo guardé porque no quería seguir haciendo esto”, insiste.

En opinión de su abogado y su entorno social y familiar, Marialicia Pinzón solo quiere enterrar lo que pasó y empezar de nuevo. Solo pide que se le respeten sus garantías procesales y exige a la Fiscalía que les brinde seguridad a ella y a sus seres queridos, ya que hoy tiene claro que con el trabajo que realizó tuvo acceso a la intimidad de más de un empresario o político poderoso de Colombia, y ese conocimiento podría al final hacerle daño. Aunque no pareciera, asegura su abogado, Marialicia Pinzón Montenegro terminó siendo una víctima más de este escándalo judicial, por cuenta de su hazaña de crear un software capaz de interceptar cualquier dispositivo.