General (r) Arias sí es culpable

El Tribunal Superior de Bogotá advirtió que sólo se probaron cinco de las once desapariciones.

El general (r) Jesús Armando Arias Cabrales. / Archivo

El fallo de segunda instancia en el caso contra el general (r) Jesús Armando Arias Cabrales, por la desaparición de once personas en la retoma del Palacio de Justicia, es la ratificación de la serie de violaciones que se cometieron el 6 y el 7 de noviembre de 1985. Aunque en el fallo se precisó que sólo se pudo probar la desaparición de cinco personas (ver recuadros), se estableció que el excomandante de la Brigada XIII del Ejército para esa época no cumplió con su deber constitucional y, por el contrario, no impidió “el resultado de secuestro o de desaparición forzada de ciudadanos rebeldes o sospechosos de rebelión retenidos en el combate”.

“No hay duda de que el administrador de la cafetería del Palacio, Carlos Augusto Rodríguez; el mesero Bernardo Beltrán, la empleada Luz Mary Portela León, el chef David Suspes Celis y la guerrillera Irma Franco Pineda salieron vivos del Palacio bajo control del Ejército y están desaparecidos forzadamente. Y hay duda sobre el modo como perdieron la vida Cristina Guarín, Héctor Jaime Beltrán, Gloria Stella Lizarazo, Lucy Amparo Oviedo, Norma Constanza Esguerra y Gloria Anzola de Lanao”, manifestó el Tribunal frente a la desaparición de esas once personas.

Para llegar a esta conclusión, los magistrados hicieron un análisis de los videos y la forma en que se hizo el proceso de reconocimiento. Se basaron en estudios de la teoría del color, en las tipologías de humanos que establece la morfología, en la capacidad de la memoria y en las facultades de una persona para identificar a otra. En la extensa sentencia, el Tribunal de Bogotá reprochó las decisiones que tomó el oficial (r) durante la retoma del Palacio de Justicia y aseguró: “El general Arias Cabrales no solo tenía el deber de aplicar las leyes de la guerra sino el de dar un ejemplo de vida y honor a las tropas, pero decidió empañar el triunfo legítimo de las instituciones con una conducta reprobable”.

El general (r) Arias Cabrales —quien llegó a ser comandante del Ejército— asumió como comandante del operativo de la retoma. Desde la Brigada XIII había dado instrucciones a sus hombres para que adelantaran el Plan Tricolor, en esa época la estrategia para evitar que un comando guerrillero se tomara Bogotá. Fue entonces que dispuso que un grupo se instalara en la Casa del Florero para que interrogara a los sobrevivientes del Palacio y no se les fuera a escapar un guerrillero. En esa labor estuvo presente el coronel (r) Alfonso Plazas Vega, quien también está condenado por estos hechos a 30 años de cárcel.

En medio del operativo, el general (r) Arias Cabrales siempre sostuvo comunicaciones con sus subalternos. Él era identificado como Arcano 6, mientras que el coronel Luis Carlos Sadovnik —subcomandante de la Brigada XIII— era Arcano 5 y el coronel Edilberto Sánchez Rubiano era Arcano 2. Para los magistrados, estas conversaciones son la prueba fehaciente de la desaparición de Irma Franco. “Quedó establecido que el acusado fue comandante efectivo de la operación militar de recuperación del Palacio y que en medio de ella no reaccionó ante la reiteración de las “instrucciones complementarias terminantes” sobre los individuos sospechosos de ser guerrilleros, concretadas en la expresión de que “si está la manga, que no aparezca el chaleco”, dijo el Tribunal.

“¿Quiénes ‘esperamos’? Sus superiores. ¿Cuáles superiores? El comandante de Brigada (Arias Cabrales) y el segundo comandante de Brigada (Sadovnik), jefe de estado mayor, por lo menos. ¿Qué esperamos? Que cumpla las ‘instrucciones complementarias terminantes’ para esta clase de individuos. ¿Qué clase de instrucciones? Las que desarrollan la política de destrucción del enemigo. ¿Cómo se destruye a los enemigos? Legalmente: ponerlos en condiciones de derrota. Ilegalmente: ‘Que si está la manga, no aparezca el chaleco’. Que si aparece una parte de ellos, no aparezcan ellos. Desaparecerlos”, fue la explicación de los magistrados sobre las frases que utilizaron los militares.

Finalmente, el Tribunal de Bogotá evidenció que “el general (r) Arias Cabrales, personalmente, encontró guerrilleros vivos, moribundos, ‘muertos prácticamente ya’, los que después aparecieron muertos”. Es más, en una conversación se le escucha decir: “Nosotros encontramos cuatro… ya moribundos y Violeta que estaba también allí disparando un revólver, esos… esos están muertos prácticamente ya, cambio”. Haciendo referencia a la guerrillera Carmen Cristina Reyes Garzón, quien recientemente fue identificada como una de las N.N. enterradas en el Cementerio del Sur.

“Los generales y coroneles sabían, y estaban obligados a saber, que la política de destrucción requería instrucciones diferentes a la desaparición forzada; requería que los subalternos supieran que no era lícito exterminar, eliminar, suprimir, limpiar, fumigar o desaparecer al enemigo”, concluyó el Tribunal de Bogotá.

Los desaparecidos que fueron reconocidos por el Tribunal Superior de Bogotá:

Carlos Augusto Rodríguez Vera

Para el tribunal, está claro que Carlos Rodríguez, administrador de la cafetería del Palacio, salió con vida de los hechos ocurridos el 6 y el 7 de noviembre de 1985. Así lo demuestra la correspondencia entre el video grabado cuando los rehenes abandonaron el lugar y una fotografía tomada días antes de los sucesos: “Los rasgos faciales que se alcanzan a percibir, como color de la piel, línea de inserción del cabello, proporción de la frente, mejillas y mentón, no dejan lugar a la duda de que se trata de la misma persona”. Además, su bigote también permitió identificarlo.

Bernardo Beltrán Hernández

Se validó la desaparición de Bernardo Beltrán, mesero de la cafetería, luego de que su imagen fuera reconocida por su hermana Sandra y por Cecilia Cabrera, su jefa, en la grabación tomada cuando los sobrevivientes dejaron el Palacio. Además, la corporación comparó este video con dos fotografías, una formal en la que aparece en primer plano y otra en un momento de esparcimiento con su familia, y concluyó que las “características faciales ofrecen enormes similitudes”, como “sus cejas pobladas rectas, muy marcadas, y su cabello oscuro”.

Luz Mary Portela

La herida que Luz Mary Portela, empleada de la cocina, tenía en uno de los brazos fue clave para su reconocimiento como una de las desaparecidas, pues cuatro personas recuerdan haberla visto. Además, coincidieron en que era una joven de baja estatura que llevaba puesta una especie de camisa color amarillo quemado. La periodista Julia Navarrete sostuvo en sus testimonios que la mujer herida llevaba un delantal de ese color, propio de los que trabajaban en la cocina. La mamá de Luz Mary, Rosalbina León, confirmó que el uniforme de su hija era, precisamente, de un tono habano. Por esto, el Tribunal concluyó que “fue Luz Mary a quien vieron en la fila de rescatados saliendo viva, herida en un brazo y con delantal de servicio de la cafetería, el 6 de noviembre hacia las dos de la tarde, bajo control del Ejército, y de quien desde entonces no se tiene noticia.

David Suspes Celis

En el video que el Tribunal tuvo como parámetro para tomar su decisión, David Suspes, chef de la cafetería, sale “con las manos arriba presionado con fusil por un soldado”, mientras camina fuera del Palacio de Justicia. Además, la cinta “continuamente muestra los dos perfiles, porque parece estar discutiendo con sus guardianes”. Una situación que le permitió a la corporación tener más elementos para corroborar su identidad con fotografías aportadas antes de los funestos hechos. “Se observa la forma redondeada de la cabeza, la cantidad de cabello parece menor que la de la foto, la nariz y las mejillas también redondeadas, la tez blanca. Efectivamente vestía con elegancia ese día y además en todo ese trayecto camina con distinción”, como lo había descrito en su testimonio Cecilia Cabrera, la coadministradora de la cafetería.

Irma Franco Pineda

En la sentencia se reconoció que en ningún momento se puso en duda que Irma Franco, guerrillera del M-19, salió viva del holocausto. Esta circunstancia fue reconocida por seis testigos, la defensa de Arias Cabrales, la Fiscalía y la sentencia de primera instancia. Entonces, lo que el Tribunal corroboró fue que Franco no abandonó la escena y huyó, como lo sugirió el defensor del general (r), sino que fue llevada a la Casa del Florero y desapareció bajo la custodia de los militares. Además, se añadieron unos apartes de las comunicaciones radiales de la cúpula militar en el operativo, en las que se escucha que luego de identificar a Irma se da la orden de “que si está la manga no aparezca el chaleco, lo que traduce homólogamente, que el destino final es que si está algo de ella, no aparezca ella. Es decir, que se la oculte, que se la secuestre, que se la desaparezca”.

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2014-10-28T23:06:53-05:00

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Redacción Judicial

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