El narco murió en un operativo militar el 15 de diciembre de 1989

Gonzalo Rodríguez Gacha, el brazo armado del cartel de Medellín

Se cumplieron 30 años de la muerte del narcotraficante en un operativo policial. El nacido en Pacho (Cundinamarca) es señalado como uno de los responsables del magnicidio de Luis Carlos Galán y los atentados dinamiteros a El Espectador, Vanguardia Liberal y el DAS.

Alias el Mexicano murió hace treinta años en un operativo policial. / Cristian Garavito / El Espectador

El año de 1989 cerraba con un balance bastante negativo para el país: la masacre de La Rochela, los asesinatos de José Antequera Guzmán, el coronel Valdemar Franklin, Luis Carlos Galán, entre otros; los bombazos a El Espectador, Vanguardia Liberal y el DAS; y la explosión del avión de Avianca. El Estado, en cabeza de Virgilio Barco, lideraba una guerra contra Pablo Escobar y sus hombres en el que la mayoría de los muertos los había puesto el pueblo colombiano. En esa atmósfera, el 15 de diciembre, a dos semanas de por fin finalizar el trágico año, se dio el primer gran resultado del gobierno en contra del cartel de Medellín: Gonzalo Rodríguez Gacha (también conocido como El Mexicano) resultó muerto en un operativo de la Policía.

Rodríguez Gacha, considerado el segundo en el Cartel de Medellín tras Pablo Escobar, fue traicionado por un infiltrado del cartel de Cali, Jorge Enrique Velásquez, más conocido como El Navegante. Este les dijo a las autoridades que el capo estaba con su hijo y otros hombres en el sector de Bocagrande en Cartagena. Hombres del cuerpo élite se desplazaron a la zona, pero infiltrados del narco dieron aviso a él y a séquito, que salieron en una lancha rápida hacia Coveñas. Luego del escape, El Navegante reveló que Rodríguez Gacha se escondía en la finca El Tesoro, en Tolú. En esa ocasión, los dos helicópteros con que llegó la fuerza pública fueron los que alertaron al narcotraficante, quien huyó con su hijo en un camión por las vías sucreñas.

La persecución policial llevó a Gacha a abandonar en la carretera a su hijo y sus escoltas, muertos en enfrentamientos con las autoridades, e internarse en un platanal, seguido por un helicóptero de la Fuerza Pública. Los uniformados al interior de la aeronave abrieron fuego en contra del capo hasta que le dieron en un pie. Luego, un nuevo disparo le impactó en la cabeza, causándole la muerte inmediata, o por lo menos así quedó registrado en la versión oficial. Sin embargo, dijo El Navegante a W Radio en febrero de 2018, que habría estado en uno de los helicópteros de la persecución, el narco, al verse acorralado, se disparó en la cabeza. Sea cual sea la razón de la muerte, Gonzalo Rodríguez Gacha y su hijo fallecieron al mediodía del 15 de diciembre de 1989.

La muerte de Rodríguez Gacha fue el salvavidas del gobierno Barco, que de esta manera cerraba su annus horribilis. “Es el mejor regalo de navidad para todos los colombianos”, fueron las declaraciones dadas por Miguel Maza Márquez, director del DAS de la época, frente a la muerte del narcotraficante que llegó a ser considerado uno de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes. Una actitud muy similar tuvo Virgilio Barco: “El jefe de Estado recibió el parte con alguna satisfacción porque precisamente él había estado reiterando e insistiendo sobre la necesidad de que hubiera una acción positiva de esta magnitud en el país”, dijo el entonces subdirector de la Policía Nacional, Carlos Casadiego, y así lo registró El Espectador el 16 de diciembre de 1989.

Y es que Rodríguez Gacha era identificado como el “ministro de guerra” de Pablo Escobar, debido a que fue responsable de varias de las acciones más violentas perpetradas a nombre del cartel de Medellín. Entre estos actos figuran el homicidio de Guillermo Cano, el magnicidio de Luis Carlos Galán y varios atentados dinamiteros, como el de El Espectador y el DAS. Todos ellos fueron financiados por Rodríguez Gacha y contaron con participación de sus hombres. Asimismo, el narco, nacido en mayo de 1947 en Pacho (Cundinamarca), fue el principal nexo entre el cartel de Medellín y el naciente paramilitarismo del Magdalena Medio. El capo, que gustaba de la cultura mexicana –de ahí su apodo-, fue uno de los grandes impulsores de las autodefensas en los años 80.

La literatura sobre el narcotráfico cuenta que Gonzalo Rodríguez Gacha comenzó muy temprano en el mundo delincuencial. Después de abandonar el colegio en octavo grado y de ser un rebuscador en las calles de San Victorino, centro de Bogotá, entró en el mundo de las esmeraldas de Muzo, Boyacá. Al poco tiempo, se convirtió en la mano derecha Gilberto Molina, el zar de las esmeraldas. Con revólver en mano, se impusieron en la convulsa zona esmeraldifera. Al tiempo, Rodríguez Gacha fue incursionando en el mundo del narcotráfico: primero marihuana y después cocaína. Fue allí que se independizó y tuvo contacto con Pablo Escobar y otros narcos que operaban en Antioquia. Con ellos se unió en 1976 y nació el cartel de Medellín.

Funcionarios de ese tiempo como Miguel Maza Márquez, quien ejercía como director del DAS, han afirmado que quizá El Mexicano era aún más importante que Escobar, por haber aglutinado un mayor poder militar, más propiedades y dinero, un hecho difícil de comprobar. Eso sí, famosas fueron las propiedades del narcotraficante, siempre con nombres relacionados a la cultura mexicana: Cuernavaca, Mazatlán, Jalisco, Santa Rosa, Quinta La Chihuahua y Rancho Hermosillo. Los recursos obtenidos por el narcotráfico también le permitieron al Mexicano hacerse a acciones del Club deportivo Los Millonarios, uno de los equipos de fútbol más exitosos de ese momento, que tuvo a nombre propio y de terceros hasta que murió.

El Mexicano y el paramilitarismo

En 1981, Rodríguez Gacha fue uno de los narcos que, tras el secuestro de Marta Nieves Ochoa, aportó para fundar Muerte A Secuestradores (MAS), un grupo paramilitar que se enfrentó al M-19 con el autoproclamado propósito de evitar los secuestros de los narcotraficantes y sus familias. Sin embargo, el verdadero apoyo de El Mexicano a los grupos paramilitares, y que lo llevó a ser el brazo militar del cartel de Medellín durante la guerra contra el Estado, se dio a mediados de los años 80, cuando financió a las Autodefensas del Magdalena Medio. El vínculo entre Rodríguez Gacha y Henry Pérez se dio en respuesta a la supuesta traición cometida por las Farc en contra del narco cundinamarqués.

La guerrilla le brindaba protección a los cultivos y hombres que Gonzalo Rodríguez Gacha tenía en los llanos del Yarí, en Caquetá, a cambio de el gramaje, impuesto cobrado por cantidad de coca exportada. Sin embargo, en 1983, las Farc, tras una fallida negociación entre Jacobo Arenas y el narco, atacaron uno de los laboratorios de El Mexicano y secuestraron a 18 de sus empleados. Aunque los hombres fueron rescatados por el Ejército, esta fue la semilla que llevó a Rodríguez Gacha a financiar a los grupos paramilitares e impulsar el extermino de todo lo que oliera a izquierda. Rodríguez Gacha fue uno de los grandes patrocinadores del exterminio de la UP, más de 800 miembros fueron asesinados entre ellos Jorge Pardo Leal, asesinado el 11 de octubre de 1987.

En su guerra contra la guerrilla, El Mexicano financió llegada de mercenarios ingleses e israelíes al país para entrenar a las incipientes tropas paramilitares. Con fuerzas más especializadas, estos grupos de autodefensas fueron autores de masacres en Urabá, Córdoba y en el Magdalena Medio. De igual manera, los hombres de Gonzalo Rodríguez fueron el principal brazo armado del cartel de Medellín en el interior del país. Estos participaron en los crímenes del ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla (30 de abril de 1984), el juez Tulio Manuel Castro Gil (23 de julio de 1985), el coronel Jaime Ramírez Gómez (17 de noviembre de 1986), el precandidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento (18 de agosto de 1989), entre otros.

En el magnicidio de Luis Carlos Galán, El Mexicano participó de la cumbre, con Pablo Escobar y Henry de Jesús Pérez, en la que se puso precio a la cabeza del fundador del Nuevo Liberalismo. Además, contó a la justicia el exjefe paramilitar del Magdalena Medio Ernesto Báez, Rodríguez Gacha fue una de las personas que más presionó para que las autodefensas del Magdalena Medio se hicieron cargo de la operación y aportó una alta suma de dinero. También, el narco fue el enlace con un oficial de las Fuerzas Militares para que los sicarios participes del crimen en la plaza central de Soacha contaran con carnés del B-2 del Ejército, para así garantizar su escape de la escena del crimen, y dispuso que uno de sus hombres, Jaime Rueda Rocha, fuera el encargado de disparar contra Galán.

Además del homicidio del candidato liberal, Gonzalo Rodríguez Gacha fue responsable de una gran parte de la oleada de crímenes del año 1989. Ese año comenzó con la masacre de Sasaima (Cundinamarca), lugartenientes de El Mexicano mataron a Gilberto Molina, su primer benefactor, y a 14 personas más. Esto con el fin de quedarse con el dominio del negocio del narcotráfico. De ese atentado se salvó el paramilitar Ángel Gaitán Mahecha, que luego volvería ser blanco de nuevo ataque por parte de Rodríguez Gacha. El 5 de julio de 1989, hombres del Ejército pagados por El Mexicano entraron al edificio Altos del Portal para matar a Gaitán Mahecha, pero este se salvó al ocultarse en un baño y luego salir gritando por una ventana pidiendo ayuda.

Además de su lucha personal en contra de las personas relacionadas con el mundo esmeraldero, Gonzalo Rodríguez Gacha fue clave en los atentados dinamiteros que aterrorizaron al país a finales de la década de los 80. El Mexicano participó en la planeación y ejecución de las bombas en contra de El Espectador, Vanguardia Liberal y el DAS. Precisamente este último atentado fue el que lo puso como principal objetivo de las autoridades, se llegó a ofrecer cerca de $500 millones de pesos por información que condujera a su captura o muerte. No pasó más de dos semanas para que la presión la Fuerza Pública diera resultado: Gonzalo Rodríguez Gacha caía por las balas de la Policía 10 días después de ejecutado el atentado contra el DAS.

Al morir, en Pacho, su pueblo natal, la población salió a enterrarlo en un multitudinario sepelio. El narco se había ganado sus corazones con altas sumas de dinero. La fortuna dejada por Gonzalo Rodríguez Gacha llevó a guaqueros a asaltar sus propiedades en busca de las canecas de dólares y lingotes de oro que supuestamente ocultaba en sus fincas. Además, los cientos propiedades que dejó le generaron un gran dolor de cabeza al Estado que, a la fecha, todavía no ha tenido solución. Varios de los predios de los que eran dueños aún hoy siguen en pleitos judiciales o en procesos de extinción de dominio.

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Juan Sebastián Lombo / @JuanLombo

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