Cobra impuestos a narcos y tiene laboratorios

"Guacho", el disidente de 25 años que tiene en jaque a Colombia y Ecuador

Aunque hay orden para capturarlo desde hace un año, este disidente de 25 años tiene en jaque a Colombia y a Ecuador. En Tumaco, la población civil denuncia atropellos derivados de los operativos para dar con él.

Tumaco es considerado zona de operaciones de "Guacho".Archivo El Espectador.

En abril de 2017 se reunieron en la Casa de Nariño el presidente Juan Manuel Santos; el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, y el fiscal general, Néstor Humberto Martínez. El tema a tratar era de vital importancia: las amenazas que empezaban a surgir tras la firma del Acuerdo de Paz, lo cual había ocurrido cinco meses atrás. Los exguerrilleros de las Farc se concentraban en ese momento en las Zonas Veredales de Normalización y Transición, y aunque por una parte se celebraba que las Farc habían dejado la guerra y lentamente se unían a la vida civil y democrática, por otra, las regiones donde ya no estaban empezaban a ser copadas por otros actores armados. Lo sabían la Fuerza Pública, la Fiscalía y la Presidencia. (Lea también: Guacho: ¿Cómo funciona el Frente Óliver Sinisterra?)

Un nombre fue mencionado una y otra vez por el fiscal: Wálter Patricio Arizala, alias Guacho. Para ese momento le atribuían por lo menos 22 asesinatos cometidos en menos de un año y era identificado como jefe de milicias entre Tumaco y Ricaurte (Nariño). Su área de operación era entonces la misma que sigue siendo hoy: Llorente, un corregimiento de Tumaco que es fundamental para el negocio del narcotráfico que se mueve por esta zona del país. Tumaco se estaba llenando de bandas interesadas en apoderarse del control de los cultivos de uso ilícito y de los laboratorios para procesar coca que allí abundan; y aunque a Guacho apenas lo acompañaban no más de 10 hombres, la Fiscalía veía ya la amenaza latente y ordenó su captura.

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Un año más tarde, a Guacho lo acompañan más de 400 hombres fuertemente armados, de los cuales casi 140 conforman su esquema de seguridad. Tiene sólo 25 años, pero su conocimiento de la guerra, del narcotráfico y del suroccidente del país le ha dado la confianza para desafiar abiertamente a Colombia y a Ecuador. El secuestro de un equipo del diario ecuatoriano El Comercio, el cual fue ejecutado en cautiverio, quedó como prueba de su poderío de la zona fronteriza: Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra fueron plagiados en Ecuador y asesinados en territorio colombiano. Y mientras ambos países lanzaron una fuerte ofensiva militar para encontrarlo, Guacho se dio el lujo de volver a secuestrar a dos ecuatorianos.

Las autoridades colombianas le confirmaron a este diario un dato determinante: Guacho está forjando una alianza con Miguel Botache, alias Gentil Duarte, uno de los exlíderes del bloque Oriental que, aunque llegó hasta a participar en los diálogos de La Habana, terminó dándole la espalda al proceso de paz y escapándose con hombres bajo su mando y más de US$1 millón. Guacho y Gentil Duarte son las caras de las disidencias de las Farc, y aunque Guacho y su gente insisten en que su interés en rearmarse tiene que ver con los incumplimientos del Gobierno frente al Acuerdo Final, el panorama de narcotráfico en Tumaco demuestra que sus intereses van ligados también a propósitos mucho menos filantrópicos.

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Desde 2002, señalan las Naciones Unidas -que monitorean los cultivos de uso ilícito en el país año a año-, Tumaco está en la lista de los 10 municipios con mayor cantidad de hectáreas de hoja de coca en Colombia. Desde 2015, sin embargo, tiempo en que las Farc iban encaminadas a la desmovilización, la situación se ha tornado aún más crítica en Nariño. Ese año se calcularon unas 29.000 hectáreas de hoja de coca en el municipio nariñense y, al siguiente, 42.000. Un aumento del 43 % en 365 días. En Tumaco se concentra la mayor cantidad de hectáreas sembradas y, en su último reporte del tema, Naciones Unidas advirtió que Llorente seguía consolidándose como núcleo de coca. Es en Llorente donde Guacho es amo y señor.

En 2016, año del cual se tiene información del último monitoreo de plantaciones de coca, Naciones Unidas advirtió que Llorente seguía consolidándose como un núcleo de coca. Es tan importante Tumaco para el negocio del narcotráfico, que el 16 % de todos los cultivos de uso ilícito del país se encuentran en ese territorio, crecimiento que se entiende mejor ahora que la Fiscalía dejó saber que Guacho es una ficha más del cartel del Sinaloa. Investigadores tras la pista de este disidente guerrillero han encontrado otros datos igual de preocupantes: por ejemplo, que Guacho no le están llegando armas sólo de Ecuador, sino también desde Centroamérica.

Este exguerrillero, estiman fuentes de la Fiscalía, tiene el control de una trocha de 90 kilómetros entre Tumaco y Ricaurte, clave para el dominio que ejerce porque es la ruta principal para sacar la droga por el Pacífico. Recibe más de $4.000 millones al año sólo por los impuestos que cobra a los grupos ilegales que tienen en Tumaco sus plantaciones o sus laboratorios. Y, además, ya tiene sus propios laboratorios, como reveló este diario hace unos días. Con ellos logra producir más de 10 toneladas de coca al mes. Guacho también ha logrado que el kilo de pasta de coca haya pasado de venderse en $1’400.000 a $1’800.000. “Por eso los campesinos allí no permiten la restitución de cultivos y lo protegen”, le dijo un investigador a este diario.

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En la región, sin embargo, perciben el asunto de otra manera, especialmente ahora que hay unos 12.000 militares colombianos y 10.000 ecuatorianos para perseguir a Guacho en la frontera. “Nosotros estamos igual de conmocionados que el resto del país con lo que está pasando. La gente está en sus casas sin poder salir, todos los días hay capturas, hay una situación de descontrol en el territorio que no se vivía hacía mucho tiempo”, le dijo a El Espectador Diana Mantilla, líder de Asominuma (Asociación de Juntas de Acción Comunal de los ríos Nulpe y Mataje). “Nosotros empezamos a advertir esta situación desde que las Farc abandonaron formalmente el territorio”.

Mantilla resalta que, en octubre pasado, cuando seis cultivadores de coca resultaron acribillados durante una protesta al parecer por la Policía, el vicepresidente Óscar Naranjo viajó a Tumaco y se pactaron unos compromisos que, hasta la fecha, no se han honrado. Y que, en cambio, el Gobierno insiste en la erradicación forzada, dejando a los campesinos a su suerte. La persecución a Guacho, señala ella, ha empeorado todo. “Por temor no hemos querido denunciar lo que está pasando en el territorio, es que ya no sabemos a qué mecanismos recurrir. Ha habido percances hasta con el Ejército ecuatoriano. Las consecuencias siempre las paga la población civil”.

El panorama para Tumaco y para el país se avizora complejo. En este departamento hay presencia hoy de la gente de Guacho -que se autodenominó frente Óliver Sinisterra-, del Eln, del clan del Golfo, carteles internacionales que fomentan el aumento de las plantaciones de coca, y el Estado, como ha sido tradicionalmente, brilla por su ausencia o sólo aparece para luchar con las armas una dramática condición social que va mucho más allá del problema del narcotráfico.