Guerra verde: un conflicto sin fin

Desde la década de los 60, en el occidente de Boyacá se libra una disputa por el control del negocio de las esmeraldas. Aunque se firmó una paz en 1990, los atentados entre la familias tradicionales no cesan.

Pedro Nel Rincón, alias ‘Pedro Orejas’.  / Archivo El histórico esmeraldero, Luis Murcia, el ‘Pekinés’.  / El Tiempo
Pedro Nel Rincón, alias ‘Pedro Orejas’. / Archivo El histórico esmeraldero, Luis Murcia, el ‘Pekinés’. / El Tiempo

El asesinato de uno de los históricos esmeralderos del occidente de Boyacá, Luis Eduardo Murcia Chaparro, alias Pekinés, en una finca en Arbeláez (Cundinamarca), revivió el fantasma que ha perseguido a la zona durante los últimos 50 años. Siete disparos segaron la vida de un hombre que sobrevivió a las peores matanzas que se produjeron durante las denominadas guerras verdes. En medio de los señalamientos que han hecho familias tradicionales en el negocio esmeraldífero por romper un paz pactada en 1990, el nombre de Pedro Nel Rincón, alias Pedro Orejas, salió a flote.

El 9 de noviembre del año pasado, Rincón, el hombre que se autoproclamó como zar de las esmeraldas tras la muerte de Víctor Carranza —ocurrida el 4 de abril de 2013—, fue víctima de un atentado que le quitó la vida a su hijo. Rincón culpó a dos familias: los Murcia (Luis y Óscar) y los Cañón (Pedro y Maximiliano). Y es que el hijo de Pedro Orejas murió dos meses después del cruento atentado con una granada en el municipio de Pauna (Boyacá). Pero lo más curioso del caso es que los clanes Rincón y Murcia empezaron siendo aliados.

Hace 60 años, cuando el negocio de las esmeraldas comenzó su auge, el bandolero de pura cepa Efraín González llegó, junto a su hermano Valentín, a las minas que se explotaban a cielo abierto. Con la ley del revólver comenzó su mandato y fue el primer capo de capos. Sin embargo, tras su violenta muerte a manos del Ejército en Bogotá, el imperio fue heredado por Humberto el Ganso Ariza, un hombre que se hizo su lugar a sangre y fuego. El negocio empezó a crecer y alcanzó el corazón del centro de Bogotá, en la carrera Séptima con avenida Jiménez, donde aún se comercializan estas gemas.

Ya en la década de los 70, el Ganso Ariza fue capturado y su juicio era el tema central de la opinión pública. Meses después salió libre y en una solitaria calle de Bogotá murió bajo su ley: asesinado. Para esa época el gobierno de Misael Pastrana luchó para arrebatarles el negocio a las mafias y por medio de concesiones mineras legalizó la explotación esmeraldífera. En ese punto ya existía un nuevo zar en el negocio: Gilberto Molina, quien llegó acompañado de Víctor Carranza y un joven mesero, Gonzalo Rodríguez Gacha, quien luego se convertiría en el temido capo alias el Mexicano y en su principal enemigo.

Mientras Molina y Carranza intentaron mantener el negocio alejado del narcotráfico, el Mexicano irrumpió a bala en la zona, no sólo para apoderarse de las esmeraldas, sino de las rutas que le facilitaban la exportación de cocaína. Cuando Molina se negó, Gacha llegó hasta una de sus propiedades en Sasaima (Cundinamarca) y asesinó al zar junto a otras 19 personas, el 27 de febrero de 1989. Para esa época se escuchaba el nombre de José Ruperto Córdoba Mariño, alias el Colmillo —supuestamente Pedro Orejas y Luis Murcia estuvieron en su bando—.

El 16 de diciembre de 1989, Boyacá sintió algo de paz tras la muerte del Mexicano. Inmediatamente la iglesia y el nuevo zar, Víctor Carranza, reunieron a los esmeralderos para firmar un tratado de paz. El pacto se selló el 12 de julio de 1990. Para esa época el Pekinés estaba en contra de Carranza. Sin embargo, al entregarle unas acciones de la mina en Muzo, Murcia se convirtió en uno de sus más fieles hombres. Por su lado, Pedro Orejas empezó a construir su imperio con la mina La Pita. Mientras Carranza pregonaba que ni el narcotráfico ni los paramilitares ingresarían a sus redes, a mediados de 2001 llegó a la región Yesid Nieto.

El excomandante paramilitar Freddy Rendón Herrera, alias el Alemán, señaló que Nieto era uno de los emisarios de las autodefensas y que logró hacerse campo en Boyacá. Al parecer, todo lo logró de la mano de Pedro Orejas. El nuevo capo se desapareció del mapa en 2006, después de tener un altercado con Carranza, quien lo culpó de haber ensuciado el negocio de las esmeraldas. Nieto fue asesinado en Guatemala el 17 de octubre de 2007. Por su parte, Pedro Orejas también negó cualquier vínculo con Nieto.

Sin embargo, las tensiones en la zona comenzaron a ser más evidentes, ya que Carranza deshizo un negocio de explotación en la mina El Consorcio con Rincón porque supuestamente este último sobrepasó los límites pactados y además, su nexo con Nieto incomodaba al zar de las esmeraldas. Fue entonces que empezaron a suceder una serie de atentados —dos contra Carranza— de un bando a otro, que terminaron por resquebrajar la paz que reinaba en Boyacá. El punto más álgido de la nueva confrontación entre las familias que monopolizaban el negocio de las esmeraldas sucedió en octubre de 2012, cuando el socio principal de Carranza, Jesús Hernando Sánchez, recibió 11 disparos en plena Zona Rosa de Bogotá. Sobrevivió, pero perdió un ojo y un riñón.

Continuaron unas seguidilla de retaliaciones de un lado a otro y fue cuando asesinaron el 15 de enero de 2013 a Víctor Armando Ramírez, abogado de Pedro Orejas y exdirector del CTI en Boyacá. Por estos hechos arrestaron a Óscar Murcia (ver balcón). Tres meses después llegó la muerte súbita de Víctor Carranza. Pedro Orejas se autodenominó el nuevo zar de las esmeraldas. Pero todo se puso color negro tras el atentado a la familia Rincón. No sólo los Murcia y los Cañón desmintieron las acusaciones, sino que manifestaron que sus vidas corrían peligro por las supuestas amenazas de Pedro Orejas.

En medio de los señalamientos, Rincón fue capturado el 20 de noviembre del año pasado por el delito de porte, tráfico y fabricación de armas, ya que en 2010 las autoridades hallaron una caleta —que al parecer pertenecía a Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo— de armas en uno de sus predios. Sin embargo, la esposa de Pedro Orejas, Mercedes Salazar, denunció que los Murcia se habían aliado con los Urabeños para asesinar a su familia. Los misterios no cesaron y en cambio se sumó uno nuevo: la muerte, el pasado jueves 11, del Pekinés, el mítico esmeraldero y único sobreviviente de las primeras cruzadas de la guerra verde.

Mientras los pobladores temen el retorno de la oleada de violencia por el oro verde, el secretario general de la Gobernación de Boyacá, Fabio Bustos, y el obispo de Chiquinquirá, monseñor Luis Felipe Sánchez, aseguraron que es imposible pensar en tal hipótesis, ya que para ellos las esmeraldas dejaron de ser la principal fuente de ingreso de los habitantes del departamento. Pero no se puede olvidar que esta región del occidente boyacense es codiciada por su posición geoestratégica para las rutas del tráfico de drogas y armas. La duda reina, mientras el próximo lunes se realizará un consejo de seguridad para evaluar la situación.

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2014-09-13T21:54:35-05:00

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Redacción Judicial

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