'Hay que abrir camino a la paz'

El magistrado Luis Gabriel Miranda sostuvo que la paz debe hacerse “a la colombiana” y que es un convencido de las negociaciones.

El nuevo presidente de la Corte Suprema, Luis Gabriel Miranda Buelvas. / David Campuzano

El nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Luis Gabriel Miranda Buelvas, es un convencido de la paz. Ayapel (Córdoba), su tierra natal, ha sufrido con la violencia guerrillera, la paramilitar y, ahora, la de las bandas criminales, por eso cree que es necesario abrir caminos al proceso de paz para que el futuro sea distinto. En entrevista con este diario, Miranda se refirió también a la anunciada reforma a la justicia y a los escándalos que han salpicado a la Rama Judicial.

¿Cómo ve el proceso de paz?

Creo que la justicia lo ha apoyado de manera irrestricta porque, además, es un deseo de todos los colombianos. He dicho que pretender unanimidad en un punto tan sensible como la paz es muy difícil. Entonces es natural que se presenten opiniones contradictorias, que, creo, ayudan a enriquecer el debate.

¿Hasta qué punto puede uno tragarse el sapo de la impunidad por conseguir la paz?

Esa es una pregunta que me abstengo de responder porque, digamos, somos ajenos a las negociaciones. De todas maneras, ya lo he dicho, algunas de las soluciones a los problemas tienen que ser a la colombiana, tenemos que adoptarlas nosotros mismos para responder a esos momentos que se vienen. Y que, en ese contexto, esas soluciones que eventualmente tengamos que tomar sean viables, valederas. Eso pienso. Creo que deberíamos trabajar por el perdón y, en últimas, tratar de buscar la participación, en la medida de lo posible, de las víctimas. Debemos tener una actitud abierta y de tolerancia frente al proceso de paz.

¿A qué se refiere cuando dice que esto tenemos que resolverlo a la colombiana?

Que sólo nosotros podemos dar los elementos para consolidar la paz entre nosotros. Y, en esa medida, todos los organismos internacionales tienen que respetar y procurar tener un margen de apertura y tolerancia hacia esas situaciones que van o que deben llevarnos a la solución del conflicto. Podemos y debemos respetar el contexto internacional, pero también es posible pedirle que sea un poco abierto y tolerante hacia ciertas situaciones que deberíamos dar únicamente nosotros.

Lo veo muy jugado por el proceso de paz...

Mi tierra natal ha sido azotada por la violencia guerrillera, por la violencia paramilitar y ahora por la de las bandas criminales. Ha sido una zona golpeada por todos estos actores violentos. Desde que tuve 15 años he visto cómo cada uno de estos actores ha afectado a mi pueblo. Precisamente por haberlo visto de cerca tengo que decir que de todas maneras tenemos que abrirle camino a la paz y hay que buscar la paz y una solución negociada. Soy un optimista del proceso. Esto tiene que llegar a un fin porque nuestros hijos tienen que vivir en un país totalmente distinto a este en el que a nosotros nos ha tocado vivir.

¿La justicia está preparada para la paz?

La justicia siempre tiene que estar preparada y este proceso, si llega a un final feliz, abre nuevos retos, nuevas expectativas, y va a generar un campo amplio de acción. Desde ese punto de vista, la respuesta tiene que venir de los otros poderes, en la medida en que deben prestar todo su concurso para dotar a la Rama Judicial de los elementos humanos y tecnológicos para afrontar esos nuevos retos.

¿Qué les podemos decir a los miles de víctimas de las Farc para amainar un poco el dolor que tienen que soportar por la reconciliación colombiana?

Creo que debe haber unos mecanismos de reparación lo más satisfactorios posibles. El dolor para ellos, creo, será imposible de borrar, pero también tienen que mostrar un poco de tolerancia y de comprensión porque, digamos, también es importante la tranquilidad que podemos tener en el futuro luego de lo que hemos vivido hasta hoy en el conflicto.

¿Este país está preparado para ver a gente como ‘Timochenko’ en el Congreso?

Ese es un camino que debemos recorrer. No podemos seguir en este problema del yo te pego, tú me pegas y nos seguimos pegando. Esa no puede ser nuestra constante. Hay que hacer un alto.

Se habla de reformas para la paz, pero a la Rama Judicial, en lugar de fortalecerla, están pensando quitarle corporaciones, quitarle funciones...

Los poderes públicos deben tener en cuenta que en este momento la infraestructura que tiene la justicia no es adecuada para la situación que puede presentarse en el futuro. Y desde esa óptica deben comprender que tienen que suministrar todos los elementos humanos, tecnológicos y de toda índole para la justicia, porque el problema que se puede presentar es mayor.

¿Cómo hacer para borrar la mala imagen que le quedó a la Rama Judicial tras la fallida reforma a la justicia?

Lo primero que debemos decir, o de pronto recordar, es que el aumento del período para los magistrados no fue una iniciativa de la Rama Judicial. Nosotros, a través de una comisión legislativa que tenemos, nos reunimos con varios miembros del Congreso y todo el problema estaba en la segunda instancia para los aforados, que sigue siendo, y yo también creo que debe darse, que tiene que darse.

Ahora mismo ustedes están trabajando en unos puntos claves para una eventual reforma...

Estamos planteando diversos temas, pero hay uno que sigue siendo fundamental: mantener la independencia y la autonomía de la Rama Judicial. De la misma forma, permitir o garantizar plenamente el acceso a la justicia y la solución de los problemas de la justicia.

Se ha hablado de quitarles a las altas cortes sus funciones electorales... ¿Quizás estas facultades le hicieron daño a la Rama?

Esas funciones no nos han distraído de nuestra función natural. Creo que esa es una apreciación equivocada. Las estadísticas de los procesos que fallamos van en aumento. Frente al punto de las funciones electorales, no se buscaron: fueron dadas por los constituyentes del 91 con el fin de mantener el famoso equilibrio entre los poderes públicos. En lo que a la Corte compete, creo que ha ejercido esas funciones con absoluta responsabilidad.

Pero estas funciones han generado muchas suspicacias, por ejemplo, por el hecho de que muchos magistrados tengan familiares trabajando en la Procuraduría de Alejandro Ordóñez, que fue ternado por ustedes.

Nosotros abordaremos en su momento esa discusión. Daremos la discusión.

¿Han cogido a la Rama Judicial de chivo expiatorio o es que ha “dado papaya”?

Me concreto en la Corte Suprema de Justicia. Con la designación de las personas que le corresponde hacer por Constitución, nuevamente les digo, creo que ha sido seria y responsable.

Pero prométanos que no se va a ir a un crucero a revisar expedientes...

No. Siempre he pensado que fue injusto lo que hicieron con la expresidenta de la Corte, porque simplemente estaba en uso de un permiso, y si usted me pide permiso para adelantar una actividad, yo no tengo por qué estar encima de usted. Es un derecho previsto en la ley.

¿Qué piensa de estos hechos que se han presentado en Transmilenio de supuestos abusos en los articulados?

Es una muestra de que tenemos una sociedad un poco enferma y esos son precisamente puntos que se deben tocar en la reforma a la justicia, y aprovecharía para decirle que la reforma a la justicia, estructuralmente, debe ser de abajo hacia arriba. Esos problemas deben abordarse, deben enfrentarse, y deben buscarse los mecanismos para su prevención.

Vuelve el escándalo de las chuzadas. ¿Qué hacemos para acabar con ese tema?

En ese tema ha habido confusión y la confusión no ha sido disipada. De todas maneras es lamentable que se sigan presentando esas situaciones. Yo entiendo que las autoridades puedan interceptar las líneas telefónicas de las personas con la previa orden de un juez, pero por encima de todo tiene que estar el respeto de la privacidad de los colombianos.

Pero usted, como presidente de la Corte, ¿qué propondría?

Es necesario garantizar el libre ejercicio de la comunicación de todos nosotros. En este momento hay una Comisión de Inteligencia en el Congreso que puede ser un mecanismo para controlar estas actividades cuando rayan en la ilegalidad. Deben diseñarse políticas mucho más claras para evitar el desbordamiento de estas interceptaciones. De manera que, si bien deben ser de naturaleza retentiva, no pueden ser una generalidad. Y frente a todas estas investigaciones, lo que necesitamos saber es a quién llegaba esa información y quién dio las órdenes. Mientras esos puntos no sean aclarados, siempre quedará el margen de la duda y, a veces, de la impotencia por no conocer la verdad.

¿Aceptaría ser mediador en la pelea entre el fiscal y el procurador?

Propiamente no. Yo creería que no sería adecuado entrar en ese papel de mediador. Pero, desde luego, sí puedo hacer una cordial exhortación para que estas relaciones se vayan desarrollando. Esas confrontaciones no deben darse. Hay que procurar siempre tener unas buenas relaciones institucionales, y ese es el camino que me propongo seguir en la presidencia de la Corte Suprema de Justicia.

El fiscal dice que esas controversias son buenas para la democracia...

Yo pienso que las confrontaciones entre las instituciones deben darse dentro de un marco de armonía, de respeto y de colaboración. Y desde esa óptica, desde luego, las diferencias que surjan entre instituciones deben ser, digamos, bienvenidas, pero con lo que no estaría de acuerdo es que, de pronto, andaran por caminos personales, lo que se desvía un poco de la función institucional.