“Hay que dejar de politizar la lucha contra los grupos criminales”: analista internacional

Para Kyle Johnson, analista en Colombia del International Crisis Group, la forma de combatir a las bandas criminales en el posconflicto implica una lucha de frente contra la corrupción y la despolitización de las estrategias contra el crimen.

En La Habana se pactó crear una unidad especial contra los grupos considerados herederos del paramilitarismo. / EFE.

 Uno de los acuerdos que se firmaron ayer en la mesa de negociaciones entre el Gobierno y las Farc fue la lucha contra el paramilitarismo. Desde el inicio de los diálogos de paz, la guerrilla ha sido enfática en la necesidad de combatir a los ahora llamado Grupos Armados Organizados (GAO) o grupos posparamilitares, para garantizar una paz estable.

Con la creación de la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, una unidad especial de investigación en la Fiscalía y un cuerpo élite de Policía, los acuerdos pretenden hacer más efectiva la lucha que desde hace varios años adelanta el gobierno contra estos grupos.

Kyle Johnson, analista en Colombia del International Crisis Group (una organización que estudio los riesgos en los conflictos de todo el mundo), habló con El Espectador sobre las errores que ha tenido esta lucha hasta el momento y sobre posibles formas de solventarlos.

(Vea además el texto completo del acuerdo firmado en La Habana divulgado este jueves)

¿Cuál es la principal falencia del Gobierno hasta el momento en la lucha contra con los Grupos Armados Organizados (GAO)?

Una falencia en cuanto a la investigación y persecución de las GAO o Bacrim o grupos posparamilitares es la politización del tema. El lente político, en el sentido de que por mucho tiempo no se podía llamar paramilitarismo, ha sido un problema para poder dar solución. Ese tinte es perjudicial porque ha politizado las soluciones. El tema se ha convertido en una pelea entre las izquierdas y el gobierno, cuyas posturas en ocasiones están teñidas por las posiciones políticas y no responden a una realidad empírica. La realidad seguramente está en el medio, pero se ha perdido por los extremos. Hay que despolitizar el debate, hay que hacer un esfuerzo clave para entender realmente a que nos estamos enfrentando, pues ha habido muy pocos esfuerzos en ese sentido.

¿La estrategia para combatir a estos grupos hasta este momento ha sido efectiva?

Las soluciones se han enfocado mucho en la desarticulación económica de los grupos, pero su función no es 100% económica, pues aún se conservan vínculos entre ellos y políticos locales, y por esto ellos juegan un papel importante. Ellos han llenado espacios que el Estado no ha llenado, aunque esto no quiere decir que tengan una intención política. Pero el análisis desde lo local muestra que su poder o interés no es netamente económico, y la lucha solo en ese sentido desconoce un lado sociopolítico que sí tienen, que se evidencia en las amenazas y asesinatos a defensores de derechos humanos y reclamantes de tierras.

¿Son actores políticos?

No netamente, pero es evidente que tienen un lado político, porque con estas acciones de asesinatos y amenazas se oponen a una política nacional y en algunos casos, se ponen del lado de una estructura económica local basada en la tenencia de la tierra, y limitan, mediante el silenciamiento de líderes sociales, lo que es expresable en el espacio público, limitan las expresiones políticas.

¿Cómo es que estos grupos han logrado expandirse, hasta el punto de amenazar seriamente la estabilidad de la paz?

Uno ve a los Urabeños, o clan del Golfo como lo llaman ahora, expandiéndose sin dificultades. Lo logran por su poder económico: éste les permite comprar armas y ganarle guerras a gente como el Eln, las Farc y los Rastrojos. La plata es un factor importante, así como la corrupción, sobre todo a nivel local. La corrupción permite que por ejemplo los líderes de estos grupos sean avisados de operaciones en su contra, además, tener relación con miembros de la institucionalidad es clave para moverse y traficar armas y drogas. También su expansión tiene que ver con los acuerdos que han logrado con otros grupos para moverse. Y por supuesto hay temas sociológicos que se logran a través del control de la droga, que es el asunto de la legitimidad. No hay una aceptación por parte de las comunidades, pero los reconocen como legítimos, reconocen su poder.

¿Qué hacer entonces para combatirlos?

Es fundamental fortalecer las políticas anticorrupción, porque ellos tienen infiltradas las estructuras locales. Es clave implementar estrategias locales de control de corrupción. A nivel local se tiene que fortalecer la idea de lo importante que es desvincular lo político, las armas y lo económico. En los lugares donde están estos grupos, lugares como Córdoba y Urabá, hay una historia larga del uso de la violencia privada. Es necesario hacer cumplir las reglas del juego frente a la violencia privada, llevar el mensaje que no puede seguir usándose. Lo interesante es la estructura del clan del Golfo, en términos de que capta a otros grupos y los hace parte de la estructura, es que en lo bajo es mucho más disperso pero en lo alto está muy jerarquizado. La Fiscalía y la Policía deben hacer un análisis de esto para diseñar estrategias.

 

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