La historia del tejido que envolvió el Palacio de Justicia

Hace cuatro años, cuando nació el Costurero Kilómetros de Vida y de Memoria en Bogotá, surgió la idea de envolver el Palacio de Justicia entre las telas que cuentan las historias de cientos de víctimas del conflicto armado. Ayer, el sueño se hizo realidad.

Decenas de tejedoras cosieron las historias que vivieron sus comunidades durante medio siglo de conflicto. / Mauricio Alvarado
Decenas de tejedoras cosieron las historias que vivieron sus comunidades durante medio siglo de conflicto. / Mauricio Alvarado

Con los pasos y a simple ojo, dos mujeres del Costurero Kilómetros de Vida y de Memoria en Bogotá midieron el tamaño de la zona que rodea el Palacio de Justicia y se embarcaron en el “loco” sueño de envolver la sede judicial con grandes telares tejidos. “Nunca son suficientes telas”, dijeron las costureras que quisieron construir paz a través de un acto simbólico en el que la memoria rodea a la justicia que, para ellas, sigue estando ausente en cientos de hogares de mujeres colombianas que a través de sus tejidos rememoran los recuerdos trágicos de la guerra y plasman sus esperanzas y anhelos de paz.

Se necesitaban más de 500 metros de tela para rodear todo el Palacio de Justicia en el centro de Bogotá y cumplir con el objetivo que se plantearon hace cuatro años un grupo de mujeres, que se reunían a coser y a sanar junto a otras víctimas del conflicto su dolor. Fueron 41 costureras de las zonas más vulnerables y que por medio siglo sufrieron los estragos de la guerra, los que se unieron a la iniciativa. Mujeres que vinieron desde El Placer (Putumayo), Bojayá (Chocó), Montes de María (Bolívar), el oriente antioqueño y decenas de organizaciones defensoras de derechos humanos se unieron a este acto, que buscó incluir al ciudadano del común para que contara cómo lo afectó el conflicto, qué es lo que más le ha impactado y de qué forma está construyendo paz.

El Costurero Kilómetros de Vida y de Memoria viajó hace un año, en un bus en el que iban “40 mujeres locas, de las que solo habían invitado a dos”, a un encuentro de la Red Nacional de Tejedoras por la Memoria y por la Vida. Conocieron el trabajo de las distintas regiones del país, en el que se plasmaban relatos de mujeres víctimas de violencia de género, que tenían familiares desaparecidos y que les asesinaron a sus esposos e hijos. “Este acto se entiende como la importancia de visibilizar el dolor ajeno. Que ese dolor también es nuestro dolor”, indicó Ofelia Castillo, directora de la Fundación Tierra Patria.

En el evento, en el que también participaron otros colectivos de víctimas y se realizaron presentaciones teatrales y musicales, el clamor era la necesidad de que la justicia llegara. A las dos de la tarde comenzó el ensamblaje de todos los tejidos, luego de que las víctimas del conflicto y las tejedoras intercambiaran palabras ocn los asistentes. Sonia Cifuentes, de la Asociación Minga y del Costurero Kilómetros de Vida y de Memoria, manifestó que el propósito era mostrar las “historias de dolor, resistencias, y los sueños que tenemos. Saber que si bien somos víctimas, estamos construyendo relatos desde la esperanza, la alegría y la diversidad. Es un proceso de sanación de otras violencias que se han vivido en el país”.

Las tejedoras de Mampuján, en María La Baja (Bolívar), donde el conflicto acabó con sus familias, comunidad y territorio, han sido uno de los grandes referentes en el país en temas de reconciliación y perdón. Con sus tejidos en los que se destacan la multiplicidad de colores y dibujos de ríos y montañas, rememoran los años en que las balas de los paramilitares de Diego Vecino, las amenazas, las desapariciones y las torturas destruyeron su entorno. Pero no todo es tragedia, sus tejidos también reflejan sus deseos de paz y a esperanza de reconstruir esos lazos que un día los unieron como sociedad.

“La idea es que al tener muchas experiencias frente al conflicto, las esperanzas que tenemos de paz arroparan el Palacio de Justicia. Además, es la forma de mostrar cómo nos hemos podido reconciliar, perdonar y amar. Es difícil hablar de paz desde un corazón lleno de odio. Tenemos que reconciliarnos con nosotros mismos y con la naturaleza, que le hemos hecho mucho daño”, precisó, Juana Alicia Ruiz, líder de la organización Mujeres Tejiendo sueños y sabores de paz.

En la Fundación Tierra Patria, una organización de mujeres afrocolombianas víctimas del conflicto en la Costa Caribe que hace pedagogía por la paz y los derechos humanos hace más de 15 años, tejen sus relatos desde 2014. Fue un pequeño costero en Cartagena con el que iniciaron y ya hoy tienen 200 mujeres tejiendo. “Nos dimos cuenta de que se necesitaban generar espacios para dialogar y hacer acompañamientos sociales de forma colectiva. A través del tejido fue la mejor forma porque es una cotidianidad. A todas nos enseñaron a coser el falso de un uniforme. Es un espacio para sanar y dialogar, y en el que también hacemos talleres de diseño gráfico, pintura, grabado y otros”.

“Las mujeres no entendían que era el concepto de memoria histórica, e intenta plasmar sus sentimientos era difícil. Les decíamos que no solo era tejer los hechos traumáticos que vivió su comunidad, sino también que lograran pensar en un futuro diferente, como por ejemplo, que un desplazamiento les permitió crear nuevos proyectos de vida. Tejer es un proceso que nunca termina, pues después de un año modifican todo lo que han hecho. En los costureros Montes de María y Carmen de María no quisieron volver a relatar sus tragedias. No era una forma de huir de sus sentimientos de tristeza, sino que querían pensarse en un futuro y cerrar ciclos de sanación”, señaló Ofelia Castillo.

En Sonsón, uno de los tantos municipios del oriente antioqueño que estuvieron bajo el yugo del Bloque José María Córdoba de las Farc, comandado por alias Iván Ríos y Karina, los costureros emergieron lentamente. Luz Dary Osorio, miembro del Costurero Tejedoras por la Memoria de Sonsón, explicó que al principio no les gustaba coser, pero que al ver el poder de sanación y reconstrucción del tejido social que tenían las reuniones, entendieron que era un espacio para redefinirse como personas.

“Entendimos que el dolor propio podía ser menor que el del vecino, a quien no conocíamos ni sabíamos que también era víctima del conflicto. Con el costurero vimos que entre todas éramos capaces de enfrentarnos a lo que nos pasó, de sanar, de vivir sin encerrarnos y de dejar que nos siguieran aplastando. Hoy no nos gusta que nos digan que somos víctimas, porque no nos sentimos así. Nos llevaron psicólogos y eso a mí no me gustaba. Por eso los costureros me eran la mejor terapia, porque al tejer estoy plasmando lo que siento y no tengo que poner a relatarlo. Eso lo bordo”, explicó Luz Dary Osorio.

Pasadas las seis de la tarde se comenzó retirar el gran tejido. El objetivo se cumplió: reconstruir la memoria y el tejido social desde la visión de distintas víctimas del conflicto en Colombia. Faltaron puntadas, hilos y grabados que recuerdan a miles de colombianos. Pero la esperanza de que esos telares sirvan como símbolos contra la impunidad y la injusticia quedó clara, pues las tejedoras son el fiel ejemplo de que el país no olvida.