Historia íntima del asesinato de tres periodistas ecuatorianos en Colombia

Mañana, en la librería Lerner, se hará el lanzamiento del libro "Viaje sin regreso", la investigación periodística que arroja nuevas luces sobre cómo actuaron los gobiernos de Colombia y Ecuador durante el tiempo que duraron en cautiverio los tres miembros del diario El Comercio. Señalan que el gobierno de Lenin Moreno ocultó información a la opinión pública.

El crimen de los tres periodista habría sido ordenado por alias "Guacho", uno de los jefes de las disidencias de las Farc en el sur del país.Archivo El Espectador.

El secuestro y asesinato del equipo periodístico del diario El Comercio, de Quito, ocurrido entre marzo y abril de 2018, llevó a más de veinte reporteros de distintas nacionalidades, reunidos en siete organizaciones periodísticas, a buscar la verdad sobre los hechos ocurridos en la frontera entre Colombia y Ecuador. El resultado fue una investigación publicada en más de 130 medios de todo el mundo, bajo el título de Frontera Cautiva. Este trabajo sirvió de base para seguirle la pista a varias líneas y encontrar nuevas revelaciones, reunidas en el libro Viaje sin regreso, publicado por Editorial Planeta.

(Vea: Informe de autopsias a periodistas de El Comercio abre dudas)

El relato evidencia las dificultades y los riesgos que enfrenta el periodismo en zonas de conflicto, y la escasa disposición de los estados para facilitar la información. También narra la vida de los reporteros y los azares que padecieron en la frontera; y cuenta en detalle el estado de sitio y el horror que viven los habitantes de Nariño en la zona rural de Tumaco, donde imperan el silencio y la ilegalidad. Viaje sin regreso además revisa las presuntas contradicciones entre los funcionarios de Ecuador para manejar las negociaciones y muestra cómo se habría ocultado información relevante sobre este caso a la opinión pública. 

Viaje sin regreso reconstruye toda la historia a partir de testimonios de los familiares y amigos de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, y del informe realizado por el Equipo de Seguimiento Especial (ESE), designado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para investigar lo ocurrido. El contenido de este informe permanece aún inédito. La totalidad de las regalías de los autores de Viaje sin regreso se destinarán a una beca para investigación periodística en la frontera colombo-ecuatoriana.

Entre las principales revelaciones que da el libro está la confirmación, por medio de varias fuentes y documentos, que Ecuador preparó un operativo de liberación pocos días después del secuestro. En su momento, este hecho fue calificado como “noticia falsa” por el gobierno de Lenin Moreno. Documentos oficiales confirmaron que hubo operativos militares en el área, tanto en Colombia como en Ecuador, durante el secuestro. Estos movimientos fueron denunciados por alias Guacho, el entonces jefe de las disidencias de las Farc como una de las razones que precipitaron el triple homicidio.

La publicación también narra presuntas inconsistencias en las versiones de las autoridades ecuatorianas, que fueron contactadas por Guacho tras el secuestro del equipo periodístico de El Comercio. Los investigadores del ESE piensan que no se comunicó la gravedad de la situación al Gobierno de Lenin Moreno. El presidente ecuatoriano no recibió toda la información sobre el secuestro, y le hicieron creer que todo estaba bajo control.

Otra decisión fue la de cambiar al interlocutor que negociaba con Guacho en pleno secuestro. Según el ESE, al nuevo negociador lo dejaron solo con una inmensa responsabilidad sobre sus hombros. Este cambio no obedeció a una estrategia planeada; no se evaluaron los riesgos de la decisión, y tampoco se tuvo en cuenta que el negociador inicial, el mayor Zaldumbide, llevaba días hablando con Guacho y conocía mejor la situación.

El libro a su vez revela que las distintas autoridades ecuatorianas no tenían la misma información sobre el secuestro y la situación de los periodistas cautivos. Aunque el gobierno de Ecuador tuvo un conocimiento temprano sobre la peligrosidad de Guacho, no siguió protocolos específicos para propiciar la seguridad de los periodistas. Aunque las autoridades conocieron los chats entre el líder guerrillero y los negociadores, la Fiscalía ecuatoriana esperó siete meses después de los hechos para pedir esas pruebas. También habría existido una demora para procesar la información en torno al canje propuesto por Guacho.

En cuanto al ente investigador colombiano, relata el libro, no siguió pistas diferentes que surgieron durante la investigación, ni verificó en terreno la viabilidad de la ruta que los tres empleados de El Comercio habrían seguido. Todos sus hallazgos están basados en testimonios de exguerrilleros desmovilizados. Un año después de los hechos, el equipo periodístico volvió a los lugares donde todo ocurrió, tanto en Ecuador como en Colombia. Aunque abundan los operativos militares y Guacho fue eliminado, pocas cosas han cambiado en la zona de frontera.

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Redacción Judicial

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