Informe de autopsias a periodistas de El Comercio abre dudas

El documento, de 75 páginas revela que los tres rehenes recibieron varios disparos por el costado izquierdo de sus cuerpos, por la espalda, y en una trayectoria de abajo hacia arriba. Lo más probable es que cuando fueron ejecutados no estaban sentados, inmolvilizados, como sostuvieron dos disidentes ante la Fiscalía, sino en movimiento -caminando o corriendo-, quizás en medio de un enfrentamiento armado.

Los cuerpos del equipo de El Comercio ejecutado por "Guacho" fueron inhumados en un campo santo, en Ecuador. EFE

*Arturo Torres recién lanzó un libro titulado "Rehenes", que escribió junto con su esposa y colega, María Belén Arroyo. Es una investigación del crimen de los periodistas de El Comercio ejecutados por el grupo de alias Guacho.

Si bien las evidencias apuntan al 7 de abril de 2018 como el día de la ejecución del equipo periodístico de Diario El Comercio, el informe de las necropsias practicadas en los restos de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra arroja nuevos elementos sobre la forma en que murieron.

El documento, de 75 páginas, que revisó detalladamente este portal, revela que los tres rehenes recibieron varios disparos por el costado izquierdo de sus cuerpos, por la espalda, y en una trayectoria de abajo hacia arriba.

Esos elementos ponen en duda las versiones, rendidas por ‘Cherry’ y ‘Alirio’, integrantes del frente Oliver Sinisterra ante la Fiscalía colombiana, según las cuales varios de los custodios se acercaron a los tres cautivos, que se encontraban en una vivienda, y los llevaron hasta un árbol diciéndoles que los iban a liberar. Luego los habrían encadenado, obligándolos a sentarse, junto a un familiar de Guacho (Fernando Vernaza Castro), acusado de ser informante de los uniformados ecuatorianos. Entonces, les habrían disparado, en medio de la noche.

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El reporte de las autopsias a los cuerpos de los tres rehenes fue realizado en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Cali, el 22 de junio de 2018, por tres peritos distintos. Un experto delegado por el gobierno ecuatoriano, el coronel Fausto Olivo, avaló el examen.

Los tres recibieron tiros de gracia, en el costado izquierdo de la cabeza, pero desde la parte posterior. Esa fue la causa de las muertes. Sin embargo, también recibieron disparos en distintas partes del cuerpo con pistolas de calibre 9 milímetros. A Efraín Segarra, de 61 años, le dispararon además en el brazo izquierdo. Según el forense Alejandro Sandoval y un auxiliar del Instituto, la causa de la muerte fue laceración encefálica.

Javier Ortega, de 32 años, tenía cuatro impactos de bala. El que provocó su muerte ingresó por la parte anterior izquierda de la cabeza; el tiro es ligeramente de abajo hacia arriba, y tiene salida. Además recibió un disparo en el abdomen; en el brazo derecho, y otro en la región lumbar derecha, en la espalda baja. En su cuerpo se encontraron tres proyectiles. En uno de sus bolsillos los legistas hallaron una linterna pequeña y su identificación de periodista. Esta autopsia fue practicada por el perito Jorge Paredes.

Paúl Rivas, de 45 años, recibió seis balazos. El primero en la sien izquierda, con dirección ligeramente de abajo hacia arriba, el proyectil salió. En este examen, el médico detalla que no se hallaron amarres ni ataduras. Esta información no consta en las otras autopsias.

El segundo y el tercer impactos fueron en el hemitórax izquierdo (la espalda), lesionaron el pulmón y salieron; con trayectoria de abajo hacia arriba. El cuarto, llegó hacia la parte izquierda del abdomen. Recibió dos disparos en la pierna izquierda: en el muslo y en la pantorrilla.

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Aunque la versión recogida por la Fiscalía refiere disparos a los tres cautivos mientras estaban sentados, encadenados y por lo tanto inmóviles, los hallazgos de las necropsias sugieren que recibieron los tiros mientras estaban en movimiento, caminando o corriendo, según un forense consultado, que pidió la reserva de su identidad. Además, los disparos son a un metro 20 centímetros de distancia.

Esto coincidiría con el comunicado del frente Sinisterra, divulgado el 11 de abril, que es considerado un elemento probatorio por la Fiscalía colombiana. Según ese documento, hubo operaciones combinadas de Ecuador y Colombia y desembarcos durante el secuestro.

“El resultado de esta represión es la muerte de los tres periodistas ecuatorianos Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, en un intento fallido de asalto de las fuerzas militares ecuatorianas y colombianas en las montañas de la frontera”.

No obstante, según la versión oficial ecuatoriana no hubo operaciones mientras se realizaban las negociaciones para liberarlos. “Queremos desmentir que de parte de Ecuador, de nuestras Fuerzas Armadas, de nuestra Policía, se hayan realizado operaciones ofensivas en la zona. Desde cuando se produjo el secuestro, el gobierno ecuatoriano instó a las autoridades colombianas a no ejecutar operaciones que comprometan la integridad de los tres compatriotas secuestrados”, afirmó el entonces ministro del Interior, César Navas.

 
Ecuador nunca había vivido una situación de violencia como la del secuestro y posterior asesinato de tres miembros de El Comercio.
AFP

Sin embargo, un informe oficial del Ministerio de Defensa de Colombia confirma que entre el 26 de marzo y el 13 de abril hubo dos incursiones militares ofensivas. La primera, en las zonas de Brisas de Mataje, Corriente Larga, Montañita, Mata de Plátano, entre otras zonas de Nariño. El 2 de abril -en uno de esos operativos- murió un disidente del frente Oliver Sinisterra y dos más fueron capturados. Un soldado colombiano fue herido.

Testimonios recogidos en el libro ‘Rehenes’, de uniformados y jefes de la Policía ecuatoriana, revelan la realización de operativos combinados, desde Ecuador hacia Colombia. Unidades élite de ese país ingresaron hacia Ecuador e hicieron barridos para neutralizar a Guacho durante el cautiverio.

Pero hay otra evidencia que corrobora las incursiones durante el secuestro. “De parte de Paúl Rivas (Rangazu) difundir este video a la mayor cantidad posible de medios de comunicación, para presionar al Gobierno el cese al fuego y al acuerdo que tienen con Colombia. Quieren el intercambio de detenidos, sigan presionando a las autoridades”.

Este texto escueto fue escrito a mano por Paúl y llegó en una hoja cuadriculada de cuaderno escolar fotografiada al correo electrónico de su pareja, Yadira Aguagallo, el martes 3 de abril de 2018, junto con el video en el que los tres están encadenados. En la grabación Javier clama al Presidente Moreno que sus vidas están en sus manos.

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“Apenas recibí esta comunicación, llamé a la Unase pero nunca me dijeron qué hacer, si responder o no el correo. En la Fiscalía no hay un solo indicio para investigar de dónde provino el mail ni quién lo reenvió, aunque se sabe que es una persona de Colombia, pero ni siquiera le han llamado a rendir su versión”, asegura Yadira.

Las inconsistencias entre la versión de los disidentes y el informe científico de las autopsias, al parecer, no han sido analizadas aún por la Fiscalía en Colombia. En ese país se prevé realizar la audiencia de acusación en las próximas semanas.

Por el contrario, en la necropsia practicada a Fernando Vernaza Castro, de 35 años, sí se evidencia una ejecución premeditada -un ajusticiamiento- que difiere con el patrón hallado en los otros análisis forenses. Él recibió siete tiros; uno de los disparos es frontal, en la parte izquierda del rostro, en una trayectoria de arriba hacia abajo.

Para Ricardo Rivas, hermano del fotógrafo, los elementos que aporta el análisis de las necropsias podrían corroborar que la ejecución de los rehenes se produjo en medio de un enfrentamiento, lo cual coincidiría con el comunicado del frente armado. “Todo el tiempo habrían hecho operaciones militares y policiales en las zonas por donde transitaban los cautivos”.

No es el único cabo suelto. En su testimonio ante la Fiscalía, un dirigente campesino colombiano afirmó que vio a los tres cuerpos, en fundas plásticas, en la sala comunal de Puerto Rico, el 11 de abril de 2018, hacia la una de la tarde. Esto refuta la versión según la cual fueron enterrados en fosas inmediatamente después del asesinato, la noche del sábado 7 de abril, en medio de un pertinaz aguacero. Las muertes habrían ocurrido en la vereda de Los Cocos, en Tumaco (Nariño).

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Para Rivas, la Fiscalía colombiana se ha limitado a investigar solo el secuestro y la ejecución, en relación con la acción de los disidentes, sin profundizar en la corresponsabilidad que pudieron haber tenido los agentes estatales en el crimen al realizar operaciones. Tampoco ha contrastado las versiones con informes técnicos ni ha verificado su veracidad en rigor.

Alta dependencia judicial de las versiones de los disidentes

Pedro Vaca, abogado que representa a los familiares de los periodistas en el proceso judicial en Colombia, dice que hay asuntos que preocupan en el mediano plazo y que se pondrán a prueba una vez que empiecen formalmente los juicios.

El primero es que la investigación tiene una alta dependencia de las versiones de los integrantes de la estructura de Guacho; el segundo es que no se está contemplando el esclarecimiento de los hechos del período transcurrido entre el 26 de marzo y el 7 de abril de 2018 y la eventual responsabilidad del Estado. “Este ángulo es especialmente sensible si se tiene en consideración información periodística publicada recientemente en el Libro Rehenes”.

No obstante, el abogado resalta que la investigación judicial en Colombia tuvo logros notables, entre ellos la ubicación, entrega y repatriación de los cuerpos. “De igual forma se ha vinculado al proceso a tres personas, hay cuatro órdenes de captura vigentes y la fuerza pública anunció el abatimiento de Guacho”.

Los habrían ejecutado el sábado 7 de abril

Esa mañana, cerca de las 9 y 30, Guacho envió los últimos y amenazantes mensajes. “Hoy a las tres te envío la foto de uno de ellos muerto”. A partir de ese momento cortó la línea de comunicación por el chat de WhatsApp. No volvería a abrirla, ni siquiera el martes 11 de abril, cuando el negociador le volvió a escribir para informarle que sí se efectuaría el canje de los tres rehenes por los tres hombres de Guacho detenidos en la cárcel de Latacunga, desde enero. Ni siquiera llegó a leerlos.

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Ese sábado, el representante del Ministerio del Interior ante el comité de crisis, coronel (r) Carlos Maldonado, abandonó la negociación. A partir del lunes 9 de abril empezó a trabajar en la entonces Secretaría de Inteligencia.

El testimonio de un disidente que colabora con la justicia colombiana menciona que la ejecución fue la noche de un sábado lluvioso. Desde el 26 de marzo, día de la captura del equipo en Mataje (por celular se enviaron una foto y un video como pruebas de que estaban secuestrados), hasta el 13 de abril cuando el Gobierno confirmó la muerte, solo hubo dos sábados.

El sábado 31 de marzo empezó la negociación con el Gobierno para el canje. El lunes 2 de abril los volvieron a filmar, pero esta vez encadenados. Javier y Efraín aparecen en ese vídeo con la misma ropa con la que encontraron sus restos, sepultados en dos fosas. Paúl, que en la primera filmación vestía una camiseta amarilla con fucsia, fue hallado en una fosa con una camiseta amarilla, estampada con imágenes de calaveras y flores rojas.

El Gobierno acelera reuniones desde el 9 de abril

Repentinamente, a partir del lunes 9 de abril el Gobierno ecuatoriano empezó a dar señales aceleradas de preocupación. Realizó una serie de reuniones con directores de medios de comunicación, representantes diplomáticos, gremios empresariales, cúpula de la Iglesia… Por primera vez, el martes 10 de abril, el Presidente Moreno se reunió con los familiares.

En las citas reapareció un personaje que estuvo ausente durante los días previos, la entonces canciller María Fernanda Espinosa. Desde el 26 de marzo fue ajena a todo el proceso, estuvo dedicada de lleno a promocionar su candidatura a un cargo en la ONU, aunque era parte del Comité de Crisis.

César Navas, entonces ministro del Interior, sorprendió a los medios el lunes 9 de abril, al declarar que no había negociaciones con los captores. Sin embargo, esa noche, el buró de Alianza PAÍS resolvió formalmente iniciar el canje de los tres de Guacho por los rehenes.

 
Los familiares de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra han viajado varias veces a Colombia en busca de información.
EFE

Dos días después empezó a circular por redes sociales el comunicado del frente Sinisterra, en el cual anunciaba las muertes de los cautivos. Y horas más tarde los disidentes difundieron las fotos de sus cuerpos sin vida.

Ante la contundencia de las evidencias, el 13 de abril el presidente Moreno confirmó la ejecución del equipo periodístico y anunció que se levantaría la reserva de toda la información sobre la negociación para liberarlos. Hasta hoy no lo ha hecho.

 

Nota de la Editora: este artículo fue publicado originalmente en el portal Código Vidrio. Se reproduce con su autorización.

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Arturo Torres*

Judicial

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