Intimidades del acuerdo con la OTAN

En su momento se planteó presentar un proyecto de ley. Cancillería ha estado al tanto de la iniciativa. También tiene la bendición del grupo militar de la Embajada de Estados Unidos.

El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, señaló ayer que se busca hacer alianzas para capacitar a las Fuerzas Militares.  / Archivo
El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, señaló ayer que se busca hacer alianzas para capacitar a las Fuerzas Militares. / Archivo

No termina de apagarse el incendio en el vecindario por cuenta de un acuerdo en ciernes de cooperación militar con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Hubo portazos de Venezuela, de Bolivia, de Nicaragua y, desde Bruselas, la propia organización internacional precisó ayer que Colombia “no respondía a los criterios de adhesión a la OTAN”. El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, corrió a apagar el incendio al explicar que no se trataba de que el país ingresara a esta alianza de superpotencias en materia militar, que encabeza Estados Unidos, sino de buscar convenios para exportar la experiencia adquirida en medio siglo de conflicto.

Al margen de la controversia que desataron las palabras de Juan Manuel Santos el sábado pasado y sobre todo la utilización que hizo del verbo “ingresar” (ver recuadro con su intervención), lo cierto es que este acuerdo de cooperación con la OTAN, que se planea firmar este mes, ya había sido planteado por funcionarios del gobierno de Álvaro Uribe. No obstante, la idea se desechó porque ya estaba en camino otra más avanzada con el gobierno norteamericano: las polémicas siete bases militares con presencia norteamericana. Un acuerdo que terminó tumbando el Consejo de Estado.

El Espectador conoció que el acuerdo de cooperación con la OTAN jamás se echó en saco roto y desde el año pasado se reactivó la idea. Sobre todo cuando comenzaron las aproximaciones con las Farc. Según le contaron a este diario fuentes de la cúpula militar, el eventual escenario del posconflicto tiene muy inquietas a las Fuerzas Militares, pues incluso ha trascendido que de firmarse la paz, habría una reducción considerable del personal militar. En ese posible contexto es que el acuerdo de cooperación con la OTAN cobra importancia, pues el objetivo sería también capacitar en nuevas tecnologías y especializaciones sobre defensa y seguridad a los uniformados colombianos.

Sea que se concrete o no este acuerdo, El Espectador supo que el tema de la OTAN estaba tan maduro que en algún momento se pensó que debía presentarse un proyecto de ley en el Congreso para blindar el convenio, pues se pensaba que en desarrollo de este acuerdo podría haber presencia de militares extranjeros en territorio colombiano. De hecho, se pensó en “venderles” la idea a los congresistas Juan Lozano, Myriam Paredes, Augusto Posada o Alexandra Moreno Piraquive, con el fin de que cualquiera de ellos apoyara esta iniciativa y la rodeara en el parlamento de un ambiente favorable. Estas aproximaciones con la OTAN tenían el visto bueno de la Cancillería, que siempre ha estado enterada de los pormenores.

“Para nosotros es muy bueno, porque es como replicar lo del batallón Sinaí en Egipto, pero más veces y con grandes resultados. Si es cierto que se va a firmar la paz con las Farc, las Fuerzas Militares van a enfrentar otros retos como la seguridad ciudadana, las bandas criminales, la tecnología del narcotráfico, y eso sólo lo podremos hacer con más preparación. Quizás el otro año las Farc no existan, pero lo mejor es tener unas fuerzas especializadas. El alboroto se armó por el anuncio, pero el acuerdo de cooperación no es nada malo”, le dijo a este diario una alta fuente militar. El viceministro de Defensa, Jorge Bedoya, también ha estado al tanto de la letra menuda del acuerdo, que aún no se oficializa.

Otras fuentes resaltaron que el llamado grupo militar de la Embajada de Estados Unidos también ha seguido al detalle los avances en la redacción de este convenio y que cuentan con su bendición. Además, el ministro Pinzón sí está empeñado en sacar adelante el acuerdo, aunque ayer debido al escándalo suscitado declarara: “Colombia no quiere y no puede ingresar a la OTAN. Lo que sí quiere es recorrer el camino para ser un socio en la cooperación, como Australia, Nueva Zelanda, Japón y otros países (...) El discurso del presidente Santos fue para dar señales a las Fuerzas Armadas sobre el futuro”.

Queda claro en todo caso que la iniciativa que pretendía darles seguridad a las Fuerzas Militares en el hipotético caso de que la guerrilla deponga sus armas, terminó convertida en un enredo internacional que aún no termina de superarse. En el vecindario, el anuncio de Santos fue entendido más como una provocación. Hoy el asunto ha bajado de temperatura, pero el acuerdo quedó en veremos. Desde Bruselas, la OTAN terció en la discusión con un diplomático mensaje haciendo alusión a que la distancia geográfica hacía imposible que Colombia ingresara a la organización.