"Jamás pensé en ser policía ni mucho menos sacerdote": Coronel Silverio Suárez

Quien podría ser el primer sacerdote en alcanzar el máximo grado en la Policía Nacional, habló con El Espectador sobre el camino profesional y personal que lo han llevado a esta excepcional situación.

En la foto, los 11 coroneles llamados para curso de general. En detalle, el coronel Silverio Suárez. / Foto: Cortesía

El coronel de la Policía Silverio Suárez entró a la Fuerza Pública en 1993, después de leer un anuncio en un periódico diciendo que en la institución estaban buscando comunicadores sociales. Recién graduado de comunicación social en la Universidad Libertadores, se presentó a la oportunidad laboral que hoy lo tiene a punto de convertirse en el primer sacerdote del país que sea, al mismo tiempo, general de la Policía. (Lea: Silverio Suárez, primer sacerdote en ser llamado para curso de general de la Policía)

El coronel Suarez jamás planeó convertiré en policía, y mucho menos, en sacerdote. Pero el curso que tomó su vida cuando aceptó ese trabajo en 1993 lo cambió por completo, dice. En entrevista con El Espectador, el sacerdote hace un recorrido por su pasado, por el hito que marcó su ingreso en el Seminario Mayor de Bogotá, sus labores como sacerdote y policía en zonas de conflicto y la forma como armoniza ambas vocaciones.

¿Cómo se da su entrada en la Policía?

Cuando terminé el pregrado en Comunicación social, trabajé en el periódico El Tiempo y luego creé un periódico para gente joven que se llamaba Murmullos, para colegios distritales. Yo estaba en ese trabajo cuando salió un aviso en el periódico convocando a prensa en la Policía, me presenté, ingresé y pasé.

¿Por qué en la Policía, usted ya había tenido cercanía con esa institución?

No, no había tenido relación de ninguna índole. Conocía muy poco, lo que recuerdo es que a uno lo sobrecogía mucho la situación de la Policía, porque cuando trabajé en El Tiempo era la época de los carteles de la droga. A mí eso me golpeaba mucho, que se le pusiera un precio a las idas de humanas de personas que están prestando un servicio.

¿Y cómo fue el tránsito de Policía a sacerdote?

Yo me gradué como oficial de la Policía en diciembre de 1993. De ahí stuve en varias secciones de en prensa. Entonces, cuando era el jefe de prensa de la Escuela General Santander, allá nos tocó la muerte del mayor Humberto Antonio Castellano, quien era un atleta consagrado. A él un cadete le prendió fuego cuando estaba en su oficina, debido a que una semana antes las directivas de la Escuela le habían notificado que iba a ser retirado de la institución.

A mí esa muerte me marcó, yo pensaba: “cómo es de vulnerable la vida, la vida de un momento a otro se acaba”, porque tan solo dos días antes de esos hechos yo había salido a trotar con él.  Entonces llegué a la conclusión de que había que hacer un trabajar hacía el corazón de los Policías. Ahí ingresé al seminario castrense, comencé a estudiar filosofía en La Sabana y en el Seminario Mayor de Bogotá, teología.

¿Estaba alguna de estas cosas en sus planes de vida, cuando se graduó como comunicador?

Mi proyecto de vida no estaba centrado en eso, nunca jamás lo pensé. Me gustaba mucho el  periodismo escrito, y cuando me gradué ene so me veía, pero vi que la carrera en la Policía era una buena opción de vida y que allí podía hacer mi periodismo. Finalmente, fueron ellos quienes me apoyaron para seguir estudiando y salir adelante

¿No extraña el periodismo?

Me dediqué a comunicar la buena noticia de la salvación y esto todo el tiempo lo hablo y estoy con los policías, los acompaño, les doy conferencias, charlas, los escucho, les doy consejos, estoy en otro ámbito de la comunicación. Nunca lo había contemplado, pero lo que hago ahora es que en lugar de comunicar las noticias humanas, comunico la buena noticia de la salvación, el mensaje que nos deja Jesucristo.

¿Ha visitado zonas de conflicto en su labor como sacerdote o policía? ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Yo siempre iba a Arauca en su época más dura, a Putumayo, a Magdalena. En Arauca estuve entre 1997 y 1999, en labor apostólica y misionera. Yo estuve allá en el Comando de la Policía, pero ayudaba a la iglesia de Arauca.  Tuve incidentes en los que por ejemplo mientras oficiaba misa en semana santa, nos dispararon al comando, que era muy vulnerable. A la comunidad le llamaba mucho la atención, no entendían que uno a veces le tocara llegar uniformado.

¿Cómo armonizar su labor de policía y de sacerdote?

Amabas son un servicio que se presta a la comunidad, y en ese sentido son muy relacionadas. Por ejemplo, en alguna ocasión me pasó que un compañero había peleado con la novia y me contó esa noche que se iba a quitar la vida, era 24 de diciembre. Yo esa noche le hablé mucho del valor de la vida. Me lo encontré al otro día. El me agradecía mucho  y me decía que le había lavado la vida.

¿Cómo es un día en su vida?

Me levanto a las 3:30 de la mañana, hago oración, arreglo mi ropa, hago el desayuno, me visto y me voy a la primera misa que es a las 5:30 am con hermanas de las Hijas de la iglesia, que atienden a los enfermos de lepra de Agua de Dios. De allí salgo en Transmilenio hacia el complejo de la Policía en Suba, donde doy misa a las 7:00 a.m. Luego doy misas en la dirección de Inteligencia, Carabineros, Equitación, Centro Social de oficiales, en el colegio San Luis, en la parroquia y en la Escuela de Posgrados de la Policía, donde soy capellán. General,ente termino la jornada a las ocho o nueve cuando no tengo que visitar familias o enfermos, y cuando sí, más o menos termino la jornada a las diez u 11 de la noche.