Jineth Bedoya: “Sé que mi vida está en riesgo, pero no es razón para callarme”

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La Corte Interamericana de Derechos Humanos inició la audiencia por el caso de la periodista Jineth Bedoya, quien en mayo de 2000 vivió un episodio de secuestro, tortura y violencia sexual tras haber ingresado a la cárcel Modelo de Bogotá para un trabajo periodístico. “No sé si logre perdonar completamente, pero entendí que puedo transformar el dolor”, expresó Bedoya.

“Yo no sé si logre perdonar completamente, pero entendí que puedo transformar el dolor, porque cambiar salva vidas. Eso cambia a otros que ni siquiera conocemos. Desde mi tarea como periodista es lo que voy a seguir haciendo, porque ya no tengo nada que perder y sí mucho que ganar. Gracias por entender la magnitud de lo que es la violencia sexual. Lo único que pido es que la vida me de la fuerza suficiente para ayudar a otras mujeres a sobrevivir a este terrible crimen”.

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En medio de lágrimas, pero apoderada de su discurso y de sus objetivos como activista social, así concluyó la periodista Jineth Bedoya su primera intervención en la audiencia pública que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) adelanta por su caso. Desde el año 2000, la subeditora de El Tiempo ha trabajado para que su episodio no solo se quede en lo traumático, sino que también pueda ser una inspiración para que otras víctimas de violencia de género denuncien si han experimentado algo similar durante el conflicto armado o a razón de su trabajo en medios de comunicación.

La historia se remonta al 25 de mayo de 2000, cuando Bedoya entró a la turbulenta cárcel La Modelo de Bogotá, todo para investigar amenazas paramilitares sufridas por periodistas. Entonces, la periodista fue secuestrada, sacada de la cárcel, torturada y sometida a violencia sexual. A pesar de las constantes denuncias, el hecho estuvo en completa impunidad hasta mayo de 2019, cuando el exparamilitar Jesús Emiro Pereira, alias Huevoepisca, fue condenado a 40 años de prisión. Asimismo, Alejandro Cárdenas, alias J.J, deberá pagar 30 años por los crímenes. Sin embargo, Bedoya asegura que más de 20 personas articularon el ataque, entre ellas agentes del Estado.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos estudió el expediente por años hasta que, en julio de 2019, remitió los papeles a la Corte IDH para que determine la culpabilidad del Estado por el episodio de persecución, violencia de género y restricción a la libertad de prensa. En horas de la mañana, jueces de la Corte IDH indagaron sobre aquella tarde de mayo del 2000, concluyendo casi con la voz quebrada que Jineth Bedoya representa la templanza necesaria para transformar tal contexto de violencia denunciado por años.

“Queremos agradecerle profundamente su comparecencia, su testimonio nos ha aportado muchos elementos de juicio. De manera personal quiero agradecerle, expresarle mi admiración y mi gratitud, tengo muchos años de estar luchando por esta causa de la cual usted es un símbolo, hemos llevado inútilmente nuestra voz por todos los ámbitos de la justicia nacional e internacional. Al mismo tiempo ejemplos como el suyo, su coraje, su valor, por supuesto que llega a llenar más de coraje a quienes seguimos en esta lucha”, dijo Elizabeth Odio Benito, presidenta de la Corte IDH.

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El contexto de violencia armada

Luego de hablar sobre su experiencia, Jineth Bedoya le dio rostro al inicio del milenio, cuando Colombia estuvo asediada por grupos paramilitares y la guerrilla de las Farc, sumado a las estructuras ilegales financiadas por el narcotráfico. De acuerdo con la periodista, quien adelantaba investigaciones en las cárceles del país, la violencia armada se concentró en penales como La Modelo, en Bogotá, donde los jefes de cada bando capturados y condenados hicieron de sus rejas un nuevo centro de operaciones.

“Esa condición, tener todos los actores reunidos, era lo que hacía a La Modelo tan peligrosa en ese momento. Quienes cumplían con la labor de protección eran los mismos internos, los paramilitares tenían fusiles R-15 y patrullaban la cárcel. Allí estaba la oficina central del paramilitarismo para el área urbana. Ahí estaban los jefes más importantes y estaba también Jhon Jairo Vásquez, alias Popeye (sicario de Pablo Escobar). Seis meses después de mi secuestro, yo fui hasta allí a preguntarles. Una de las celdas de alta seguridad era manejada por Popeye y ahí tenía documentos privados de muchas personas, entre ellas yo”, dijo Bedoya.

De acuerdo con Jineth Bedoya, en una investigación encontró que alias Popeye tenía informes de inteligencia militar de la Quinta División del Ejército y hasta carpetas, de esas rotuladas de la A a la Z, que contenían información sobre el asesinato de Jaime Garzón. En La Modelo se vivía un verdadero infierno, pues paramilitares y guerrilleros, que seguían en funciones aun en la cárcel, se enfrentaban con granadas y disparos cuando la débil tregua se rompía. “Era la guerra que se vivía en el campo, pero que se trasladaba a las celdas”, dijo Bedoya.

Una pesadilla que tocó las fibras de su familia

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Durante los últimos años, Bedoya cuenta que las autoridades colombianas han sido omisivas con su expediente y que, al contrario de lo que se espera, han sido las investigaciones periodísticas que ella misma ha abanderado las que dieron resultado en sentencias condenatorias. Luego de 20 años, dice la periodista, aún ni siquiera se sabe quien ordenó el ataque y, además, Bedoya denuncia que hay policías retirados y en servicio que participaron aquella vez. La comunicadora dice que no sabe si hoy siente miedo, pero ha sentido en carne propia cómo su caso afectó su esfera más cercana.

“Mi mamá nunca ha tenido apoyo del Estado en el tema de seguridad. La seguridad que yo tengo es la que yo le doy a ella. Ella nunca ha sido reconocida como víctima. Le han hecho seguimientos, a veces llaman a su teléfono a preguntarle cosas sobre mí. Sabemos que juegan a eso, al acoso psicológico, al acoso emocional. Yo lo puedo manejar, me acostumbré a vivir en medio de esto, me acostumbre a saber que salía de mi casa, pero que no podría regresar. Sé que mi vida está en riesgo, pero esa no es una razón para callarme”, explicó.

Jineth Bedoya les explicó a los jueces de la Corte IDH que su madre ha vivido una vida traumática desde hace 20 años, que uno de los temas familiares más recurrentes es la constante amenaza que sienten solo por salir de casa. De hecho, al siguiente día de haber denunciado el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la periodista recibió una llamada amenazante, de un número extranjero, en la cual le dijeron que le volvería a pasar lo mismo si no se callaba. Sin embargo, para Bedoya el silencio no es una opción, pues ella es la voz de centenares de mujeres con historias similares.

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No es hora de callar

Jineth Bedoya lidera la campaña “No es hora de callar”, con la cual se busca denunciar la violencia sistemática contra la mujer y trabajar por los derechos de las mismas. De acuerdo con estadísticas entregadas a la Corte IDH, verificadas por la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), seis de cada diez mujeres han sufrido acoso en el ámbito laboral. Por otro lado, a través de un trabajo con el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, se llegó a la conclusión de que ocho de cada diez periodistas mujeres deciden autocensurarse y abandonar sus fuentes para nos ser víctimas de violencia.

“Cuando usted no se silencia, va a tener esa respuesta de la amenaza, intimidación y persecución. ¿Por qué después de tantos años tengo que seguir cargando con esto? ¿Por qué tengo que hacer periodismo con tres escoltas detrás? En cualquier país del mundo eso es absurdo, pero eso pasa en Colombia. Ese círculo vicioso de la criminalidad y del conflicto armado. Yo no sé si al final ellos logren ese cometido. En algún momento yo podré desaparecer físicamente, pero el testimonio ya está, las mujeres ya saben que pueden luchar por sus derechos, las víctimas saben que pueden exigir”, concluyó la periodista y activista social.

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