A juicio exjefe de seguridad de Ecopetrol por masacre de Barrancabermeja

Según la Fiscalía, el capitán (r) del Ejército José Eduardo González Sánchez, hipnoterapeuta profesional, fue el enlace entre las autodefensas y la Fuerza Pública.

En Barrancabermeja se hizo un entierro simbólico de las víctimas de la masacre ejecutada por paramilitares de las AUC de Santander y Cesar. / Archivo - El Espectador

El 16 de mayo de 1998, un comando de las Autodefensas Unidas recorrió varios barrios del oriente de Barrancabermeja (Santander), en donde, según los paramilitares, había presencia guerrillera. Pasaron en camionetas recogiendo gente señalada de auxiliar a la guerrilla, sin que ninguna autoridad tratara de detenerlos. Esa noche, dicen las cuentas oficiales, los “paras” desaparecieron a 25 personas y mataron a siete. Ninguna autoridad hizo nada para evitarlo.

Han pasado 18 años desde esa masacre, que se convirtió en símbolo de la expansión paramilitar por el Magdalena Medio, y ni todos los restos de las víctimas han sido hallados ni la justicia ha terminado de descifrar cuál fue el rol de la Fuerza Pública en ese crimen masivo. Una cosa sí parece clara para la Fiscalía: integrantes del Ejército, de la Policía y del DAS lo facilitaron. Y no sólo ellos: gente de Ecopetrol también, como el capitán retirado del Ejército José Eduardo González, quien era subjefe de seguridad.

A González la Fiscalía acaba de llamarlo a juicio por los cargos de homicidio agravado y desaparición forzada agravada. En una resolución de 115 páginas, conocida por este diario, el organismo investigativo sostiene que el capitán (r) del Ejército González ejerció como enlace entre la Fuerza Pública de Barrancabermeja y las Autodefensas Unidas, que respondía al alias de Mauricio, y que tenía gente infiltrada en la Unión Sindical Obrera.

Se trata de una acusación basada en tres testimonios. El dilema radica en que una de las versiones que señalan a González proviene de un exparamilitar que la misma Fiscalía, el pasado 20 de junio, solicitó que sea expulsado del programa de Justicia y Paz por defraudar el principio de la verdad. Se trata de Mario Jaimes Mejía, alias el Panadero, condenado a 28 años de prisión por el secuestro de la periodista Jineth Bedoya.

Además, en etapa de juicio, El Panadero enfrenta otro proceso judicial por falso testimonio. Esta vez, por señalamientos al excongresista Aristides Andrade, por su supuesta participación en la planeación de un homicidio en 1991. En esa época, El Panadero era integrante de las Farc. Esta versión fue avalada por un fiscal que había sido destituido por desaparición forzada, luego de que el exparamilitar súbitamente fuera trasladado a la cárcel de Itagüí, donde estaban recluidos los máximos jefes de las autodefensas.

Ahora, en el caso del capitán (r) González, la Fiscalía señaló que el testimonio de El Panadero es “creíble”. Jaimes Mejía lo identificó “como la persona que hizo los contactos con las autodefensas y las diferentes autoridades en Barrancabermeja para llevar a cabo los hechos del 16 de mayo de 1998”. Según el exparamilitar, por su cargo de subjefe de seguridad de Ecopetrol, González mantenía relación con el batallón de contraguerrillas Héroes de Majagual y con el batallón fluvial.

La Fiscalía manifestó que González fue un integrante más de las autodefensas, a quien supuestamente conocían como Mauricio, y que además es hipnoterapeuta profesional. En su defensa, el exoficial argumentó que nunca colaboró con los paramilitares y, en cambio, insistió en que El Panadero lo acosó para que lo hiciera. “No hay razón para que de manera inexplicable no haya acudido a autoridad alguna a denunciar lo que se estaba fraguando”, concluyó la Fiscalía.

Para llamar a González a juicio, el organismo investigativo tuvo en cuenta dos testigos más: los exparamilitares Fremio Sánchez Carreño y Jhon Alexánder Vásquez. El primero relató que González fue aliado de las autodefensas desde 1998 hasta 2000, junto con otros oficiales activos y retirados del Ejército. No obstante, Sánchez hoy está procesado con El Panadero -padrino de su hijo- en el mismo expediente por falso testimonio del caso Aristides Andrade y, además, ambos están denunciados por un tercer suceso: la presunta extorsión a un comerciante de Barrancabermeja.

A su vez, el testigo Vásquez declaró que había conocido a González desde antes de 1998 y que se lo presentó el jefe paramilitar Camilo Morantes en la base militar que está situada dentro de la refinería de Ecopetrol. Agregó también que trabajó para él recolectando información “de inteligencia” en la USO y que el 16 de mayo de 1998 le había indicado “que no fuese a salir a la calle esa noche porque se iba a dar un acontecimiento”. El testigo relacionó a González con “dos operaciones paramilitares similares”, bajo la coordinación de otro capitán de apellido Herrera.

La masacre de ocho personas y la desaparición de otras dos el 28 de febrero de 1999, así como la entrega de unos camuflados a las autodefensas. En su declaración, Vásquez recalcó que inicialmente El Panadero le había pedido que no testificara contra los capitanes (r) González y Herrera. Desde su captura en 1999 hasta que fue aceptado en Justicia y Paz, El Panadero no colaboró al esclarecimiento de los sucesos de mayo de 1998. Lo hizo después de su contacto con los máximos jefes de las autodefensas en Itagüí.

De las 32 víctimas que reportan las cifras oficiales sobre la masacre de 1998, ocho de los cuerpos han sido encontrados. Todos con huellas de violencia. En el expediente figuran algunos informes de inteligencia del DAS, de abril del 98, en los que se anunciaba la intención de las autodefensas de perpetrar la masacre. De nada sirvieron. Esta se hizo realidad con ayuda de las autoridades. Para la Fiscalía, lo ocurrido en Barrancabermeja el 16 de mayo de 1998 fue contundente: “Para el ingreso del grupo paramilitar se requirió la ayuda de estamentos del Ejército y de la Policía”.