Entrevista con el director de Arqueología del Externado

"La colección quimbaya es sólo el comienzo": José Luis Socarrás

El histórico fallo de la Corte Constitucional, dice el arqueólogo, abre la puerta a otros casos similares, como el de las 40 piezas de San Agustín que se llevó a Berlín un investigador alemán.

Las 122 piezas hacen parte de una colección de aproximadamente 400 piezas. Archivo

Las 122 piezas de oro que, en 1892, el entonces presidente Carlos Holguín regaló a España, pertenecieron al periodo quimbaya y posiblemente correspondieron al ajuar fúnebre de caciques indígenas entre el 500 a.C y el 700 d.C. La Corte Constitucional fue clara en la decisión del pasado jueves: obliga al Gobierno a hacer todo lo que esté en sus manos para recuperar las piezas, que a su vez hacen parte de una colección de aproximadamente 400, cuya ubicación es indeterminada. El alto tribunal dejó claro que es fundamental recuperarlas por el valor simbólico que tienen para el patrimonio nacional.

La apatía de los gobiernos frente al asunto del tesoro quimbaya ha sido una tendencia histórica, a excepción del periodo de Belisario Betancourt, en el cual se intentó, sin éxito alguno, negociar las piezas con el gobierno español. Asumiendo que pertenecen al país, sostiene José Luis Socarrás, no se le debería asignar el nombre de "tesoro". Según Socarrás, director de la carrera de arqueología de la Universidad Externado, “tal noción hace alusión a objetos que no son de nadie y que son de quien se las encuentre. En cambio, nos parece más adecuado llamarlo 'colección quimbaya' o 'colección arqueológica quimbaya', dado que es mucho más preciso.”

El caso, que llevaba 5 años en estudios de la Corte, caerá en manos de la canciller María Ángela Holguín, sobrina bisnieta del expresidente Carlos Holguín. Lo que se viene es un proceso que, para el director de arqueología del Externado, será "largo y complejo", pues serán necesarios encuentros entre los gobiernos para determinar cómo se va a efectuar el trato. Una situación que se cruzará seguramente con el caso del galeón San José. “Yo creo que el gobierno colombiano debe recapacitar en torno a el manejo que le ha dado al galeón San José frente al Estado español, pues aunque no es una obligación del estado colombiano, creo que ayudaría muchísimo en el proceso garantizar que se cumpla la investigación con los más altos estándares científicos”.

El profesor Socarrás, quien intervino en el debate por este tema ante la Corte, confirma que existen otras colecciones que han salido del país sin los permisos correspondientes, que en este momento están siendo exhibidas en galerías extranjeras. “Una colección importante es la de las 40 estatuas de San Agustín, que se encuentran en el museo etnológico de Berlín, sobre la cual también ha habido un fallo inicial. El Estado colombiano ha sido obligado también por los jueces a que adelante los trámites para repatriar estos objetos, que fueron llevados por un investigador alemán”, dice José Luis Socarrás.

 

Además, añade un caso menos conocido, del cual poco se ha hablado y que guarda una curiosa historia. Entre 1917 y 1926 se llevó a cabo una misión extranjera en la Sierra Nevada de Santa Marta. Un arqueólogo norteamericano tomó una serie de objetos arqueológicos, entre ellos, cerámicas y objetos de oro, para llevárselos de manera irregular. “Él vino en una misión científica, excavó estos objetos y se aprovechó de una falta de comunicación de la academia colombiana de historia de ese momento en la cual, mientras llegaba el concepto en el cual se decía que no se podían sacar los objetos, presentó otra certificación en la aduana y se llevó los objetos.”

La Corte Constitucional reiteró el valor histórico y patrimonial que tienen las piezas de la colección quimbaya para el país, y por eso mismo insistió en su recuperación, a la cual el Gobierno Santos se ha negado en las respuestas que ha enviado al alto tribunal. Ahora, gracias a esta orden judicial, al Gobierno no le queda de otra que acatar el fallo y hallar la manera de que el gobierno español acepte devolver regalo, considerado inapropiado por la justicia colombiana, que le hizo el presidente Carlos Holguín a la reina María Cristina del país ibérico.

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