#30AñosSinGalán

La conexión con las autodefensas del Magdalena Medio

La carta que escribió desde prisión José Everth Rueda Silva, con la certeza de que en cualquier momento podrían asesinarlo, como ya había ocurrido con otros personajes que habían participado en el crimen, entregó las primeras pistas sobre cómo la idea del asesinato de Luis Carlos Galán tuvo sus orígenes en las tierras del Magdalena Medio.

Archivo El Espectador

En la misiva, el medio hermano de Jaime Rueda Rocha -hombre sindicado de haber sido el sicario de Galán- explicó que la orden de matar al precandidato liberal vino de las cabezas que lideraban la alianza criminal que se había gestado entre las autodefensas del Magdalena Medio, comandadas por Henry de Jesús Pérez, y el narcotráfico del Cartel de Medellín, a través de dos de sus principales capos: Gonzalo Rodríguez Gacha y Pablo Escobar Gaviria. (Vea acá el especial sobre lo 30 años del asesinato de Galán)

Una relación nefasta que comenzó a cocinarse cuando Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano, llegó a la región comprando propiedades y grandes extensiones de tierra. El capo se convirtió rápidamente en el gran financiador de los grupos paramilitares de Henry Pérez y, a cambio, tuvo a su disposición varias estructuras criminales y a hombres que se encargaban de su seguridad para realizar actividades ilícitas.

En el marco de esa alianza, por ejemplo, se crearon los campos de entrenamiento y las escuelas de formación y sicariato que tenían sus sedes en la zona y estaban financiadas por el narcotráfico. ‘Cero Uno’, ‘El Cincuenta’, ‘El Tecal’, ‘La Corcovada’ y ‘Galaxias’, fueron algunos de los nombres con que se conocieron estas escuelas en las que se adiestraron matones de la talla de Alonso de Jesús Baquero, alias El Negro Vladimir, o el mismo Jaime Rueda Rocha.

Por eso fue precisamente Pérez, quien tenía un ejército a su servicio y conocía los pormenores del mundo del hampa, el delegado por Rodríguez Gacha para poner en marcha el plan de matar a Galán y escoger a los encargados de ejecutarlo. Ya lo había intentado Escobar en Medellín -el 5 de agosto de 1989- en un frustrado atentado a cargo de la banda de Los Priscos. El turno para planear un nuevo operativo quedó en manos de quienes se movían mejor en Bogotá.

José Everth Rueda Silva detalló en la referida carta que el asesinato de Galán se definió en dos reuniones: la primera en la Isla de la Fantasía, en el Magdalena Medio, durante una cumbre de mafiosos; y la segunda en la hacienda Mazatlán, en Pacho (Cundinamarca), fortín de El Mexicano. Eso sí, la determinación de Pérez de unirse a la cruzada contra Galán tampoco fue gratuita. De hecho, para la época, las autodefensas del Magdalena Medio ya habían atentado contra varios miembros del Nuevo Liberalismo, e incluso habían asesinado a varios de ellos.

“Sobre todo el Nuevo Liberalismo gravitaba una sensación de amenaza y hubo atentados contra concejales como Alfonso Garzón y líderes en las regiones donde había control de estas organizaciones. Yo particularmente recuerdo que nos recomendaban a los galanistas no ir a varios  municipios de la provincia de Rionegro, donde tenía un gran poderío Rodríguez Gacha y corría la voz de que no se permitiría el proselitismo galanista por parte de esas organizaciones”, declaró  Juan Lozano Ramírez, político activo del Nuevo Liberalismo.

En buena medida, la animadversión que en la región había contra el Nuevo Liberalismo se debía a los cuestionamientos que el propio Galán había hecho al Movimiento de Restauración Nacional (Morena), grupo creado por ganaderos y agricultores de la región al que el dirigente señalaba de ser el brazo político de las autodefensas del Magdalena medio. De hecho, el vocero del controvertido movimiento fue Iván Roberto Duque, con los años conocido como el jefe paramilitar Ernesto Báez.

El mismo Báez, en declaraciones hechas casi 20 años después ante un fiscal especializado de la Unidad Nacional de Derechos Humanos, reveló que en esa región ser galanista era sinónimo de muerte. “A Luis Carlos Galán empezaron a matarlo en Puerto Boyacá, y lo digo de manera simbólica porque a Galán le asesinaron sus principales dirigentes antes del 18 de agosto. La desaparición de sus líderes le puso el sello de muerte a todo aquel que cometiera la osadía de defender ese ideario en el Magdalena Medio y Puerto Boyacá”.

Báez también hizo referencia a una determinante reunión en la Isla de la Fantasía, que al parecer se realizó en abril de 1989, es decir cuatro meses antes del magnicidio. Aunque aseguró que nunca participó en las discusiones sobre el crimen de Galán, el otrora miembro del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia reveló también algunos detalles que, insistió, conoció a través de conversaciones con Henry Pérez.

“Él me dice que toda la definición de eso se tomó en la Isla de la Fantasía, una isla famosa en Puerto Boyacá. La isla de la fantasía era como de El Mexicano o de Henry Pérez, de alguno de los dos. Eso era una isla bellísima, un islote chiquito, una construcción bonita que quedaba sobre la Ciénaga de Panagua. Me dijo que en esa reunión se definió todo e inclusive detalles tan mínimos como quién debía poner las armas, cómo es esto, la entrega de la plata a Jaime Rueda Rocha, todo eso”.

El relato de Báez coincidió con el que dejó por escrito José Everth Rueda Silva antes de ser asesinado. En su carta, el hombre contó que, en abril de 1989, su hermano y él fueron citados por sus patrones a la finca llamada La Isla de la Fantasía. “Era una cumbre de toda la mafia. Estaban Leonidas Vargas, 28, los Galeano, Kiko Moncada, Jairo Correa Álzate, Chucho Cortés, los hermanos de Henry Pérez, Hernán Darío Henao, Popeye, Gustavo Gaviria, primo de Pablo Escobar, el Arete, la Chirusa, el Chopo, Pinina, Tyson, el Palomo, Poca Pena, Helí Muñoz y Jaime Castilla. Allí se trató sobre la guerra que había que hacerle al gobierno y especialmente hablaron los patrones de matar al doctor Galán”.

Rueda Silva agregó en su misiva: “Que por eso era que estaba como estaba el país, y que tenían que evitar que los extraditaran. Entonces ahí fue que Jairo Correa, Leonidas Vargas y Chucho Cortés dijeron que ellos también aportaban una plata para la guerra. Entonces 'El Mexicano' dijo que se encargaba con su gente en Bogotá y Pablo Escobar añadió que él trabajaba con su gente en Medellín. Le dieron la orden a Jaime Rueda, mi hermano, y al teniente Flórez para que empezaran a hacer inteligencia de los movimientos del doctor Luis Carlos Galán”.

Aseguró, además que Jaime Eduardo Rueda Rocha fue el encargado de reclutar a los sicarios, entre los que se encontraban Martín Olarte, Gonzalo Montero y los primos Orlando y Enrique Chávez, familiares de una amante de Jaime. “Nuestro enlace principal, ordenado por 'El Mexicano' y Henry Pérez, era el teniente Flórez, quien dirigía la red de inteligencia del B-2 de la Decimotercera Brigada, así que operábamos con carnés de esa brigada. Por eso tuvimos éxito en la muerte del doctor Galán, del doctor Teófilo Forero y de José Antequera, de la bomba contra 'El Espectador' y la muerte del hijo de Víctor Carranza”, escribió.

De hecho, fue en un apartamento del teniente Flórez, situado en el barrio Metrópolis, en donde, según Rueda Silva, se ultimaron los detalles del operativo y se acordó que todos usarían sombreros blancos para distinguirse entre la multitud. Tan comprometido estaba el oficial del Ejército, que fue en su domicilio en donde los hermanos Rueda se refugiaron al consumarse el ataque, según quedó consignado en la carta.

Sin embargo, ejecutado el crimen el panorama se complicó en el Magdalena Medio. De acuerdo con Ernesto Báez, en Puerto Boyacá se desató una persecución contra los grupos de autodefensa y Henry Pérez sintió de primera mano el acecho de las autoridades: “Para tratar de escapar de la persecución del Estado, ya en la parte final, un año y medio después de la muerte del doctor Galán, Henry Pérez pasó de ser un gran socio de Pablo Escobar a ser su enemigo acérrimo”.

En su declaración ante la justicia, Ernesto Báez reveló que, tiempo después del asesinato de Galán, en una conversación con Henry Pérez, éste le dio a entender que había accedido a participar en el magnicidio por presión de El Mexicano: “Siento que le pesaba enormemente la muerte del doctor Luis Carlos Galán, le pesaba como remordimiento, como un paso terriblemente equivocado de su vida. El desespero era enorme. Henry me habla de los problemas, de las situaciones difíciles. Yo le pregunté, ¿a qué hora se metió usted en ese cuento del doctor Luis Carlos Galán? Me dijo usted no se alcanza a imaginar las presiones tan espantosas, eso era impresionante, usted sabe que al patrón mayor (Rodríguez Gacha que ya había muerto) con ese señor era muy complicado, mis compromisos con él eran enormes, él sostenía esta organización. Eso fue muy complicado porque desde el año 84-85 cuando él llegó aquí a comprar tierras, a nosotros se nos complicó la vida”.

No pasó mucho tiempo para que se disolviera la alianza perversa entre las autodefensas del Magdalena Medio y el Cartel de Medellín. El punto de quiebre fue la muerte de Gonzalo Rodríguez Gacha el 15 de diciembre de 1989, durante una operación militar y una persecución por tierra y aire cerca de las playas de Coveñas. El poder y control militar que hasta el momento había ejercido El Mexicano, fue copado por las autodefensas que no quisieron doblegarse ante los narcotraficantes. Henry Pérez y Pablo Escobar se convirtieron en enemigos acérrimos.

Pérez fue asesinado el 20 de julio de 1991 en las fiestas del Virgen del Carmen de Puerto Boyacá, por cuatro desconocidos -tres hombres y una mujer- que se ocultaron en una procesión que se dirigía a la iglesia de San José Obrero. Abrieron fuego contra el líder paramilitar, que se desplazaba en compañía de su esposa Luz Marina Ruiz de Pérez. Su muerte se dio, por coincidencia, poco después de dar la orden de dejar en libertad a diez hombres que habrían sido enviados hace un mes a la región por el Cartel de Medellín para desatar una escalada terrorista.

Ariel Otero, segundo comandante del estado mayor de las autodefensas, reemplazó a Pérez tras su asesinato, señaló a Pablo Escobar Gaviria como autor del crimen: “Lamentablemente y durante una actividad religiosa, mientras se celebraba la fiesta de la Virgen del Carmen, el comandante Henry Pérez con su familia asistía a una misa y tres sicarios del denominado Cartel de Medellín a órdenes del señor Pablo Emilio Escobar Gaviria, quien se encuentra en una cárcel de Envigado, asesinaron a nuestro comandante Henry de Jesús Pérez (…) esa masacre se la debemos a Escobar Gaviria y yo lo denuncio públicamente” .

876198

2019-08-16T17:07:14-05:00

article

2019-08-16T17:53:45-05:00

mosorio1_1652

none

Marcela Osorio Granados - @marcelaosorio24

Judicial

La conexión con las autodefensas del Magdalena Medio

53

10891

10944