“La conexión entre madre e hijo nunca termina”: madre de Sergio Urrego

Alba Reyes, la madre del joven estudiante que impactó a la sociedad cuando se suicidó, en 2014, acosado por el matoneo de las directivas y profesores del bogotano Gimnasio Castillo Campestre debido a su orientación sexual, habla de la segunda condena que le impuso la justicia a una de las responsables y de cómo ha sublimado su dolor.

“Se ha sentado un precedente y, tal vez, algunos colegios tienen mayor conciencia del cumplimiento de la ley de no discriminación”, opina Alba Reyes. / Oscar Pérez

La psicóloga Ibonn Andrea Cheque, que trabajaba en el Gimnasio Castillo Campestre, fue condenada esta semana. Pagará 35 meses de prisión después de aceptar su responsabilidad en discriminación y falsa denuncia. Para usted, ¿la condena es justa o laxa?

Me acojo a las decisiones de la ley colombiana. Tengo más esperanza en que lo que sufrió mi hijo trascienda y se refleje en la conducta de la sociedad, puesto que la condena y la cárcel no tienen efecto reparador por sí solas. Sirven como ejemplo para que la gente se eduque en el respeto por la diversidad, porque comportamientos como los que tuvo que padecer Sergio hacen imposible la protección de niños, niñas y jóvenes, y atentan contra los principios de pluralidad e inclusión en los ámbitos escolares. Casos como el de Sergio no deben volver a suceder, pero no por miedo de ir a la cárcel sino por convicción y educación.

Muy poco tiempo después del suicidio de Sergio, usted denunció el hostigamiento, entre otros, de la psicóloga condenada. ¿Por qué estaba tan segura de la persecución que esta profesional desató contra su hijo?

Entre los recuerdos más claros que tengo, es el de una noche en que Sergio, estando en casa conversando, me dijo: “Mamá, Ibonn me traicionó”. Él confiaba en ella por ser psicóloga y le reveló asuntos personales. Si un estudiante habla con el psicólogo del colegio sobre un tema íntimo, lo menos que espera es que guarde la confidencialidad que exige su historia clínica y cuide su privacidad. Pero ella hizo lo contrario: lo que Sergio le comentaba, se lo repetía a la directora. Ambas empezaron a sacarlo de clases junto con otros profesores; lo “desescolarizaban” sin que yo supiera y lo obligaban a hablar de su orientación sexual. Lo abrumaban con sus preguntas y no le permitían regresar al salón.

Y, usted, ¿por qué no intervino?

Porque él no me contó nada cuando eso estaba sucediendo, tal vez para no angustiarme más, pues ya nos habían llamado para ponernos condiciones con el fin de permitirle terminar el año, cuando solo estaba a cuatro meses de graduarse. Nos habían exigido llevar certificados clínicos en que constara que no tenía ningún problema. Cuando llegó con un dictamen de un psicólogo externo en que señalaba que era un chico normal, pidieron que lo cambiáramos por otro documento en que dijera lo que el colegio creía sobre Sergio. En este proceso, la psicóloga seguía haciéndose pasar por amiga suya pero se puso de acuerdo con la rectora para exigirles a los padres de la pareja de Sergio que presentaran una denuncia contra mi hijo por acoso sexual, a sabiendas de que se trataba de una relación consensuada. Ellos tuvieron que aceptar para que el otro joven pudiera continuar en el colegio.

Como madre, para usted debe ser muy difícil soportar la revisión de los hechos que seguramente incidieron en que Sergio se quitara la vida. ¿Tuvo que esforzarse para asistir a las audiencias oyendo los detalles del matoneo que sufrió?

Le confieso que tuve que salir de la audiencia de la psicóloga para poder respirar. Por momentos sentía que no podía seguir escuchando. Pero tengo la esperanza de que ella cumpla lo que prometió: ser testigo en contra de Amanda Castillo, la rectora que lideró el matoneo que sufrió mi hijo.

Como reparación para su dolor, tal vez es más importante el compromiso que hizo la recién condenada, de pedirle públicamente perdón a usted y a su familia. ¿La alivia ese acto?

Por supuesto. Ni siquiera para darme explicaciones a mí, sino a los jóvenes y niños de orientación diversa a quienes ella también les falló cuando incumplió las normas de la ética profesional. Es una ofensa que trasciende lo personal. Y es una oportunidad para que el mundo adulto reflexione sobre el maltrato a que somete a los jóvenes y la violación a los derechos que comete cuando les niega el derecho a la educación y al libre desarrollo de la personalidad. En ese sentido, el acto de perdón le hace honor a la memoria de Sergio, pero repara a todos los jóvenes que han sido víctimas de discriminación.

Esta es la segunda condena por el caso de Sergio. En la primera, Rosalía Ramírez, veedora del Gimnasio Castillo Campestre, también aceptó su responsabilidad ¿Qué ha pasado con ella?

Está cumpliendo su pena en casa por cárcel y también se comprometió a ser testigo en el proceso abierto contra la rectora.

En vista de que la rectora, que también es propietaria del colegio, no ha aceptado responsabilidad y niega los hechos, ¿cree que todavía falta por conocer la verdad?

Hay seis carpetas de investigación cuyo contenido no conozco a cabalidad. Es posible que me entere, más adelante, de datos que aún no he descubierto. Mi duelo ha sido fraccionado: cada vez que tengo que ir a una audiencia, mis sentimientos se remueven. Aprendes a vivir así pero es muy doloroso. La conexión entre madre e hijo nunca termina.

De acuerdo con lo que usted ha podido aprender del tema, en términos generales, ¿los discriminadores son los compañeros de los jóvenes con orientación diversa o son las directivas y profesores de los colegios?

La discriminación no solo se practica entre pares, cuando hay matoneo entre compañeros de colegio, sino que también se da, frecuentemente, en los adultos. Sergio fue acosado por docentes y directivos, y quienes lo apoyaron fueron los jóvenes.

¿Se ha reconciliado con la vida o no ha llegado ese momento?

He superado mi dolor a través de la Fundación Sergio Urrego que inicié en 2015 para recordar el primer aniversario de su partida. Es difícil empezar estas actividades y adquirir reconocimiento pero, hoy, es el motor de mi vida, como lo era Sergio y seguirá siéndolo en esta actividad. Con la fundación queremos proteger a los niños y niñas para evitar que atenten contra su vida en situaciones similares a la que padeció Sergio. Cuando constato que hay vidas que se pueden salvar, siento un gran alivio.

Después de la ausencia de su hijo y de asistir a las audiencias judiciales, ¿cuál es la batalla más difícil que ha tenido que enfrentar?

Ver cómo ha ido disminuyendo la salud de mi mamá. Nuestra familia estaba compuesta por nosotros tres. Después de que Sergio murió, ella quedó muy mal. Verla así, también ha sido duro. Y, además, también ha sido difícil manejar los sentimientos cuando leo y veo lo que publican los medios que van informando y juzgándonos sin conocer la realidad. Que te culpen, que te señalen por rumores seguramente difundidos de manera interesada, es triste a pesar de que mi conciencia de madre está tranquila.

A partir del caso Sergio Urrego, ¿los colegios se han hecho conscientes del problema de matoneo en las aulas relacionado con la orientación sexual?

Se ha sentado un precedente y, tal vez, algunos colegios tienen mayor conciencia del cumplimiento de la ley de no discriminación, pero se avanza lento. La sentencia de la Corte Constitucional que ordenó, a raíz del caso de Sergio, que en el término de un año se establecieran y revisaran los manuales de convivencia de los colegios, también es un avance, aunque hoy, tres años después, solo ha sido examinado el 28 %.

 

Habla Samuel Escobar, abogado de Colombia Diversa

“Obligado a ir a terapias de ‘reorientación’”

¿Para la justicia es un hecho que Sergio fue impulsado a quitarse la vida por el acoso que sufrió?

Lo que se puede afirmar es que se encuentra plenamente probado que Sergio Urrego fue sistemáticamente discriminado por las directivas del Gimnasio Castillo Campestre, por su orientación sexual. El suicidio de Sergio es una consecuencia de dicha discriminación, aunque se debe aclarar que el mismo no es objeto de debate dentro del proceso penal.

¿Por qué las condenas de la veedora y de la psicóloga del colegio son tan bajas, si por muchos meses negaron los hechos?

Las señoras Rosalía Ramírez e Ibonn Andrea Cheque se han acogido a un mecanismo de terminación anticipada del proceso penal, aceptando su responsabilidad. Se comprometen también al esclarecimiento de los hechos, motivo por el cual han recibido una rebaja punitiva, así como la suspensión condicional de la ejecución de la pena. Para la familia de Sergio y para Colombia Diversa, el objetivo principal siempre ha estado en que se reconozca la verdad de los actos de discriminación de los cuales fue víctima Sergio.

¿Por cuáles delitos fueron condenadas las dos profesionales del colegio?

Rosalía Ramírez (veedora) fue condenada por discriminación agravada y ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material probatorio. Ibonn Andrea Cheque (psicóloga) recibió condena por discriminación agravada y falsa denuncia contra persona determinada. En lo que respecta a los delitos de discriminación, son sistemáticos los actos que se ejecutaron en contra de Sergio. El ocultamiento o destrucción de material probatorio se cometió, una vez Sergio perdió la vida, cuando desde el colegio se pretendió ocultar la verdad alterando y escondiendo pruebas. Por último, la falsa denuncia se produce cuando se denunció a Sergio por acoso sexual a su pareja a sabiendas de que no era cierto, pues se trataba de una relación consentida.

¿Cómo y en cuáles etapas sucedieron los hechos de discriminación que padeció Sergio?

Sergio se da un “pico” (término de uso juvenil) con su pareja. Una compañera de estudios les tomó una foto con su celular en ese momento. Un docente obligó a la compañera de Sergio a desbloquear el celular, vio la foto e informó a las directivas del colegio. Éstas calificaron ese “pico” como una “manifestación de afecto obscena o grotesca” y citaron a los estudiantes a reunión. En desarrollo de ésta, Sergio y su pareja explicaron, valga la redundancia, que eran pareja. A los adolescentes se les obligó a: 1. Informar a sus padres de su orientación sexual. 2. Dejar de verse. 3. Asistir a sesiones de “psicoorientación”. Incrementan estas exigencias, abiertamente violatorias de sus derechos, con interrupciones constantes de las jornadas académicas de Sergio y con la falsa denuncia que se presenta en su contra.

¿Colombia Diversa conoce otros casos similares al que padeció Sergio o este es un caso excepcional?

No es excepcional. Conocemos a otros jóvenes que han sido víctimas de acoso y que han sido sometidos a terapias de “reorientación”. Continuamos trabajando para que no vuelvan a ocurrir. Haciendo seguimiento a las órdenes de la Corte Constitucional en el fallo que declaró que Sergio fue discriminado, hemos solicitado información al Ministerio de Educación sobre casos de acoso escolar respecto de personas LGBT. Nos ha informado que no es posible realizar tal medición. Por su parte, Colombia Diversa realizó una encuesta online, en el año 2015, a 581 estudiantes LGBT entre los 13 y 20 años de la mayoría de las regiones. Un 67 % manifestó sentirse inseguro en el colegio por razón de su orientación sexual, y un 54,8 % dijo que se sentía inseguro sobre cómo expresar su género.

Supone uno que la responsabilidad ineludible de este caso extremo de discriminación recae en la rectoría. ¿Por qué continúa sin ser condenada la rectora?

La rectora, Amanda Azucena Castillo Cortés, está siendo procesada y las señoras Rosalía Ramírez e Ibonn Andrea Cheque serán testigos de cargo (en su contra). Se espera que se fije fecha para audiencia preparatoria, después de la cual se realizará el juicio oral.

Otra es la responsabilidad que le cabría al colegio. ¿Ha tenido el gimnasio Castillo Campestre algún tipo de sanción?

Frente a las dos condenas que ya existen, hemos solicitado el inicio y trámite del incidente de reparación integral y se encuentra programada audiencia para el día 26 de octubre de 2017, ya que las anteriores audiencias no han podido realizarse por inasistencia de los representantes del colegio. Hemos solicitado, igualmente, que el gimnasio Castillo Campestre sea vinculado como tercero civilmente responsable. Tampoco puede olvidarse que fue sancionado por la Secretaría de Educación y que la Corte Constitucional ha sentenciado que, efectivamente, estos actos de discriminación fueron perpetrados por ese colegio.

Sergio Urrego, perseguido hasta el límite

Tristemente, el nombre de Sergio Urrego Reyes fue conocido en buena parte del mundo cuando se suicidó, después de haber sido víctima de homofobia y matoneo constante en su colegio, el Gimnasio Castillo Campestre, de Bogotá. El día en que se lanzó de la azotea del Titán Plaza, el 4 de agosto de 2014, probablemente ya había tenido tiempo de meditar sobre su futuro y debió creer que no tendría fuerza para soportarlo: dejó escritas unas frases que demuestran su desfallecimiento: “Espero que lean las palabras de un muerto que siempre estuvo muerto, que caminando al lado de hombres y mujeres imbéciles que aparentaban vitalidad, deseaba suicidarse”. Estas palabras de un chico de 16 años, desesperado en su adolescencia y en la soledad de su homosexualidad rechazada en un centro antieducativo de crueldad inusitada, fueron aprovechadas para tergiversar los hechos por la rectora, líder de la persecución violenta, según se demostró con las condenas a dos de sus asistentes cercanas. De manera increíble, tres años después de probarse que hubo hostigamiento, presión ilegal a la familia, denuncias falsas contra la víctima que terminaron de minar su vida y ocultamiento de evidencias, la justicia no concluye su tarea.