La cuota de la casa Char que quería llegar al Congreso con el apoyo de Aida Merlano

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Lillibeth Llinás fue la fórmula a la Cámara de Representantes de Aida Merlano en el Atlántico y está llamada juicio por el mismo caso de corrupción electoral.

Para las elecciones legislativas de 2018 dos de las casas políticas más poderosas del Caribe, los Gerlein y los Char, llegaron a un acuerdo. Luego de que Julio Gerlein renunciara a perseguir su tradicional escaño al Senado, se concertó que Aida Merlano, hasta entonces representante a la Cámara, aspiraría a ese cargo con una fórmula charista acompañándola en la cámara baja: Lillibeth Llinás. Las candidatas compartieron sede de campaña, la famosa Casa Blanca, en la que se encontraron las pruebas que sirvieron para condenar a 15 años de prisión a la fugada y recapturada Merlano. Llinás, sin embargo, ha pasado de agache.

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En la declaración que dio Merlano el pasado 6 de febrero en Venezuela, se refirió al operativo que adelantó la Policía en su sede de campaña en Barranquilla, en el que se encontraron certificados electorales, copias de cédulas, altas sumas de dinero en efectivo y hasta armas. “Me implicaron a mí sola”, dijo la excongresista, quejándose de ser la única condenada por el caso de corrupción electoral, cuando las pruebas en su contra son las mismas que en contra de la excandidata Llinás, su hermano el diputado Adalberto Llinás, los congresistas Laureano Acuña y Arturo Char, y el presunto financiador de este entramado, el empresario Julio Gerlein.

Lo cierto es que Llinás ya fue llamada a juicio por la Fiscalía en el caso de la operación Casa Blanca. Según el ente investigador, sería responsable de los delitos de concierto para delinquir y corrupción al sufragante. Los mismos que a Merlano, aunque a la fugada excongresista le encimaron tenencia ilegal de armas, por el armamento que se encontró en la sede de campaña que, de nuevo, compartía con Llinás. El proceso está ad portas de empezar las audiencias preparatoria para juicio y, mientras todo avanza, Llinás fue dejada en libertad, luego de que un juez concluyera que no había méritos para inferir que la mujer fuera a reincidir.

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Esta mujer, poco conocida en la política nacional, llegó a ser la coequipera de Merlano en el Atlántico, según la Corte Suprema, por un acuerdo al que llegaron las dos casas políticas que cada una representaba. Según reza la sentencia que condenó a Merlano, luego de que Gerlein declinara su aspiración al Senado y se decidiera en su casa apoyar a su joven relevo, “hicieron coalición con la familia Char con miras a obtener votos en otros departamentos como Bolívar y Magdalena, con el compromiso de que Aida Merlano apoyara a Lilibeth Llinás como su fórmula a la Cámara de Representantes por el partido Cambio Radical”.

La Silla Vacía le hizo seguimiento a ese acuerdo y encontró que la fórmula se pactó “por debajo de la mesa porque ambas estaban avaladas por partidos diferentes y podían caer en doble militancia: Merlano por el conservador y Llinás por Cambio Radical”. Esa versión la siguió también la Corte Suprema. Según el alto tribunal, uno de los hombres que participó en el entramado de corrupción electoral de Merlano dio fe de haber presenciado el pacto. “En concreto (el testigo) hizo referencia a una reunión que tuvo lugar a finales de octubre de 2017 en la sede política de la acusada (Casa Blanca), con participación de ella y Arturo Char”.

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Es, entre otras cosas, por esta reunión, que la Corte al condenar a Merlano ordenó investigar al más joven de la familia Char, hoy congresista y uno de los nombres que más suenan para presidente del Senado. Según encontró el alto tribunal, fue en ese encuentro que “se concertó el apoyo que ofrecerían los dos clanes políticos (Char y Gerlein) para que la aforada (Merlano) llegara al Senado y a la Cámara de Representantes, Lilibeth Llinás”.

Según la Corte, cada una de las más de 15 personas involucradas en el entramado que se descubrió al allanar Casa Blanca jugó algún rol en el esquema de compra de votos. “En la cúspide de la organización se encontraban particulares y funcionarios públicos, la mayoría políticos (como Merlano); luego figuraban los coordinadores y líderes de la comunidad quienes se encargaban de conseguir los votantes dispuestos a recibir dinero por el sufragio para los diferentes cargos de elección popular; y por, por último, los didactas y punteadores, dedicados a ilustrar a los electores de cómo sufragar y controlar el número de votos obtenidos”, dice la sentencia que condenó a Merlano.}

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Del rol que pudo jugar Llinás en el entramado de corrupción electoral, sin embargo, poco se sabe al momento. La mujer estuvo casada con el exconcejal Carlos Rojano quien también estuvo casado con Aida Merlano, hace unos diez años y padre de la hoy congresista por el partido Cambio Radical Karina Estefanía Rojano. A pesar de haber recibido el impulso de la maquinaria de los Char y de haber estado cerca del esquema de compra de votos montado para elegir a Merlano, Llinás se quemó. No le alcanzaron los más de 47.000 votos que obtuvo el 11 de marzo de 2018 y ahora enfrenta un juicio por corrupción electoral.

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