La defensa de los Escobar en el lío judicial en que resultaron implicados en Argentina

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La semana pasada, María Isabel Santos y Juan Sebastián Marroquín (viuda e hijo de Pablo Escobar) fueron llamados a juicio por los negocios que hicieron con José Bayron Piedrahita. La justicia argentina sostiene que ellos sabían que estaban ayudando a un hombre cuyo plan era blanquear su capital ilícito en ese país.

“Los emprendimientos ganaderos de José Bayron Piedrahíta aparecían en las revistas económicas de la región (…) su solvencia económica era un hecho público en Colombia”. “Mis valores no me permitirían insultar a mi hijo con un comportamiento tan reprochable como el de traer un narcotraficante a lavar su dinero en la Argentina”. De esa manera María Isabel Santos y Juan Sebastián Marroquín le respondieron a la justicia argentina cuando esta los cuestionó por sus nexos con José Bayron Piedrahíta, quien hace poco volvió al país tras pagar una condena en Estados Unidos. (José Bayron hermalogró esquivar una gran condena por lavado de activos en EE.UU.)

Sus testimonios quedaron plasmados en una providencia judicial de 122 páginas, conocida por este diario, en la cual un juez de Argentina determinó que la investigación por lavado de activos contra nueve personas, cuatro de ellos colombianos, debía pasar a juicio. La decisión, revelada por este diario, es del pasado 3 de junio. Santos, quien en Colombia fue conocida como Victoria Henao, viuda de Pablo Escobar, y Marroquín, hijo del capo del cartel de Medellín, están en esa lista de acusados, al igual que el “Chicho” Serna y José Bayron Piedrahíta. Para este juzgado, ellos tres fueron piezas esenciales en el entramado con que Piedrahíta trató de blanquear capital suyo relacionado con el mundo del narcotráfico.

Como ya es sabido, la esposa y los hijos de Pablo Escobar huyeron de Colombia después de que el jefe del cartel de Medellín muriera en un enfrentamiento con las autoridades en Medellín, el 2 de diciembre de 1993. En Argentina, país que los acogió, modificaron sus identidades y empezaron una nueva vida. María Isabel Santos le contó a la justicia argentina que cuando llegó no conocía a nadie, por lo que el esposo de una de sus hermanas viajó a Buenos Aires para ayudarlos. Ese cuñado la contactó con otro colombiano que, a su vez, le presentó a su abogado, Mateo Corvo Dolcet, otro de los implicados en este expediente.

La justicia argentina sostiene que Piedrahíta se metió en el sector inmobiliario, en asocio con Corvo Dolcet, y en los de gastronomía y entretenimiento, junto con Antonio Ruiz, para blanquear sus activos. La intermediaria para que Piedrahíta y Corvo Dolcet se conocieran, lo han admitido los tres, fue la viuda de Pablo Escobar. María Isabel Santos declaró que conoció a Piedrahíta en un evento que ella misma organizó para buscarle inversionistas a un proyecto de su hijo en Buenos Aires y que, antes de ir a Medellín, se había visto con Corvo Dolcet, quien le habló de una iniciativa inmobiliaria enorme que estaba liderando en un sector llamado Pilar.

Al evento llegó Piedrahíta por recomendación de Luz Marina Henao, una hermana de Santos. El propio Piedrahíta explicó que su esposa era amiga de Henao y que, al hablarle de las intenciones de su marido de radicarse en Buenos Aires e invertir allí, Henao le sugirió que asistiera al evento que su hermana iba a realizar en el hotel Dann. Juan Sebastián Marroquín, por su parte, explicó que su tía y la esposa de Piedrahíta se conocían porque la primera le había dado clases de cerámica a la segunda, había decorado algunas fiestas para ellas y había redecorado algunas de sus propiedades. Luego, Piedrahíta viajó a Buenos Aires. (José Bayron Piedrahíta y los socios con los que quiso triunfar en Argentina)

Fue en 2007. Piedrahíta viajó a una feria ganadera en Buenos Aires y se vio con la viuda de Escobar, a quien, dice ella, él le pidió que le ayudara a explorar opciones de inversión. En 2008 volvió a viajar con su familia y tanto Santos como Marroquín declararon que él era un hombre bien relacionado, que mostraba tener “fondos bancarizados” -a diferencia de quienes viven en la ilegalidad y tienen sus recursos en caletas, por ejemplo-. Piedrahíta “tampoco parecía guardar algún tipo de semejanza con el estereotipo de “narcotraficante colombiano” sumamente conocido y divulgado en el mundo”, señaló Juan Pablo Marroquín.

Santos presentó a Piedrahíta con Mateo Corvo Dolcet. Según este empresario argentino, ahí comenzaron sus negocios “legales”: Piedrahíta compró acciones en algunas de sus sociedades y se hizo el acuerdo previo con los Escobar de que, por cada transacción entre Piedrahíta y Corvo Dolcet, ellos recibirían el 4,5 % de comisión. Según la viuda de Escobar, después no volvió a tener contacto con Piedrahíta y Corvo la defraudó con su supuesta falta transparencia con respecto a la comisión pactada. Nunca le pagó más de US$5.000 por comisión y cada vez lo hacía más espaciado en el tiempo.

“Tras la insistencia suya y la de su hijo, Corvo Dolcet le efectuó una rendición de cuentas casera de lo invertido por Piedrahita, y que el equivalente al 4.5% de esa inversión eran US$ 101.950 dólares estadounidenses, cuyo saldo final fue abonado a inicios del año 2011”, dice el documento judicial argentino. En la casa de Corvo Dolcet las autoridades hallaron el documento que firmaron este y los Escobar sobre las comisiones que ellos recibirían por cada inversión de Piedrahíta. Para la justicia argentina, se trata de una prueba que apunta a que los Escobar sí ayudaron a Piedrahíta a blanquear su capital en Argentina.

Juan Sebastián Marroquín declaró que él hizo una búsqueda en web acerca de Piedrahíta, en razón a que entonces escribía un libro sobre Pablo Escobar, y que no dio con “ninguna noticia que (vinculara) a Piedrahita como amigo o enemigo de su padre”. La justicia argentina mantiene que Marroquín compró el apartamento en el que vive con su esposa y su hijo también con dineros calientes. Él sostiene que no es cierto, que su madre le entregó el dinero de una comisión que ella se ganó con un negocio de bienes raíces que nada tenía que ver con Piedrahíta, el cual fue declarado ante el fisco argentino en 2011, aseguró él.

En resumen, tanto la viuda como el hijo de Pablo Escobar aseguraron que ellos ejercieron como intermediarios de un hombre que en Colombia tenía buena reputación, pero que no sabían que el patrimonio de Piedrahíta. Este mismo declaró que él nunca tuvo nexos con el cartel de Medellín, pero contó que sus hermanos Óscar y Sotelo Piedrahíta sí los tuvieron y que a ellos los mandó matar Escobar en el año 87. “A Sotelo lo desaparece (…) al otro lo cuelga de un puente”, confesó Piedrahíta, quien explicó que a raíz de esos episodios se fue a Cali a buscar refugio y a entablar relación con Gilberto y Rodríguez Orejuela, para “combatir a Pablo”.

Cuando Escobar murió, la gente del cartel de Cali llamó a su esposa a rendir cuentas por los “gastos” que su esposo había generado en la guerra a muerte que mantenían ambos carteles. Le exigieron las propiedades que su esposo consiguió a lo largo de su vida con el tráfico de estupefacientes. Fueron varias las reuniones con ella y en una, coincidieron Victoria Henao (o María Isabel Santos) y José Bayron Piedrahíta. Casi dos décadas después, Piedrahíta les contó a ella y a su hijo sobre los hermanos que Escobar le arrebató. “Ellos no sabían nada”, aseveró Piedrahíta. Pero, dijo también, “sí sabían” de al menos “comentarios” de que él perteneció al cartel de Cali.

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