La menor está en un centro psiquiátrico

La disputa mágico-jurídica de dos padres por la custodia de su hija

Dos padres llevan 16 años enfrentados por la custodia de su hija. Al padre, recientemente absuelto por violencia intrafamiliar, lo acompañan la mayoría de las decisiones judiciales. A la madre, su devoción por el culto a Regina 11.

Laura* ya tiene 16 años y la disputa por su custodia tiene su misma edad. /iStock

Ricardo Abraham* carga a donde va, además de la cara de un hombre que lo ha perdido todo, una maleta llena de papeles. Demandas, sanciones, nulidades, tutelas y grabaciones de audiencias son algunos de los documentos que no abandona, porque en todos la justicia le da la razón: su hija Laura* debería estar con él y no con la madre, Miriam Basto*. Ambos son abogados. Él era docente universitario y ella dirige una organización dedicada a hacer veeduría ciudadana. Su disputa por la custodia de Laura se ha convertido en una guerra de juzgado en juzgado. La batalla más reciente la ganó Abraham: acaba de ser absuelto del presunto delito de violencia intrafamiliar.

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La pelea legal tiene la misma edad de Laura: 16 años. Abraham y Basto nunca fueron pareja y desde que nació su hija comenzaron las discusiones sobre quién se quedaría con la niña y también por motivos religiosos, pues Basto es fiel adepta al culto de Regina 11, la exsenadora que asegura tener poderes mágicos. Los primeros años, la madre dejaba que el padre viera a Laura en un centro comercial por un par de horas, pero después ni eso. Abraham la demandó y, tras un largo proceso, en el que un perito dictaminó que la mujer tiene “rasgos de personalidad narcisista y obsesiva”, un juez de familia reglamentó las visitas en 2008: cada fin de semana y vacaciones, Laura tiene derecho a estar con su padre. Basto no estuvo de acuerdo y empezó Troya.

Desde entonces, de su conflicto han conocido ya comisarios de familia, jueces y hasta magistrados de la Corte Suprema de Justicia, porque Basto insiste en que es la víctima en el caso. No obstante, en 2017, una comisaría de familia encontró que Basto maltrataba a Laura, con lo cual le entregó, por enésima vez, la custodia de urgencia a Abraham y le advirtió a la madre que podría ser sancionada si reincidía. Así, durante algunos meses, Laura estuvo en la casa de su padre, pero Abraham pronto se dio cuenta de que su hija estaba “buscando pruebas” para incriminarlo por algún tipo de delito y enviarlo a la cárcel.

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La comisaría de familia comprobó lo que denunciaba Abraham y, en abril de 2018, concluyó que ejercer ese tipo de presiones sobre su hija era una nueva forma de violencia que había ideado Basto. Por esto, la encontró en desacato de la orden que le había dado unos meses antes y la multó. Basto apeló, pero un juez de familia reiteró la decisión, a lo que la mujer puso una tutela que llegó a la Corte Suprema de Justicia. La mujer alegaba que la multa de más de $5 millones que le había puesto la comisaría era exagerada, que ella debía ser juzgada “con enfoque de género” y que además le estaban vulnerando los derechos fundamentales a ella y a su hija.

La Sala Civil del alto tribunal negó la tutela en febrero de este año y dejó en firme la sanción. Además, los magistrados le explicaron a la madre que esta herramienta de protección de derechos fundamentales no se debe usar cada vez que sienta que las decisiones judiciales no se acomodan a su parecer. “El solo hecho de que la decisión hubiese resultado adversa a los intereses de (Basto) puede, en modo alguno, considerarse por sí mismo un actuar discriminatorio”, se lee en el fallo, con ponencia del ahora presidente de la Corte Suprema de Justicia, magistrado Álvaro García.

Esa es apenas una de las vetas de este proceso. Por otro lado, están las acciones penales que han tomado Basto y Abraham en su disputa. Según una consulta del sistema interno de la Fiscalía que conoció este diario, hay registro de por lo menos trece denuncias en contra del padre de Laura, por toda clase de delitos. Desde el año 2005, Basto lo ha denunciado por violencia intrafamiliar, fraude a resolución judicial, falsa denuncia, fraude procesal y hasta por inasistencia alimentaria. Sin embargo, solo un proceso ha culminado, otro más ha avanzado hasta la imputación y el resto se han quedado en los anaqueles del ente investigador en fase de “indagación preliminar”.

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El único proceso penal que ha culminado es uno por violencia intrafamiliar. Según le dijo Basto a la Fiscalía en 2016, Abraham ejercía sobre Laura “agresiones psicológicas” que le resultaban insoportables a su hija. Pero, según le dijo el padre a este diario, la denuncia la interpuso la madre en 2015, como una represalia a que una comisaría de familia le había dado a él la custodia de urgencia de la niña unas semanas antes, porque Basto la había sacado del colegio, dejándola sin estudio. De lo que no hay duda, porque aparece en el acta de la audiencia, es que Procuraduría, Fiscalía y hasta el abogado público que defendía a Laura pidieron absolver a Abraham.

El pasado 25 de septiembre concluyó la pesadilla: Abraham supo que sería absuelto. El padre no solo sufrió el proceso porque consideraba que la denuncia era falsa, sino porque en cada audiencia tenía que soportar a los “maestros” de Regina 11 que acompañaban a Basto a la audiencia. Cada que el abogado de Abraham hablaba, los “maestros” comenzaban a susurrar en lenguas y a hacer gestos, hasta que el padre se cansó. En una audiencia, llegó él también con su equipo: un pastor cristiano y un sacerdote exorcista, que hicieron lo propio cuando veían el actuar de los acompañantes de Basto. “Fue un juicio del bien contra el mal”, cuenta el abogado.

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Todavía está pendiente la audiencia en la que le leerán la sentencia, que confirmará que es inocente. Sin embargo, desde ya Abraham celebra su triunfo, porque entre esta costumbre de más de una década de ir de juzgado en juzgado, se alegra cuando puede. Mientras tanto, Laura ya tiene 16 años y en los últimos días tuvo que ser internada en un centro psiquiátrico. En una de sus últimas declaraciones, le dijo a la Fiscalía que, aunque quería a sus padres, le gustaría que no discutieran tanto, ni que se trataran en términos despectivos. Asimismo, advirtió que ya le da miedo cómo reacciona su madre cuando se molesta, y también sugirió que su padre debería ir al psicólogo.

*Nombres modificados por protección de la menor de edad.

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Felipe Morales Sierra - @elmoral_es

Judicial

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