Un kilo puede valer hasta US$250.000

La droga que navega en el mar de Colombia

Las embarcaciones que usan los narcotraficantes pueden transportar en promedio una tonelada de coca. Colombia y Estados Unidos consideran que su programa conjunto de incautación de droga ha sido realmente exitoso.

En el Caribe la Armada, lleva en este año incautadas 52.5 toneladas. / Cortesía

En Cartagena, el pasado 7 de diciembre se reunieron los fiscales generales de Colombia, Néstor Humberto Martínez; de Estados Unidos, Jeff Sessions; y de México, Alberto Elías Beltrán, quienes entregaron un declaración conjunta. El documento enfatiza, además del intercambio de información y las estrategias en priorizar y colaborar, en la interdicción de cargamentos de narcóticos. En esta declaración se habló de la importancia de la capacitación, tema que ya se desarrolla con la Escuela Internacional de Guardacostas, en donde se han capacitado 350 oficiales de 27 países como, Chile, Ecuador, Mexico Estados Unidos , Costa de Marfil entre otros. ( Le puede interesar: Los negocios del jefe del cartel de Sinaloa con narcos colombianos)

En el mar la lucha contra el narcotráfico es muy diferente a la que se hace en tierra. El valor del clorhidrato de cocaína va aumentando a medida que se va alejando de la zona de producción. Los dos océanos de Colombia han sido rutas especiales para los grupos delincuenciales y varios aspectos pueden jugar a su favor, siendo el más importante la inmensidad del mar. Las embarcaciones, llamadas “langosteras”, son tripuladas por nativos que conocen muy bien el área a navegar, van sin ninguna medida de seguridad y pueden transportar en promedio una tonelada de coca, y unas lanchas más pequeñas llevan entre 400 y 500 kilos. Por lo general, son reaprovisionadas de combustible en alta mar y, dependiendo de la ruta, hacen escalas. En el Caribe los destinos con la droga son Centroamérica o México. (En contexto: Producción de cocaína en Colombia aumentará en 2017: EE.UU.).

Desde 1997, los gobiernos de Colombia y Estados Unidos consolidaron el Acuerdo de Interdicción Marítima, una cooperación mutua para desarrollar operaciones en la lucha contra el tráfico ilícito en el mar. “No solo narcóticos sino también tráfico de divisas, inmigrantes ilegales o cualquier actividad que quiera utilizar los espacios marítimos, su alcance es más allá del mar territorial de las partes” afirma el contralmirante Gabriel Pérez Garcés, Comandante de la Fuerza Naval del Caribe, en entrevista para El Espectador.

Un aspecto que dificulta la tarea es la dimensión del mar: en el Caribe, la Armada tiene una responsabilidad en línea de costa de 1.600 kilómetros y cada punto en tierra es un posible lanzamiento de lanchas del narcotráfico. Sin embargo, para el alto oficial, el tratado ha sido muy beneficioso para las dos partes. “Las incautaciones han demostrado la eficiencia del acuerdo. En 2016 tuvimos un pico significativo de 55,3 toneladas, y este año llevamos 52,5 toneladas. El año pasado, 26 toneladas fueron incautadas con base en el acuerdo marítimo y el resto por fuerza propia. Este año cambió un poco la dinámica: se tienen 38 toneladas incautadas en el marco del acuerdo”.

La labor en el mar para detectar y capturar a narcotraficantes en las operaciones de interdicción marítima se conoce como el trinomio operacional: una unidad de superficie —por ejemplo una fragata—, una unidad de reacción rápida —una lancha de guardacostas con la velocidad para la interdicción— y plataformas aéreas como helicópteros o aviones del gobierno colombiano o de Estados Unidos. “Esta integración de las unidades se hace a través del nuevo sistema de radares que funciona en todo el caribe colombiano” sostiene el capitán de navío, Camilo Gutiérrez, comandante de guardacostas del Caribe, quien afirma que el valor de un kilo de cocaína, donde se produce, cuesta aproximadamente US$3.000 dólares; cuando está en la Costa ya vale casi el doble, y en Centroamérica puede costar US12.000 dólares. En Australia, el precio rondar los US$250.000.

Colombia limita en el caribe y en el Pacífico con 9 países, y en cada mar la navegación es muy diferente. Los dos océanos representan aproximadamente el 44 % del territorio nacional. A partir de las líneas de base establecidas el mar colombiano se extienden 12 millas náuticas en lo que se denomina mar territorial. Terminado este mar, empiezan las aguas internacionales, en donde toma su esencia el tratado de interdicción marítima. Las distancias en el Caribe son cerradas y las lanchas navegan muy rápido, a velocidades entre 40 y 50 nudos, lo que hace que la oportunidad sea más corta. (Lea: El balance de Naranjo en la lucha contra los cultivos ilícitos).

La captura en el mar es un proceso que dista mucho de los procesos en tierra. Algunos narcotraficantes, al notar la presencia de la unidad de guardacostas o las plataforma aéreas, botan la droga al mar, una situación que busca la pérdida de la flagrancia y los arrestos de inmediato. Sin embargo, dice el comandante de guardacostas, “es posible lograr esta judicialización a través de los videos desde plataformas aéreas , testimonios de pilotos y el sistema de control marítimo”.

En 2012 se tomó una decisión vital para la Armada: se modificó el Código de Procedimiento Penal y se reconoció el procedimiento de interdicción marítima. Para efectos prácticos, se declaró que el tiempo para poner a disposición a las personas capturadas en altamar, que es un periodo de 36 horas, ahora empieza a contarse en los casos de trafico de estupefacientes con la llegada a puerto. Este año se logró que la actividad de pesca ilegal tuviera las mismas condiciones.

En los últimos 5 años se han incautado 138 toneladas de cocaína amparadas en el acuerdo marítimo y 82 toneladas con esfuerzo propio de la Armada”, afirma el Almirante Pérez, una tarea que sigue todos los días en un negocio que cree que en el mar todo se puede.