"La gente conocía el coraje de Eduardo Umaña, por eso lo buscaban": magistrado francés

Ante las amenazas contra su vida, pedimos protección para él. Solo una vez la aceptó, cuando Danielle Mitterrand, primera dama de Francia, directamente le pidió a la primera dama de Colombia, Ana Milena Muñoz de Gaviria, que lo protegiera.

Eduardo Umaña fue un hombre comprometido con la vida, y con las causas en que él creía: la libertad en todas sus formas, la justicia social, los derechos humanos. Su compromiso era total, entero y sin vacilaciones. Él no admitía concesiones o soluciones a medias. Consagraba su vida a su labor de abogado, me atrevería a decir a su sacerdocio de jurista. Para mí, Eduardo era el abogado, dispuesto a pelear hasta lo que permitía su energía, que era inmensa… hasta el sacrificio de su vida. Él sabía perfectamente que estaba amenazado, que su vida estaba en peligro permanente, y conocía sus enemigos.

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Ante las amenazas contra su vida, pedimos protección para él. Solo una vez la aceptó, cuando Danielle Mitterrand, primera dama de Francia, directamente le pidió a la primera dama de Colombia, Ana Milena Muñoz de Gaviria, que lo protegiera.

El derecho a la defensa, que hace parte de los derechos fundamentales, no era para Eduardo un concepto abstracto, era lo que guiaba su vida. Él era audaz, generoso, intransigente. Defendía las causas más difíciles, presos políticos, sindicalistas, líderes sociales amenazados, víctimas, defendía causas que los otros abogados no se atrevían a aceptar, por miedo, por falta de audacia o por cualquier pretexto. La gente en dificultad sabía eso, conocía su compromiso y su coraje y, por eso, acudía a él. 

Para citar un ejemplo de su audacia, entre muchos, un día que tenía que visitar varios presos, y me propuso acompañarlo a la cárcel de La Picota. Yo no tenía ningún mandato de misión internacional, ni motivo especial de visitar a los presos y le comenté mi preocupación. Él insistió. Cuando llegamos a la cárcel, el personal penitenciario lo saludó con respeto, y aceptó sin vacilar que un juez extranjero, como era yo, visitara con él varios presos.

Me impactó el respeto que le tenían tanto el director de la cárcel como a los guardianes. Me di cuenta de que sus contradictores también le tenían mucho respeto y una cierta admiración: los militares, oficiales superiores en particular, lo respetaban por su valor y su honestidad, posiblemente lo admiraban y lo temían: él se enfrentaba directamente con ellos por las violaciones de derechos humanos y no disimulaba. Por eso, se puede pensar tal vez que no le perdonaron haber descubierto el papel siniestro de las fuerzas armadas en varios crímenes, como las desapariciones de personas a raíz de la intervención del Ejército en el Palacio de Justicia en noviembre de 1985, después de la toma por el grupo armado M-19.

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Valor, audacia, pero también generosidad. Eduardo no pedía honorarios a los pobres que defendía, lo que me parecía admirable; a veces a personas con recursos tampoco les pedía remuneración por parecerles justa su causa. Tuvimos divergencias sobre esta última cuestión. Me parecía injusto que él tuviera una fragilidad económica, cuando podía normalmente pedir una justa remuneración para un trabajo intenso y una dedicación permanente. Pero entendí que él quería ser libre de la dependencia económica que hubiera podido generar tal dinero.

Eduardo Umaña fue y sigue siendo un modelo para muchos abogados, y sus discípulos siguen activos en la defensa de los pobres, los oprimidos, los perseguidos. No han olvidado sus lecciones ni su entrega a la defensa. Lo recordamos todos con cariño y admiración. 

*Philippe Texier es magistrado de la Corte de Casación de Francia. Dirigió la División de los Derechos Humanos de la Misión de Observación sobre el Salvador de la ONU, y actualmente es juez del Tribunal Permanente de los Pueblos.