Fue muy cercano a Guillermo Cano

La historia de Carlos Villalba y El Espectador

Como homenaje a la memoria del exmagistrado Carlos Villalba, fallecido el 22 de diciembre, este diario reproduce apartes de una entrevista inédita, en la que destaca su talante democrático y su amor por el país.

Carlos Villalba murió con 79 años en el hospital Bocagrande de Cartagena, el sábado pasado. / El Universal

A principios de 1975, con ocasión del natalicio número 150 del expresidente Rafael Núñez, el abogado Carlos Villalba Bustillo le envió desde Cartagena a Guillermo Cano un texto de cuatro cuartillas con la expectativa de que fuera incluido en el Magazín Dominical. Cinco meses después apareció el artículo, por lo que Villalba le envió una carta al director de El Espectador agradeciéndole el gesto. Ese fue el comienzo de una larga relación profesional y personal entre Villalba y Cano, y el comienzo también de su activa colaboración con el diario como editorialista.

(Le puede interesar: Murió el escritor y exmagistrado Carlos Villalba Bustillo)

En aquella época, Carlos Villalba vivía en Cartagena, donde había nacido en 1939, obtuvo su título como abogado y ya desarrollaba su trayectoria como académico, funcionario público y hasta presidente de la Liga de Béisbol de Bolívar. Después de esa primera publicación, Villalba recordaría que en 1978 escribió siete páginas contra el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. Se las mandó a Guillermo Cano y éste arrancó la publicación del texto en primera página y luego le dedicó una página universal completa. Semanas más tarde se conocieron en Bogotá.

Los presentó Ramiro de la Espriella, quien también hacía parte de la nómina de columnistas del diario. Fue entonces cuando Guillermo Cano le pidió una opinión semanal y luego lo invitó a hacer parte del consejo editorial, junto a personalidades como Alfonso Palacio Rudas, Jaime Pinzón López, Fabio Lozano Simonelli, Fernando Plata, José Salgar y Luis Gabriel Cano, entre otros. “Nunca hubo ni un asomo de censura. En El Espectador siempre hubo libertad para hacer editoriales. Cuando iba algo fuerte, Cano nos decía que le pusiéramos algo de blandura”.

(Lea "Desenfocados", la última columna que Villalba publicó en El Espectador este año)

La noticia del fatídico 17 de diciembre de 1986 la recibió cenando en la casa de un amigo en Cartagena. Entonces corrió a encontrarse con el corresponsal Antonio J. Olier, que le ratificó la información. Allá llegó también Ramiro de la Espriella, y ambos viajaron a Bogotá para asistir a las exequias. Villalba siempre recordó que le insistió a Cano en que tomara protección y él le contestó: “Una persona que hace lo correcto no tiene por qué albergar temor”. En adelante, tanto De la Espriella como Villalba siguieron en el consejo editorial que organizaron Juan Guillermo y Fernando Cano Busquets como nuevos directores.

Ese vínculo se sostuvo hasta 1998, cuando El Espectador cambió de dueños. En entrevista para este diario manifestó que, pese a que era amigo de Julio Mario Santo Domingo y que éste le insistió en que siguiera escribiendo, sus ocupaciones profesionales lo mantenían muy atareado. Fueron los tiempos en que ejerció como magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, sin interrumpir su actividad académica y asimismo persistiendo en la escritura, no solo periodística sino histórica y literaria. Siempre le gustó escribir poesía, tanto como cantar vallenatos y tangos.

El periodista y abogado Óscar Alarcón refiere que Villalba fue un gran escritor, “un hombre de prosa limpia que, a pesar de su condición de liberal, también era un defensor de la vida y obra del expresidente Rafael Núñez. De hecho, uno de los mejores perfiles del político cartagenero quedó configurado en su novela Wenzel”. En su momento, el escritor Roberto Burgos Cantor (quien falleció este año) recalcó que, además, en esa obra quedó retratada con precisión una época crucial de la historia colombiana, con los personajes como seguramente fueron.

(Lea: Wenzel, el Rafael Núñez de Carlos Villalba Bustillo)

Con el paso del tiempo, Carlos Villalba se hizo también columnista habitual en El Tiempo y El Universal de Cartagena. Con su característica mordacidad política y conocimiento de las realidades culturales de la región, el Caribe se vio representado en sus escritos puntuales. No obstante, su casa natural siempre fue la Universidad de Cartagena, donde ejerció desde profesor de cátedra hasta decano de la Facultad de Derecho y rector. Una intensa actividad que mantuvo paralela a su colaboración con El Espectador, que nunca se detuvo.