Estudió en la universidad con el presidente Iván Duque

La trasescena de la elección del fiscal

Francisco Barbosa llega con 46 años a ser el noveno fiscal general de la nación. El jueves en la noche ofreció un coctel en el norte de Bogotá tras ser elegido, y mientras unos dicen que el contralor apoyó sus intereses, otros niegan esa versión.

Francisco Barbosa fue elegido luego de ocho meses sin que hubiera fiscal en propiedad. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Fue una elección mucho menos atropellada de lo que se esperaba. Desde el pasado 3 de diciembre, cuando el presidente Iván Duque presentó a la Corte Suprema de Justicia su terna de candidatos a fiscal general, era claro que su apoyo, así no lo dijera abiertamente, recaía sobre su amigo y consejero para los derechos humanos, Francisco Barbosa Delgado. “Ahí no hay favoritismos”, dijo el primer mandatario desde Cartagena una semana después de haber presentado la terna, como queriendo disipar los rumores que estaban disparados en los corrillos políticos y judiciales de todo el país. De poco sirvió: todo el mundo sabía que, de su terna, el candidato del presidente Duque era Barbosa.

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Y fue, finalmente, a quien escogieron los magistrados de la Corte Suprema el pasado jueves 30 de enero, después de ocho rondas de votaciones. La incredulidad hacia ese alto tribunal, pues apenas tenía 16 magistrados para tomar la decisión -lo que requería un vencedor de forma unánime-, solo fue superada por el sorpresivo anuncio del humo blanco. La misma Corte que no logró escoger presidente apenas retomó actividades a comienzo de año, de repente, había elegido fiscal. “Eso fue lo que se hizo, lo que estamos haciendo y lo que vamos a continuar haciendo: comunicándonos, hablando, llegando a un entendimiento”, dijo su presidente encargado, el magistrado Francisco Acuña.

Quienes lo querían para fiscal celebraron la determinación de la Corte Suprema. “Es un académico absolutamente reconocido, que ha hecho un trabajo impecable en materia de derecho público”, le dijo a este diario un penalista y profesor universitario, quien prefirió omitir su nombre porque en su trabajo, inevitablemente, se cruza con la Fiscalía. “Es una persona muy estudiosa, muy inteligente, muy culta, sabe de derecho, de historia, de política, de geografía, es un tipo viajado, recorrido, que estudió en Francia, con doctorado en la Universidad de Nantes, un académico muy profundo. Quienes nos dedicamos a la academia conocemos su trabajo”.

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Su hoja de vida indicó que a la Fiscalía llega alguien con una pared llena de diplomas: dos maestrías y un doctorado; miembro de la Academia Colombiana de Historia, de la Academia Colombiana de Jurisprudencia y de la Academia Colombiana de Derecho Internacional. Nunca ha sido penalista ni se ha dedicado al litigio y su experiencia en ese campo se resume en un año que ejerció como fiscal especializado de la Unidad de Derechos Humanos, entre 2003 y 2004, cuando Luis Camilo Osorio era fiscal general. No será ni el primer ni el último fiscal general que llega a ese cargo sin que el derecho penal sea su fuerte. Pero “conoce la institución y sus problemáticas”, dijo otro abogado.

Fuentes le contaron a este diario que un hombre clave para la elección de Barbosa fue el contralor Carlos Felipe Córdoba, un hombre muy cercano de la justicia desde sus épocas como auditor: “Él se puso al frente del tema, hablando con algunos magistrados para ayudarle a abrir puertas”. En ese organismo trabaja su esposa, Walfa Téllez Duarte, y de la Contraloría habló Barbosa en sus primeras palabras como fiscal elegido: “Lo hemos visto en los últimos días en la Contraloría, que ha hecho una tarea importante en la denuncia de la corrupción. De nada nos sirve tener entidades del Estado que hacen trabajos importantes de control fiscal si la Fiscalía no trabaja de la mano”.

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Funcionarios cercanos a la Corte, y que conocen su trabajo muy de cerca, ponen en duda esa versión. Aseguran que Barbosa no necesitaba a Córdoba -de quien tienen la percepción de ser un tipo “muy decente”- para acercarse a los magistrados, pues la dinámica habitual es que los magistrados reciban a los ternados siempre. “Me parece que fue un proceso muy relajado, muy tranquilo. Los candidatos fueron muy amistosos entre ellos y a la vez hubo mucha fluidez en las relaciones entre candidatos y electores. Uno a veces salía (en el Palacio de Justicia) y los veía por ahí, o veía a los candidatos hablando entre ellos mientras esperaban magistrados”.

La elección de Barbosa se decantó desde la semana pasada. Cuando esa Sala Plena se disolvió, él tenía 12 votos a su favor, Clara María González tenía cuatro y Camilo Gómez ya no figuraba en el mapa. “Hablé con él de libros, de novelas, del país. Es un hombre con unas sensibilidades que no tienen los técnicos”, le dijo a El Espectador un magistrado, quien asegura que nunca vio al contralor Córdoba haciendo lobby por Barbosa. Aunque voces tildan a Barbosa de no mantener sus convicciones (como haber sido un hombre de “la paz” para luego no serlo) y señalan que, entre sus propuestas insensatas estuvo la de convocar una constituyente por el escándalo de Fidupetrol en la Corte Constitucional.

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¿Será Barbosa un fiscal independiente del Gobierno? Esa pregunta, por más que él no quiera, es un manto que desde ya cubre su administración. El jueves pasado, a horas de haber sido elegido, organizó un coctel privado en un restaurante italiano en el norte de Bogotá, al que asistieron personalidades del mundo judicial, principalmente. “Es un tipo que tiene muchos argumentos y siempre les da altura a los debates”, dice un abogado que estuvo presente en el coctel. Su tarea ahora es darle a la Fiscalía de nuevo norte, tras un período de interinidad de ocho meses. “Creo que fue una buena elección. Hace tres no hubiera dicho lo mismo”, concluye otro de los magistrados que lo eligió.

 

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Redacción Judicial

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