“La violencia sexual es una preocupación permanente”: director de la Ascun

Carlos Forero, director de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun), señala que un paso importante para abordar el problema es que las instituciones creen protocolos; pero ello, señala, no es suficiente.

El profesor Forero Robayo ha sido rector (e) de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.  / credito
El profesor Forero Robayo ha sido rector (e) de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia./Mauricio Alvarado

Hace unos días, el consejo directivo de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún) se pronunció en contra de prácticas violentas que son cada vez más denunciadas —aunque aún con muchas trabas, han señalado en múltiples ocasiones los afectados—: el acoso y la violencia sexual en los ambientes universitarios. A raíz de este pronunciamiento, El Espectador habló con Carlos Forero Robayo, director ejecutivo de la agremiación.

¿Por qué se está pronunciando hoy Ascún sobre el tema de acoso y violencia sexual?

Creo que es un tema permanente. El país conoció la preocupación expresada por la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, sobre el tema y el llamamiento que le hizo a la ministra de Educación para que se mirara la situación. Por eso decidimos estar con información al día. Hay interés de la alta dirección en encontrar nuevas estrategias, nuevos mecanismos, mejores prácticas para atender un problema que está ahí presente, no solamente en Colombia sino en el mundo, y que evidentemente requiere una atención y un aprendizaje permanentes, así como un replanteamiento de las posibilidades para ser más efectivos en su atención.

¿Cuáles cree que son las razones por las que más se presentan situaciones de acoso y violencia sexual en las universidades?

El propio espacio universitario, que es un espacio vivo, juvenil, de libertad, y puede crear condiciones para que algunas personas con esas dificultades en su salud mental crean que están en una situación que les puede “favorecer”.

¿Han conocido denuncias de ataques sexuales en universidades?

Sí. El problema existe, pero no nos corresponde hacer un juicio específico de una universidad ni de una persona. Porque existe el problema es que estamos haciendo este tipo de llamamientos, recogiendo este tipo de información, invitando a que realmente seamos efectivos en el tratamiento del tema y que lo hagamos dentro de unas condiciones que tiene una entidad como la universidad, por naturaleza educativa y, por lo tanto, tiene que actuar dentro de esos parámetros fundamentalmente educativos. Por ejemplo, si logramos incrementar los procesos investigativos sobre este fenómeno la investigación nos va a dar mejores luces. Hay preocupaciones, pero también caminos y experiencias que nos sirven a todos. Es una preocupación permanente porque el fenómeno existe.

¿Cuáles son los principales errores que cometen las universidades con estos casos?

Por ejemplo, no todas las instituciones de educación superior tienen protocolos o políticas para abordar estas problemáticas.

En relación con denuncias de acoso sexual y laboral en universidades como Los Andes o de Ibagué, ¿considera que esas instituciones actuaron correctamente?

Me parece que lo importante es que las víctimas de este tipo de delitos sepan que estamos todos obligados como sociedad y como instituciones a darles la mejor protección, a crear unas rutas para que, en caso de que suceda un hecho de estos, fácilmente se resuelva. Si la ruta es demasiado compleja y los procedimientos son innecesarios, no protegemos a las víctimas.

¿Conoce de alguna universidad negligente para adoptar medidas ante casos de acoso o violencia sexual?

Lo que uno ve aquí son aprendizajes. A lo mejor ha habido casos especiales donde, incluso, han tenido que intervenir las cortes. Este es un tema que se debe estar renovando permanentemente, estudiando e incorporando nuevos elementos. Hoy ya se sabe, por experiencia, que son muy importantes los protocolos. Pero no son suficientes.

¿Cree que en este tema las universidades deberían trabajar de la mano con la Fiscalía?

La Fiscalía podría dar información que ayude a dar claridad sobre el problema, pero el ente investigador tiene unos propósitos muy específicos. Actúa cuando hay una presunción de un delito penal; pero también posee información útil que se puede incorporar para, sobre todo, prevención en las universidades.

Uno de los problemas con la violencia sexual es que pareciera que cada universidad lo maneja como un “problema interno”…

El problema existe, sería equivocado negarlo. Es una realidad social que está enmarcada también en los avances de género. Tienen que encontrarse nuevas formas, porque las maneras en que se ha abordado no han dado resultado. Hoy hay mucha más información de esos casos, que en otros momentos pasaban ocultos, no se denunciaban. Eso es un crecimiento importante al que las universidades se tienen que adaptar. Aquí, desde luego, propiciamos que las universidades compartan esta problemática, aprendan unas de otras y las atiendan de la mejor manera posible.

¿Lo que ustedes buscan es que todas las universidades estén en la misma posición ante el acoso y la violencia sexual?

Sí, y tenemos unas condiciones favorables. Por ejemplo, hace muchos años se viene fomentando la red de bienestar universitario. Esas son las dependencias con que las universidades pueden acercarse a este tipo de problemáticas. Si en la agenda de los temas de mayor preocupación de ellos está esta problemática, pues evidentemente nos va a permitir un análisis fluido y una mayor capacidad de respuesta por parte de las instituciones.

Si Ascún evidenció la existencia de 56 instituciones de educación superior con protocolos, políticas o lineamientos, ¿aún es necesario que ustedes diseñen estrategias de actuación efectiva frente a estos casos?

Sí. Nunca se pretende que haya una misma fórmula de solución para cada universidad, hay una diversidad y la universidad diseña sus políticas, sus estrategias, sus instrumentos de acuerdo a su propia condición. Pero, evidentemente, sí hay posibilidad de enriquecer lo que hace cada universidad al crear unos espacios asociativos y colaborativos para atender el problema. Estamos aquí llamando la atención a que sigamos impulsando estos espacios. Por ejemplo, citamos a la Universidad de Cornell, ganadora de un concurso de buenas prácticas para atender estas problemáticas, que fija su atención en el “observador”, en el hecho de que siempre que hay un hecho de acoso sexual hay un tercero que observa. Por eso hay toda una estrategia tendiente a que ese tercero cumpla un papel (en las investigaciones). Las universidades colombianas han hecho intentos y tienen buenas prácticas que están en disposición de compartir.

Cuando Ascún llama a respetar el debido proceso, ¿es por algún caso en específico?

Todos los ciudadanos tenemos derecho a la defensa. Por lo tanto, si algún miembro de una comunidad universitaria es acusado y se inicia un proceso para establecer responsabilidades, es ideal que en ese proceso no nos anticipemos a un fallo y respetemos el debido proceso, ya sea uno interno administrativo o un proceso penal. Lo digo porque en los muros, en las carteleras, en las paredes hemos visto ya juicios de gente sin haber pasado por un proceso.