Un parlamentario bajo sospecha

Las grabaciones de Álvaro Ashton

El Espectador tuvo acceso a decenas de grabaciones en poder de la Corte Suprema de Justicia, en las que se revela el poder del cuestionado senador.

Álvaro Ashton afronta cinco procesos en la Corte Suprema de Justicia. / Cortesía Colprensa

Con el objetivo de “fortalecer los instrumentos que garanticen el pleno uso y goce de los derechos de nuestros niños, niñas y adolescentes, proteger su integridad física, emocional y libre desarrollo”, el senador Álvaro Ashton presentó el 5 de diciembre de 2016, junto con 11 congresistas más, un proyecto de castración química para violadores y abusadores de menores. La iniciativa contemplaba que quien accediera carnalmente a un menor de 14 años no sólo incurriría en prisión de 12 a 20 años, tal como ya está establecido, sino que tendría una pena “de inhibición hormonal del deseo sexual obligatoria” por un término equivalente al doble de la condena impuesta. El proyecto está vivo, aunque fue puesto en el congelador, pero hoy cobra relevancia en medio del escándalo que rodea al congresista en relación con un caso de presunta prostitución de menores que ya indaga la Corte Suprema de Justicia.

Una de esas grabaciones que salpicaron a Ashton fue la conversación que sostuvo con Jesús Madera, entonces empleado del hotel El Prado de Barranquilla. La charla ocurrió el 15 de agosto del año 2014 y allí Madera se quejó con el parlamentario porque la recepción del hotel y los guardias de seguridad se percataron de que unas niñas, aparentemente menores de edad, intentaban entrar a una habitación reservada por Ashton. El senador preguntó: “¿y que pasó?”, a lo que Madera contestó: “¡Que aquí no se pueden registrar las niñas!”. Tras la queja, añadió: “Ellas llegaron así y se dio cuenta recepción, seguridad, todo el mundo, que es menor de edad y no se puede. ¿Que quiere que yo haga, que le guarde esa reserva para otra oportunidad?”. El diálogo explícito derivó en una indagación preliminar y un revuelo nacional que Ashton capoteó asegurando que no recordaba ese momento y que jamás ha violado la ley.

Al margen de sus explicaciones, el senador del partido Liberal tiene cinco frentes de investigación por hechos muy graves. Además del episodio que lo relaciona con presuntos delitos sexuales, también protagoniza los dos principales escándalos del 2017: Odebrecht y el cartel de la toga. Asimismo afronta una investigación por irregularidades en la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE) y otra más por parapolítica. Esta última por sus presuntos nexos con el Bloque Norte de las autodefensas. Una radiografía de líos judiciales que se agravan con los días. Ya rindió indagatoria ante la Corte Suprema en el expediente que lo vincula a una sofisticada red de corrupción en la cúpula de ese alto tribunal para torcer procesos y engavetar órdenes de captura. De hecho, el exfiscal Luis Gustavo Moreno –hoy testigo estelar de ese cartel– señaló que Ashton pagó $600 millones para dilatar su caso por parapolítica.

El Espectador tuvo acceso a decenas de grabaciones que interceptó la Fiscalía entre septiembre de 2013 y agosto de 2014. Más de 90 mil llamadas se registraron durante ese lapso, en el que la Corte Suprema indagaba los supuestos vínculos de Ashton con el grupo ilegal. El magistrado auxiliar José Reyes tenía a comienzos de 2015 los elementos para ordenar la captura del congresista liberal, pero súbitamente salió de la Corte por decisión del magistrado Gustavo Malo, hoy investigado por este escándalo. Fue en ese momento cuando entró a operar el cartel de la toga. Según Gustavo Moreno, el expresidente de la Corte Francisco Ricaurte contactó a Malo, éste removió a Reyes, engavetó esas interceptaciones y se dilató el caso. Del botín de los $600 millones, la tercera parte le habría correspondido al magistrado José Leonidas Bustos. De vuelta a las interceptaciones, este diario tiene en su poder decenas de ellas en las que se evidencia el poder de Ashton.

Los audios del senador

Aunque su nombre no es tan conocido por la opinión pública nacional, Álvaro Ashton es uno de los barones electorales de la Costa Atlántica desde hace dos décadas. Nació en Barranquilla el 11 de enero de 1956, se graduó como uno de los mejores bachilleres de Colombia, estudió en la Universidad del Atlántico economía y contaduría y años después terminó como rector de esa institución. Pero a mediados de los 90 se metió de lleno en la política de la mano del cacique liberal José Name Terán y, en 1998, llegó a la Cámara de Representantes con más de 41 mil votos. Cuatro años después su caudal electoral ya rondaba los 73 mil votos y había partido cobijas con Name. Con vuelo propio fue acomodándose en las cenagosas arenas legislativas y dio su salto al Senado en 2006, cuando ya era un alfil clave en el ajedrez del poder regional. Allí se ha mantenido, a pesar de los líos judiciales. Pero el escenario hoy es distinto.

En las grabaciones quedó constancia de la cercanía entre Ashton y Gustavo Moreno. En una de ellas el congresista le dijo que tenían que sentarse, “pero los dos solos”. Los tiempos coinciden con las confesiones del propio Moreno para que el cartel de la toga favoreciera a Ashton. Por esa misma época de 2014 dialogó con una mujer llamada Margelis, a la que aparentemente ayudaría a ingresar a la Fiscalía. Incluso le aseguró que no se pudo hacer la vuelta en la Procuraduría porque ella no pasó el examen de esa entidad, pero que en el proceso de reestructuración de la Fiscalía quizá había una posibilidad. “¿Y cuando sería eso, doctor?”, le preguntó Margelis. Ashton le contestó: “Lo más pronto posible”. En otro audio, el congresista al parecer ya sabe que está interceptado y por eso le dice a su interlocutor que “le está marcando a la otra cuenta”, pero que no le contestaba.

En una siguiente charla, Ashton felicitó a Juan Fernando Cristo cuando éste fue nombrado ministro del Interior al inicio del segundo tiempo del presidente Santos en agosto de 2014. “Muchas gracias,, Alvarito. Usted sabe que esto es un tema de todos”, le respondió el alto funcionario. Pocos días antes, durante la instalación del Congreso, Ashton dialogó con el presidente del Senado José David Name. A él le manifestó que tenía preocupaciones, pues la Costa Atlántica se había quedado sin poder ni representación política en el gabinete. De hecho, sostuvo que la ministra Cecilia Álvarez no podía contarse como cuota de la Costa y añadió categórico: “Nosotros ponemos los votos y desde el centro nos imponen las condiciones”. Se refería sin lugar a dudas al respaldo de los parlamentarios costeños para asegurar la reelección de Santos durante la segunda vuelta de 2014.

Fue en esa época que cruzó otra charla con un hombre identificado como Jota, al que le anticipó que Simón Gaviria iba a ser nombrado como director de Planeación Nacional y que el presidente le había contado que su candidato para la Contraloría era Edgardo Maya, quien efectivamente ganó. Asimismo, en varias conversaciones Ashton dialogó con el entonces fiscal Eduardo Montealegre. En esa línea de rastreos también apareció una charla entre Ashton y el senador Musa Besaile, hoy detenido por el escándalo del cartel de la toga e investigado por el carrusel de sobornos de Odebrecht. Ashton lo saludó con afecto: “Qué hubo, Musita, cuéntame”. Besaile fue directo al grano: “Alvarito, te quería pedir un favor. ¿Será que tú me puedes ayudar a conseguir una cita urgente con el fiscal?”.  

Entre las interceptaciones apareció un diálogo que Ashton sostuvo con su abogado Luis Ignacio Lyons, también salpicado en el cartel de la toga. El defensor le contó que un periodista lo estaba indagando sobre los procesos por parapolítica y la DNE en la Corte, pero que el reportero no parecía experto en la materia. Lyons señaló que era “mejor orientarlo” y remató así la charla: “Mándemelos a mí, que yo manejo todos esos animalitos”. En otra conversación, Ashton hizo una radiografía sobre los compromisos políticos que hizo Santos para asegurar determinados apoyos en su segundo mandato. “Tiene mucha deuda el hombre”, le manifestó su interlocutor y Ashton insistió: “tienen que tener compromiso con la Costa porque si no hubiese sido la Costa la que lo hubiese sacado adelante (a Santos), estuviéramos jodidos”. Y en una siguiente charla, el senador resaltó en referencia a la ninguneada de la Costa: “Esta aristocracia bogotana está presionando mucho”.

También se registraron conversaciones con dirigentes políticos de la Costa, uno de los cuales le dijo que le tenía información urgente “de la oficina de la Séptima con 12”, es decir, de la Corte Suprema. Otras llamadas revelaron su poder en entidades como el Icetex, su permanente diálogo con los poderes políticos de Barranquilla y el Atlántico (diputados, concejales y demás), cómo manejaba en detalle los compromisos políticos y la gente que debía alinearse con sus proyectos, la gestión de recursos para infraestructura en la Costa y varias charlas íntimas que hoy revisa con lupa la Corte en el expediente que se le adelanta por supuestos delitos sexuales. En una charla entre Ashton y el ministro Cristo quedó claro que el expresidente César Gaviria estaba muy molesto con el presidente Santos y que incluso Simón Gaviria intentó mediar en ese pulso, aunque no se detalló cuál.

En las grabaciones en poder de este diario aparece una en que el interlocutor se identificó como Guido Nule y con Ashton convinieron tomarse un café en Barranquilla. No es claro si el diálogo fue con el exministro de comunicaciones Guido Nule Amín o con su hijo Guido Nule Marino, condenado por el carrusel de la contratación en Bogotá. En varias charlas el senador refirió la misma frase: “Por esta línea no puedo”. Sin embargo, algunos de sus interlocutores se excedían en detalles y algunas veces lo ponían en apuros, como un hombre identificado como Guillo, que le preguntó si tenía noticias de un cargo en específico en un organismo de control, a lo que Ashton respondió incómodo interrumpiéndolo y asegurando: “Por aquí no puede hablar mucho uno, hombre”. En los registros figura un mensaje que llamó la atención de los investigadores: el abogado Leonardo Pinilla, hoy en el pasillo de la extradición, le pidió a una asistente de Ashton que le contara que lo había llamado.

Al final, se encontró una larga conversación con el curtido liberal Horacio Serpa sobre asuntos propios de la representación y poder legislativos, en donde Ashton le dijo que su terreno natural era la Comisión de Ordenamiento Territorial, en la que había trabajado toda la vida. Y también varias llamadas en las que al parecer el congresista hizo gestiones por un hombre que estaba detenido e iba a ser trasladado a un centro de reclusión de la Policía. En esos cruces de llamadas salió a relucir el nombre de un general de la Policía con quien, en teoría, Ashton habría conversado sobre el recluso. En síntesis, mucha es la información que está depurando la Corte, mientras Ashton reivindica su inocencia y asegura que saldrá libre de todas las investigaciones que pesan en su contra.

Su abogado Isnardo Gómez le dijo a El Espectador que todavía no ha podido acceder a las grabaciones realizadas a su cliente y que están preparando una artillería jurídica para desmontar las acusaciones contra el poderoso barón electoral. “A Ashton no le han demostrado nada”, concluyó.

Los audios

“Ajá, ¿qué pasó con lo mío?

 

“Le estoy marcando a la otra cuenta” 

“Nos vamos a quedar sin ningún ministerio”

“Pendiente de sentarnos los dos solos”

“Qué hubo, Musita, cuéntame”

“Santos me dijo, es Maya, es Maya”

“Usted sabe que esto es un tema de todos”