“Le damos la bienvenida al fin de un conflicto fratricida”: Generales de la Policía

El cuerpo de generales de la Policía hizo pública una carta en la que saluda a la paz y reafirman su compromiso con las víctimas y las garantías de seguridad de quienes regresarán a la vida civil.

Los 29 generales de la Policía, en la segunda cumbre de generales de la Policía en mayo pasado. / Foto: Archivo.

Al final de la misiva, están las firmas de los 29 generales de la Policía. La carta, que tiene como destinatarios a “todos los colombianos”, es un mensaje que los miembros más importantes mimebros de esa institución le hacen a todo el país y, un saludo a la firma de los acuerdos de paz con las Farc, a horas de su firma oficial en Cartagena.

“Nosotros, que le hemos visto muy de cerca el rostro a la barbarie, no solo le damos la bienvenida al fin del conflicto armado, sino que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a sanar las heridas de las víctimas y redoblaremos nuestros esfuerzos para consolidar una Colombia segura y en paz”, dice la carta en sus primeros párrafos.

Los generales, encabezados por el director de la Policía, general Jorge Nieto, invitan a los colombianos al perdón y a la reconciliación y señalan que la firma de los acuerdos de paz en Cartagena es tan solo “la primera piedra" para la construcción de una paz estable y duradera. Invitan también a los victimarios a pedirse perdón sincero a sí mismos y al “honesto arrepentimiento”.

Asimismo, hablan de la necesidad de construir “memoria histórica” del conflicto, “para impedir que ese oscuro pasado se repita y afecte a nuestras nuevas generaciones”. Rescató también la creación de un Modelo Nacional de Policía para el Posconflicto, así como la puesta en marcha de la Unidad Policial para la Edificación de la Paz (Unipep), una unidad especial y transicional, integrada por 3.000 policías, para hacerle frente al posconflicto.

Esta es la carta completa:

Septiembre 25 de 2016

MENSAJE DEL CUERPO DE GENERALES DE LA POLICÍA NACIONAL A TODOS LOS COLOMBIANOS

La hora del perdón y la reconciliación

COMO SERES HUMANOS, COMO HIJOS, COMO PADRES DE FAMILIA, COMO HOMBRES Y MUJERES DE HOGAR Y FE, COMO POLICÍAS Y COMO COLOMBIANOS, al unísono le damos la bienvenida a la firma del proceso de paz que pone fin a más de 50 años de un conflicto fratricida que laceró el corazón y el alma de millones de compatriotas.

Nosotros, que le hemos visto muy de cerca el rostro a la barbarie, no solo le damos la bienvenida al fin del conflicto armado, sino que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar a sanar las heridas de las víctimas y redoblaremos nuestros esfuerzos para consolidar una Colombia segura y en paz.

Sabemos que más de medio siglo de dolor ha dejado heridas muy profundas en el cuerpo, en el espíritu y en la memoria de millones de colombiano s, destrozado sueños y truncado esperanzas, pero también conocemos de primera mano la capacidad de perdón que alberga en el alma de la mayoría de compatriotas, en especial en la de aquellos que han sufrido en carne propia la ignominia.

Sabemos que el daño causado muchas veces es irreparable en su totalidad, pero con justicia, verdad y reparación y con la garantía de no repetición, de seguro, el camino de la reconciliación será menos penoso.

Somos conscientes de que hasta ahora se ha puesto la primera piedra en la edificación de una paz estable y duradera. Sabemos que el camino del posconflicto puede tener dificultades y enfrentará nuevos retos. Por eso, para dejar atrás esa oscura noche y comenzar a cicatrizar esas profundas heridas, es fundamental avanzar en una cultura del perdón, que tiene que ser el resultado de una construcción colectiva, que nazca del corazón y del verdadero deseo de vivir en estado de tranquilidad, que no es otra cosa que la ausencia de angustia y de miedo.

El victimario debe pedirse perdón primero así mismo, para que una vez logre construir su paz individual exprese arrepentimiento hacia sus víctimas. No debe ser un perdón obligado por las circunstancias o para cumplir con un compromiso, sino resultado de una convicción profunda de aceptar que obró mal, que se equivocó y que está dispuesto a hacer todo lo posible para menguar el dolor de sus víctimas.

La víctima, por su parte, debe echar mano de sus más profundos, solidarios y valiosos valores para vencer el odio, el resentimiento y parte del dolor que alberga en su corazón, para reconocer y aceptar el arrepentimiento del victimario. No se trata de olvidar, ni de renunciar a unos mínimos internacionales de justicia, verdad y reparación, sino de buscar reemplazar esas emociones negativas echando mano incluso de su fe, de su bondad y de su generosidad. De seguro, en la espiritualidad y en el amor infinito a Dios encontraremos la fuerza moral para hallar el sosiego necesario para envejecer sin amarguras.

En este proceso es fundamental que conozcamos lo que pasó, para construir una memoria histórica, no para acrecentar odios, sino para impedir que ese oscuro pasado se repita y afecte a nuestras nuevas generaciones, y para servir incluso de ejemplo para otras sociedades.

Si logramos perdonarnos sentaremos las bases de la reconciliación, que equivale a trabajar juntos por una nación que convierta su condición multicultural y pluriétnica en el más preciado tesoro para hacer de Colombia un país donde los sueños se hagan realidad y donde nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes crezcan sin el acoso de los fusiles y de la discriminación.

También es un imperativo que todos, como sociedad, venzamos la apatía y la indiferencia, aportemos nuestro granito de arena y nos demos la oportunidad de seguir disfrutando de esa Colombia que brilló en los recientes Juegos Olímpicos y que nos hace vibrar con las victorias de nuestros deportistas, artistas, científicos, escritores, entre cientos de buenos colombianos que nos dan renombre mundial.

Para avanzar en este noble propósito, los colombianos pueden contar con cada uno de los más de 183. 000 policías de una Institución intérprete del fundamento universal que consagra la paz como un bien superior y garante del principio constitucional que señala que este bien es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.

Consciente de semejantes desafíos, la Policía Nacional, una Institución que en los últimos 125 años ha acompañado la cotidianidad de todos los colombianos, creó un Modelo Nacional de Policía para el Posconfiicto, acorde con su plan Estratégico Institucional 2030, que tiene como objetivo fundamental construir Comunidad es Seguras y en Paz.

Utilizaremos todas nuestras capacidades humanas, técnicas, científicas y tecnológicas para romper el ciclo de violencia y evitar su repetición. De esta manera contribuiremos, efectivamente, a la consolidación de la paz, trabajando de manera coordinada y armónica con nuestras Fuerzas Militares y demás autoridades, bajo el liderazgo del señor presidente de la República, doctor Juan Manuel Santos, y del señor ministro de Defensa, doctor Luis Carlos Villegas Echeverri.

Para atender de forma inmediata los acuerdos de La Habana, la Policía Nacional ya puso en marcha la Unidad Policial para la Edificación de la Paz (UNIPEP). Esta unidad especial y transicional, integrada por unos 3.000 de los mejores policías del país, está preparada para ayudarle a Colombia a recuperar el sendero del progreso.

Nuestro Modelo de Policía para el Posconflicto parte de la premisa de que la paz debe ir de la mano con la seguridad de los territorios. En concreto, uno de los retos principales es ocupar el espacio que dejen las Farc, precisamente para que no sean ocupados por otros actores del crimen organizado.

Hoy en día ya tenemos una comprensión integral de las distintas manifestaciones del crimen organizado, para así atacarlo de manera estructural, desde las particularidades locales y regionales. Lo estamos haciendo a través del programa TGER+, Transformación de la Gestión Bajo un Enfoque Regional y Local al servicio del ciudadano, porque la paz de los territorios es la paz nacional.

El Modelo busca trascender del concepto de la seguridad al de la convivencia. En el caso de ciudades y pueblos se vigorizará el Modelo Nacional de Vigilancia Comunitaria por Cuadrantes, que a partir del próximo 30 de enero contará con una nueva herramienta preventiva, como lo es el Código Nacional de Policía y Convivencia.

Para lograr este objetivo en nuestros campos, tenemos como punta de lanza la Dirección de Carabineros y Seguridad Rural, que ya cuenta con más de 9.300 policías. Con ellos, estamos implementando el Sistema de Seguridad Rural (SISER).

Este trabajo lo efectuamos con policías Gestores de Convivencia y Prosperidad Rural, expertos en resolución de conflictos y capacitados como técnicos agropecuarios. Ellos ya son los compañeros cotidianos de nuestros campesinos. Son policías expertos en herrar caballos, templar cercas de alambre, arar la tierra y clasificar semillas. Sus armas son el barretón, la pica, la pala, el tractor, el machete y un enorme afecto por nuestros labriegos; porque si algo debe quedar claro fue que regresamos al campo colombiano para quedarnos por siempre al lado de nuestros campesinos.

En concreto, dentro de su visión y concepción estratégica hacia el posconflicto, la Institución creó toda una arquitectura institucional que le permite decirles hoy a todos los colombianos, incluidos quien es a buena hora dejan las armas y se reincorporan a la sociedad, que cuentan con la mejor Policía Nacional de toda la historia para atender los retos tras la firma del esperanzador acuerdo de paz.

Colombianos, en este día histórico para el devenir de la patria, a nombre de todos los policías, nosotros, los 29 integrantes del Cuerpo de Generales de la Policía Nacional, reiteramos nuestro inclaudicable compromiso de ayudar a construir una Colombia segura y en paz.