Las lecciones del Congo

Este funcionario congolés se encuentra de visita en Colombia, recogiendo ideas para apoyar la paz que se avecina en el Congo.

El funcionario Roger Twambe Musombo. / Agencia Colombiana para la Reintegración

Este lunes, las autoridades congolesas y los guerrilleros del M-23 esperan firmar un acuerdo de paz que ponga fin a años de violencia en el Congo e, incluso, en sus vecinos Ruanda y Uganda. Por ello, Roger Twambe Musombo, encargado del programa de desmovilización, desarme y reintegración a la sociedad civil del Congo, se encuentra en Colombia.

Vino a conocer de primera mano la forma en que las autoridades colombianas han encarado la dura tarea de reintegrar a la sociedad a quienes, en su momento, perpetraron masacres, secuestros y otros atroces delitos y hoy buscan una segunda oportunidad. Aunque no lo hizo exclusivamente para aprender, sino también para enseñar.

En entrevista con El Espectador, este funcionario se refirió a la forma en que se ha llevado a cabo la desmovilización y reintegración de miles de guerrilleros congoleses. Sus consejos son simples: la pobreza lleva a la violencia, si se dan mejores condiciones, los desmovilizados van a pensarlo dos veces antes de volver a las armas y los campesinos no se van a armar; si hay beneficios, exclusivamente, para los desmovilizados y no para las comunidades que los reciben, eso va a redundar en nuevos conflictos. Hay que demostrarles a las comunidades y a los afectados los beneficios de apoyar la desmovilización.

Cuenta que en el Congo se han realizado cientos de proyectos agropecuarios que han incluido a desmovilizados y a personas a las que el conflicto les ha quitado a sus seres queridos. Esto en virtud de un esquema asociativo que ha permitido que las comunidades acepten de mejor manera a los excombatientes.

El objetivo no ha sido otro que mostrarles a los excombatientes los beneficios de desmovilizarse. “Hay que darles oportunidades a estas personas que se encuentran marginadas y frustradas. Hay que crear proyectos duraderos, darles una comodidad económica”. Agrega que en el Congo, a las poblaciones que han recibido a exguerrilleros se les ha colaborado con grandes obras y proyectos sociales.

“Si hay beneficio tanto para los desmovilizados como para las comunidades, se puede llegar a perdonar con una mayor facilidad y a lograr que se construyan lazos efectivos”, señala. Además, de esta forma se protege a los desmovilizados. Twambe Musombo agrega, no obstante, que hay que acabar con las bandas criminales y aquellos grupos que revictimizan a los desmovilizados.

En lo que a la justicia se refiere, confiesa que en este momento se analizan caso por caso los delitos cometidos para dar con los responsables, pero que no ha habido muchas condenas. Por ahora el objetivo es la paz.

Por esa razón, Twambe ve con optimismo las negociaciones en La Habana. “Es la oportunidad de probarles a las Farc que pueden luchar por sus reivindicaciones con herramientas y no con armas”. Millones de desplazados, miles de muertos y años de violencia que no han derivado en otra cosa que en baños de sangre. Entre la guerra que se vive en la República Popular Democrática del Congo y la que se vive en Colombia no hay tantas diferencias.

En el Congo todos esperan una paz duradera. Lo mismo ocurre en Colombia. Que eso se consiga depende, en gran manera, de la reintegración de quienes deciden, de una vez por todas, dejar de hacer la guerra.

jjimenez@elespectador.com

@juansjimenezh