'Por la libertad, hasta la vida misma': López

La libertad se puede entender de muchas formas: la libertad de hacer lo que queramos, la de vivir sin restricciones y sin impedimentos. La capacidad de no responder ante nada y ante nadie por lo que uno hace. Para el exdiputado del Valle, Sigifredo López, significa algo superior a eso.

Para él, libertad es poder levantarse en la mañana y sentir que sus pies y manos no están encadenados, que puede abrazar a sus seres queridos y no conformarse con escucharlos a través de una radio, que puede, sencillamente, ser dueño de sus actos y no esclavo de lo que otros le dictan, saberse dueño de sus exhalaciones y sus latidos: estar vivo.

Pocas personas representan la libertad como Sigifredo López, quien fue secuestrado por las Farc y luego, cuando su alma apenas comenzaba a recordar lo que era la libertad, fue recluido porque las autoridades lo señalaban de haber participado en su propio secuestro y el de sus 11 compañeros de la Asamblea del Valle, luego asesinados a mansalva por las Farc.

Apenas horas después de que las Farc ingresaron a la sede de la Asamblea del Valle en Cali, López, que ya se encontraba en poder de los guerrilleros, se comunicó con su familia y les dijo que fueran fuertes, que su cautiverio no duraría mucho. Siete años después, el 5 de febrero de 2009, fue liberado. Ya sus hijos, Lucas y Sergio, eran grandes. La foto de su reencuentro con ellos y con su esposa, Silvia Patricia, fue reproducida por medios alrededor del mundo, que hicieron de ella un símbolo de la libertad.

Pero mientras se acostumbraba a no andar con cadenas y a estar con los suyos, Sigifredo fue encerrado una vez más. El 16 de mayo de 2012, la Fiscalía ordenó su captura por supuestos vínculos con quienes habían sido sus secuestradores.

El ente investigador lo señalaba de haber participado en el operativo en el que fue secuestrado junto con sus compañeros diputados. Por esta investigación se vio alejado de sus familiares una vez más. Estuvo recluido hasta el 14 de agosto de 2012, ya que no había pruebas que demostraran su responsabilidad en el hecho.

Por el proceso en su contra y los días que estuvo recluido, el fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre, y el director de la Dijín, general Carlos Mena, se disculparon con Sigifredo López, el hombre al que la ilegalidad y la legalidad habían privado de su libertad. “Pido perdón para que no se olvide que estos hechos son irrepetibles”, dijo Montealegre.

En estos momentos, López recupera el tiempo que le quitaron el secuestro y la injusticia. A este diario envió un comunicado en el que sintetiza lo que, en sus palabras, es la libertad que dos veces le arrebataron: “Cuando a un ciudadano que ha sido injustamente privado de su libertad le preguntan por el valor de la misma, seguramente se escuchará como respuesta algo que sale del corazón y no de la razón. Puede ser una metáfora que describa o resuma el sufrimiento de vivir, o un primario intento de razonar desde la espiritualidad, la fe o ese estado superior del alma al que sólo se llega después de conocer la amargura y la desesperanza”.

Y agregó: “Debo confesarles que después de todo lo que me ha sucedido confundo la libertad con la vida misma, ha llegado a ser tan importante que se confunde con la vida, es su esencia, su razón de ser. Despertar cada mañana y tener la posibilidad de decidir qué hacer o dejar de hacer es una bendición que nos genera alegría, que nos permite descubrir la gracia y la misericordia de Dios cada minuto.

Por hoy la describo simplemente como el camino que nos conduce a la espiritualidad, a descubrir a Dios en el fondo de nosotros mismos, detrás de cada elección, por eso en este momento quiero repetirles, con Rafael Alberti, que para disfrutar la libertad tengo la vida, porque por la libertad hay que dar todos los días hasta la vida misma”.