Con licencia para bombardear

Actos de guerra como arrojar bombas ya no son exclusivos contra las guerrillas. Un patólogo, un ministro, un gerente, una desmovilizada: cuatro perspectivas distintas para discutir este polémico tema.

Las bombas que se fabrican en Colombia pesan 125, 250 o 500 libras. / Gustavo Torrijos
Las bombas que se fabrican en Colombia pesan 125, 250 o 500 libras. / Gustavo Torrijos

La historia de las Farc, particularmente, ha estado atada a las bombas. Casa Verde, su “oficina central”, vio que con el amanecer del 9 de diciembre de 1990 llegaba también una lluvia de bombas. Con esas mismas armas las Farc perdieron a hombres claves en su lucha, como Raúl Reyes y el Mono Jojoy. Alfonso Cano murió de un tiro, pero luego de que su campamento hubiera sido bombardeado. Hasta abril de este año, la dinámica de la guerra interna dictaba que recurrir a esos ataques era un asunto exclusivo para las guerrillas.

El Gobierno insiste en que el fin del conflicto está más cerca que nunca. Sin embargo, al tiempo, aprobó que la fuerza letal, que en el terreno significa sobre todo bombardeos, sea usada contra grupos distintos a la guerrilla. La Directiva Permanente 0015 de 2016, que expidió el Ministerio de Defensa hace un mes, señala que se puede usar fuerza letal contra Grupos Armados Organizados (GAO, una nueva sigla en el glosario del conflicto). Aunque la directiva aclara que no se le está dando estatus político a nadie.

Es un tema sensible. Por una parte, las bombas han sido un arma estratégica contra la guerrilla y el Gobierno espera que sea igual con tres GAO: el clan Úsuga, que actúa en el Urabá principalmente; los Puntilleros, que operan en los Llanos, y los Pelusos, los herederos del poder de Megateo en el Catatumbo. Por otra, quedan mantos de duda. En noviembre de 2015, por ejemplo, la Policía se adelantó a la directiva más de cinco meses y coordinó un bombardeo contra un campamento, se suponía, del clan Úsuga. Con un detalle: doce personas murieron, pero ninguno tenía antecedentes.

¿Qué son los bombardeos? ¿Cómo se viven? ¿Qué viene después? ¿De dónde salen las bombas? Pedro Morales, subdirector de Medicina Legal; Luis Carlos Villegas, ministro de Defensa, coronel (r) Juan Manuel Padilla, gerente de Indumil, y una exguerrillera de las Farc que sobrevivió a un bombardeo: El Espectador revisó el tema de las bombas a través de estos cuatro lentes con el propósito de entender un poco más, un poco mejor.

Exguerrillera sobreviviente

“Despertarse a bombazos es terrible. Yo sobreviví a un bombardeo hace unos años; por lo general ellos bombardean en la madrugada, cuando uno está durmiendo, porque la idea es que uno esté indefenso. Esa noche oí el bajonazo del avión y quedé sentada. Sentí la bomba silbando en el aire mientras caía. Pensé que no era conmigo, que la habían soltado lejos, que no nos iba a caer encima. Pero sí nos cayó. Y en ese momento, la tierra toda tembló. Grité sin darme cuenta, varios compañeros se despertaron no con la bomba, sino con mi grito.

Veía volando las esquirlas. Veía unas cosas rojas en el aire en cámara lenta, y creía que eran luciérnagas o brasitas, porque al caer la bomba se había prendido el monte. Eran esquirlas. A una muchacha le sacamos de la nalga una que le rompió el músculo. Mis compañeros huyeron, yo me quedé porque casi no veo en la oscuridad y no tenía mis botas, me tuve que poner en cuatro patas a buscarlas. En ese momento solo se oían la exploradora, una avioneta que detecta el calor corporal, y los chillidos de los heridos.

Quería sacarlos, pero no sabía cómo, por eso me fui por donde se habían ido mis compañeros. En el camino encontré a uno más herido, traté de echármelo a la espalda, pero lloró mucho y pidió que lo dejara. Una esquirla le había atravesado el fémur de lado a lado. Él se quedó ahí tres días, escondido entre las matas, la pierna se le empezó a descomponer. Vio cómo los soldados descendieron, quemaron nuestra comida y se fueron. Lo hacen porque creen que puede estar envenenada, nosotros tampoco nos comemos la de ellos por eso mismo. Buscaban a Jerónimo (jefe de seguridad de Alfonso Cano).

Acá (en la vida civil) oigo a mucha gente decir: ‘Deberían bombear a esos terroristas’. Quienes dicen eso no tienen idea de lo que es estar en un bombardeo. Es horrible. Al menos nosotros nos salimos, a mi esposo se lo llevaron de 9 años y estando allá la guerrilla le mató al papá y a una hermana. Él odiaba a los guerrilleros, pero no podía salirse. Hasta que quedé embarazada: nos volamos con el niño y al final, con mucho miedo, nos entregamos a la Policía”.

Fue la mejor decisión que pudimos tomar.

* Exguerrillera de las Farc

El ministro que dio la orden

“Hoy tenemos tres bandas criminales que han adquirido una presencia territorial significativa y que cumplen todos los requisitos para que sean clasificadas como grupos armados organizados: el clan Úsuga, los Puntilleros (en los Llanos) y los Pelusos (en el Catatumbo). Los requisitos son tener un mando, entrenamiento, armamento letal y la posibilidad de hacer operaciones sostenidas en el tiempo y con presencia territorial. Se hizo el proceso de caracterización para determinar a cuáles grupos armados organizados se les puede aplicar toda la fuerza del Estado bajo el DIH.

Hay que entender que (la directiva) no es sólo de bombardeos. Se pueden usar las sorpresas, el engaño para atraer a los delincuentes a que cometan un delito y cogerlos en flagrancia, infiltración, asaltos aéreos, todo un conjunto de herramientas. No es una directiva de bombardeo, es una directiva de caracterización de los grupos más peligrosos para que se les pueda aplicar toda una gama de herramientas que tiene el Estado para combatirlos sistemáticamente. Es importante recalcar que ninguna de estas medidas le da carácter político alguno a ninguno de esos tres grupos.

Este no es un instrumento que se está moviendo hacia el autoritarismo. Es una directiva encaminada más hacia el combate al crimen organizado y a las mafias que ponen en peligro la estabilidad donde el Estado va a actuar en materia de posconflicto. Hay amenazas no políticas que se deben atacar con toda la fuerza. Por ejemplo, la piratería del Cuerno de África. Se les ha controlado con la fuerza porque pareciera ser un delito menor, pero afecta la navegación de una de las más importantes regiones del mundo. En nuestro caso, esperamos que los daños colaterales sean inexistentes o menores. Pero si los hay, estarán cubiertos por el DIH”.

* Luis Carlos Villegas, ministro de Defensa Nacional.

El gerente de Indumil, la empresa fabricante

“Las bombas que usa la Fuerza Aérea, la única que realiza bombardeos, son de fabricación colombiana. Además, me parece muy importante resaltar que las bombas no se usan como se usaban en el pasado. En Colombia, las bombas se emplean con la absoluta seguridad de que van a causar el daño esperado y no más que eso. El daño colateral es mínimo. Con contadas excepciones, no producen efectos sobre la población civil o sobre bienes materiales de los ciudadanos. No son sólo un artefacto que explota, sino también tienen un componente de guiado, un dispositivo que permite que sean muy precisas.

En 2006, por una decisión política y por la dificultad de adquirir bombas en el contexto del merca do de las armas, el Gobierno Nacional decidió empezar a fabricarlas y desarrollar el conocimiento para hacerlas en territorio nacional. Dos años se tardó el país en construir su primera bomba. Se fabrican de 125, 250 y 500 libras y su radio de acción va desde los 12 hasta los 100 metros. En total, Indumil ha producido 12.000 bombas durante casi ocho años. La bomba no se puede producir en corto tiempo. La Fuerza Aérea mantiene unos stocks suficientes para garantizar provisiones. Con la directiva del Ministerio de Defensa no nos han pedido un aumento de producción.

La fábrica Santa Bárbara, donde se hacen, queda en Sogamoso. A todos los trabajadores se les hace un estudio de seguridad riguroso, y además tenemos protección del Ejército y de seguridad privada. Allí se diseña el utilaje, se inicia el proceso de fundición, se carga el TNT. Indumil tiene unos procesos muy estandarizados y cinco certificaciones dadas por Icontec, incluida la ISO 9001, que es de calidad. El sitio donde se hace el llenado, por ejemplo, está aislado dentro de la fábrica y a él acceden sólo ciertas personas. Competimos con otras fábricas del mundo, que no son muchas. Aquí en el país la tenemos por necesidad. Lo ideal de una industria de defensa militar es que sea autosuficiente.

Acá empezamos a hacerlas con ingeniería a la inversa: los ingenieros y técnicos desbarataron la bomba, la estudiaron y crearon una nueva. Así fue que Colombia empezó a fabricar sus propias bombas. Se hizo una investigación muy grande, hubo una inversión para adquirir tecnología de Europa y Estados Unidos, incluso con universidades colombianas. La vegetación del lugar de la detonación se destruye, pero se puede reemplazar. Más allá, no hay contaminación en el suelo o en las aguas, no hay efecto a largo plazo”.

* Juan M. Padilla, gerente de Indumil.

El patólogo que recibe los cadáveres

“¿Qué hacemos nosotros cuando hay un bombardeo? Es un evento masivo: no matan a uno o a dos, sino a 15, 20, 35 personas. Hay que pensar primero en qué hacer con los cuerpos. El primer problema es la identificación, que es grandísimo, porque en los bombardeos generalmente se usan muchas bombas. Entonces los cadáveres quedan destrozados. A los cuerpos los afectan los misiles primarios, que es el explosivo que le pusieron a la bomba. Pero, al explotar, se generan fragmentos de los elementos alrededor. Por ejemplo, si el bombardeo es en una casa, de las puertas, las ventanas, el techo: esos son los misiles secundarios, y también lesionan.

Y luego está la onda expansiva, que es un aumento de presión. Las bombas aumentan muy rápidamente la presión atmosférica y entonces los cuerpos se desintegran. El aumento de presión dura un tiempito y los explosivos, entre más poderosos, más dura es su onda expansiva, por lo que ésta dura más en el tiempo. En Colombia, los guerrilleros usan anfo, que es nitrato de amonio. Esas aumentan la presión, pero son de corta duración. En cambio, las industriales son hechas con dinamita o con mezclas, aumentan la presión muchísimo y duran más tiempo.

A veces, de los cuerpos quedan sólo los dedos. Nunca quedan destruidos totalmente, no es que desaparezcan. Se tienen que recoger por fragmenticos. Se desintegran parcialmente porque, por lo general, en esos bombardeos están los árboles de la selva, o los techos que protegen el campamento, y hay interferencia entre el explosivo y las personas. El tema de la identificación ha ido cambiando dramáticamente. Quizá lo que cambió fue la actitud del Estado y del Instituto de Medicina Legal.

Luego de identificarlos e individualizarlos, les damos un trato humanitario de acuerdo con el DIH. ¿En qué consiste? No enterrarlos en fosas comunes sino hacer entierros individuales. Desde 2009 para acá, no volvimos a permitir que se hicieran enterramientos masivos. Segundo, crear un mecanismo por el cual se respete el derecho a las familias como víctimas también, es decir, no hacer discriminación porque son familiares de guerrilleros. Es respetar el derecho de las familias de recuperar a sus seres queridos y enterrarlos dignamente. Además, porque el instituto considera que los muertos del conflicto armado no tienen clasificación. Todos murieron en la misma guerra”.

* Pedro Morales, subdirector de Medicina Legal.

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La directiva que permitió los bombardeos

Mediante la directiva 0015 de 2016, el Ministerio de Defensa le abrió la puerta a los bombardeos contra las bandas criminales, que en ese mismo documento cambiaron de nombre: ahora son Grupos Armados Organizados (GAO). En la directiva, se señala que el cambio de nombre se da porque estos grupos han alcanzado una organización armada que les permite “generar niveles de violencia que supera las tensiones y disturbios normales”.

Amparado en los Convenios de Ginebra, el gobierno reconoce la existencia de conflicto armado y define a los GAO tal como lo hace ese marco legislativo internacional: grupos que tienen un mando unificado, la capacidad de llevar a cabo operaciones coordinadas y sostenidas en el tiempo y la capacidad logística para reclutar, entrenar y aplicar una disciplina interna a los combatientes, así como proveerlos de armas de distinto tipo. Así, autoriza el uso de la fuerza letal en el marco del Derecho Internacional Humanitario (DIH) contra el clan Úsuga, Los Puntilleros y Los Pelusos, las tres GAO más grandes y poderosas del país.

 

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