Análisis

Menos palabras y más números: lo que indican las cifras sobre el Covid-19 en las cárceles

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El Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED) y El Grupo de Prisiones de la Universidad de los Andes, en una alianza con El Espectador y la Friedrich-Ebert-Stiftung en Colombia (FESCOL), decidieron unirse para hacer seguimiento al impacto de la pandemia sobre los sistemas penitenciarios de Colombia y América Latina. Esta iniciativa se ha materializado en la creación de un especial en El Espectador llamado Covid 19 en la Cárceles.

*Coordinador y Asistente** del proyecto Covid-19 en las Cárceles, Universidad de los Andes.

Como parte de este proyecto, hemos sistematizado, analizado y publicado diariamente - a través de un tablero de datos - la información relacionada con el efecto del virus en la población privada de la libertad, el cuerpo de custodia y el personal administrativo de las distintas cárceles del país.

Visite aquí el especial completo de COVID-19 en las cárceles

Para cumplir esta labor revisamos constantemente los informes del INPEC y el Instituto Nacional de Salud sobre la cantidad de contagiados, examinamos los datos sobre el número de recuperados y, finalmente, cruzamos esas cifras con la información disponible sobre las características de las prisiones con el propósito de establecer algunas inferencias. Después de tres meses de seguimiento constante hemos encontrado una serie de tendencias sobre la Covid 19 en el sistema penitenciario colombiano que compartimos a continuación.

1. En la cárcel el virus tiene mayor impacto

La preocupación de que las cárceles se conviertan en potenciales centros de propagación parece tener sentido. Los datos demuestran que el número de contagios es proporcionalmente mayor en las prisiones que en el resto del país. Al comparar la cantidad de contagiados por cada mil personas en la población privada de la libertad y en personas libres hemos encontrado que en los presos el número de contagios ha sido siempre mayor.

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A finales de julio, cuando el número de contagios en las prisiones alcanzó su pico más alto, se registraban 31,23 casos positivos por cada 1000 personas recluidas. Por el contrario, en el resto de la población el número de casos positivos por cada 1000 personas era de 2,45. A pesar de las variaciones en el número de contagiados, los datos demuestran que los casos positivos – controlando por el número de presos – aumentó notablemente durante el mes de julio. Sin embargo, la tasa de contagio en las cárceles empezó a disminuir al iniciar agosto y se ha mantenido hacia la baja hasta el día de hoy. Para el 9 de octubre se reportan 11,14 casos positivos por cada 1000 presos. Por otro lado, el número de contagios en el resto de la población presenta un patrón similar. La tasa venía en crecimiento desde junio hasta inicios de agosto, pero después del 10 de agosto ha empezado a disminuir; al 9 de octubre se reportan 1,7 contagiados por cada 1000 personas que gozan de su libertad.

A pesar de lo alentador que pueda parecer este escenario, no resulta conveniente caer en un optimismo infundado. Aunque la tasa de contagio parece baja, la verdad es que el número de personas privadas de la libertad contagiadas no es pequeño. Según el último reporte del INPEC, el 9 de octubre se reportaron 1.116 casos positivos en todas las cárceles del país. Adicionalmente, la ausencia de pruebas masivas y el escaso acceso de los prisioneros a los servicios de salud dificulta la recolección de datos más precisos. Como nos lo manifestó uno de los presos en una de las visitas del Grupo de Prisiones a la Cárcel Modelo de Bogotá “Acá para que lo vea un doctor usted tiene que estar botando sangre. Si no ven que se está muriendo, nadie lo atiende”.

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Finalmente, aunque el número de contagios está disminuyendo, el número de centros penitenciarios que reportan casos positivos es cada vez mayor. Mientras el 1 de julio sólo veinte centros de reclusión reportaban casos positivos, hoy se registran contagios en alrededor de sesenta establecimientos de reclusión a cargo del INPEC (de un total de 132). En otras palabras, hay menos casos pero están presentes en más partes del país.

2. Las ciudades principales no siempre ocupan los primeros lugares en el número de contagios

El 30 de junio la cárcel Villaehermosa de Cali registraba el mayor número de casos positivos activos en comparación con el resto de centros de reclusión del país. En la capital del Valle del Cauca 600 personas privadas de la libertad estaban contagiadas. Ese mismo día, en las dos prisiones ubicadas en Barranquilla había 54 casos, en Bogotá sólo se reportaba un contagio y en Medellín no había ninguno. A diferencia de lo que pasaba en las principales ciudades del país, donde el número de contagios era muy bajo, municipios como Espinal, Tuluá y Tumaco ocupaban los primeros lugares en contagios de presos.

Un mes después, el 30 de Julio, los datos demostraban un cambio en el panorama pero no en la tendencia. En los establecimientos de Bogotá se registraban 1.651 casos positivos, ocupando el primer lugar del país. Las ciudades que ocupaban los siguientes lugares eran Pasto, Valledupar, Ibagué y Espinal. Contario a lo que señala la intuición, en las cárceles ubicadas en el resto de ciudades principales el número de contagiados era muy bajo. En Medellín y Barranquilla apenas se registraban diez casos en total.

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Aunque las cárceles en Bogotá e Ibagué han presentado el mayor número de contagios durante los últimos meses de la pandemia, las demás ciudades principales (Cali, Medellín y Barranquilla) no aparecen en los primeros lugares. Durante el mes de septiembre y los primeros días de octubre, algunos municipios, como Pitalito, Cáqueza, Acacias y Florencia, han estado incluso por encima de la capital del país.

3. Las características de los centros penitenciarios podrían explicar el número de contagios

Al hacer un análisis con datos panel para los meses de julio, agosto y septiembre, hemos identificado algunos factores que podrían servir para explicar la existencia de las diferencias entre los centros de reclusión del país con respecto al número de contagios. En primer lugar, los análisis estadísticos realizados han demostrado que la capacidad del centro de reclusión (número de presos para el que fue diseñado), el tamaño de la población recluida (cantidad de reclusos) y el nivel de sobrepoblación son determinantes de la cantidad de contagios. Hemos encontrado que, en promedio, por cada persona adicional que ingresa a una cárcel, se presentan cuatro casos de Covid 19.

Sin embargo, y aunque parece muy extraño, los datos disponibles no permiten asegurar que exista una relación entre el nivel de hacinamiento y la cantidad de presos que resultan positivos. La correlación entre estas variables no resulta significativa. Hasta el momento seguimos evaluando distintas explicaciones a este resultado que resulta contario a lo establecido en el campo epidemiológico.

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En segundo lugar, hay una relación entre la ubicación geográfica de la cárcel y los niveles de contagio. Las cárceles ubicadas en la región centro-oriental del país (Norte de Santander, Santander, Boyacá y Cundinamarca) y en el Eje Cafetero tienden a presentar un mayor número de contagios. Una parte importante de los casos positivos observados están concentrados en ciudades ubicadas en estos departamentos, especialmente en Bogotá. En el Eje Cafetero se registra un importante número de casos en ciudades como Manizales o Riosucio.

En tercer lugar, los niveles de seguridad de las cárceles parecen tener un efecto sobre la propagación del virus. Las cárceles clasificadas como de mediana seguridad y de seguridad mixta tienen a presentar más contagios en comparación con los centros de reclusión de máxima y baja seguridad en los cuales la cantidad de contagios tiende a ser menor.

En cuarto lugar, con respecto a la edad de las personas privadas de la libertad, parece que las cárceles compuestas mayormente por personas entre los 35 y 39 años presentan más casos en promedio. Por otra parte, la participación en la población carcelaria de personas mayores a 60 años pareciera tener un efecto negativo sobre el número de casos de Covid 19. De esta forma, pareciera que en las cárceles compuestas mayoritariamente por personas más jóvenes tienden a presentarse más contagios. Aunque la tasa de mortalidad del virus es mayor en personas de más avanzada edad, en el análisis se estudiaron los casos positivos, no las muertes ocasionadas por la pandemia (por falta de datos confiables y suficientes).

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Para concluir, queremos resaltar que aún falta mucho por estudiar respecto al impacto de la pandemia en las cárceles. Una comprensión a profundidad de este fenómeno requiere la exploración de múltiples variables que pueden afectar la propagación del virus en la población carcelaria. La inclusión en el análisis de una mayor cantidad de indicadores de las condiciones de las cárceles, la realización de cálculos a partir de datos recolectados durante un periodo más prolongado y la inclusión de estudios a profundidad de algunas prisiones son tareas pendientes. Si algo hemos aprendido sobre este virus es que aún sabemos poco sobre él.

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