Los correos humanos de Marcos Figueroa

El temido criminal de La Guajira jamás habló por un celular. En cambio, utilizaba mensajeros para dar sus instrucciones.

Marcos Figueroa, alias ‘Marquitos’. / Archivo - El Espectador

Durante los 11 meses que la Dirección Nacional de Inteligencia de la Policía (Dipol) persiguió al terror de La Guajira, Marcos Figueroa, alias Marquitos —capturado el pasado jueves en Boa Vista, Brasil—, jamás pudo interceptarle una comunicación por celular, ya que el hombre evitaba que esto sucediera, para no revelar su ubicación. Tanto así, que las autoridades identificaron que la única forma en la que Marquitos se contactaba con su círculo más cercano era a través de correos humanos. El encargado de estructurar este esquema de seguridad fue su primo y jefe de seguridad Milton Figueroa Zapata, alias Norte, quien cayó junto al ‘narco’.

Norte era el único que tenía contacto físico con Marquitos. Según la Dipol, Milton Figueroa era el tercero en la línea de mando de la organización criminal, se encargaba del tráfico de armas en la región, era la persona de confianza de Figueroa y además tenía un amplio conocimiento en técnicas de seguridad. Desde hace dos años este hombre tampoco hablaba por celular y todas sus comunicaciones eran cifradas a través de un pin por Blackberry o por la aplicación Whatsapp. Norte fue el encargado de diseñar el esquema de protección para su primo, al punto que definió la estrategia de utilizar a dos de sus fichas claves para que se convirtieran en los mensajeros.

Esta modalidad fue descubierta por la Dipol cuando dos agentes lograron infiltrarse en marzo de este año en la organización de Marquitos. Ambos empezaron a trabajar con la red que se encargaba del contrabando de combustible en La Guajira. Comenzaron a ser los ojos y oídos de las autoridades, hasta que descubrieron el talón de aquiles de cualquier narcotraficante: las mujeres. Uno de los policías identificó plenamente quién era la compañera sentimental, quien se comunicaba constantemente con la exesposa de Figueroa para tratar temas de manutención de sus hijos. El agente se convirtió en amigo de la joven de 25 años, al punto que tuvo acceso a su celular.

En el dispositivo encontró la primera prueba reina: una foto actual de Marquitos. Posteriormente, identificó que los correos humanos eran alias Fideíto, quien trabaja como mensajero en Colombia, y alias Tyson, la ficha de Norte en Maracaibo (Venezuela). Esta última ciudad, según las pesquisas de la Dipol, era su hogar desde hace más de 10 años, pero se convirtió en su escondite principal después de que en octubre de 2013 la Fiscalía emitiera una orden de captura en su contra y también solicitara la circular roja de la Interpol.

Sin embargo, en noviembre de 2013, Marquitos fue víctima de un atentado que planearon sus antiguos socios. Este episodio lo obligó a desplazarse al estado de Barinas (Venezuela) y a empezar a movilizarse entre el vecino país y Brasil. El hecho que terminó por desplazarlo totalmente a territorio brasileño fue la captura el pasado 24 de junio en Venezuela de Ómar Montero Martínez, alias Codazzi, un criminal que tuvo vínculos con Figueroa en el Cesar y La Guajira.

El cerco de la Dipol se fue cerrando, al punto que los agentes ya tenían identificados los carros, con placas venezolanas, en los que se movilizaba la familia de Marquitos, después de seguir por semanas a Fideíto y Tyson. Asimismo, los constantes viajes a Brasil de personas cercanas a Figueroa desde hace dos meses, los pusieron en alerta y fue entonces cuando descubrieron que su compañera sentimental llegaría a Boa Vista el pasado fin de semana.

La mujer fue perseguida durante 15 días —cada tres días cambiaba de hotel— en Maracaibo, hasta que Norte llegó a recogerla para transportarla en carro hasta Brasil. En este país empezaron a identificar el inmueble donde se escondía Marquitos. Las pruebas que terminaron dando a conocer su paradero fueron dos graves descuidos de Norte: el primero, transportarse en Brasil con carros que tenían placas venezolanas, y el segundo, pedir un domicilio a través de un celular interceptado. Se dio luz verde y Figueroa y su hombre de confianza fueron capturados.

En un principio Marquitos se identificó con una cédula falsa venezolana y bajo el nombre de Alexis José Cordero. Norte hizo lo mismo con una brasileña. Sin embargo, al verse contra las cuerdas, Figueroa aceptó ser el criminal que durante once meses persiguió la Dipol y por quien se ofrecía una recompensa de $350 millones.

* Maracaibo, ciudad estratégica

 Maracaibo, desde hace más de 10 años, se había convertido en uno de los refugios principales de Marquitos, no sólo porque ahí vivía gran parte de su familia —ha tenido 19 hijos con ocho mujeres—, sino que fue su escondite durante los años en los que el comandante paramilitar Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, lo persiguió para matarlo. Y es que Marquitos al comienzo de su carrera criminal fue escolta de Jorge Gnecco, un empresario que tuvo nexos con carteles de droga y grupos que traficaban con combustible. Gnecco fue en un principio socio de los ‘paras’. Sin embargo, en agosto de 2001, por diferencias con Jorge 40, fue asesinado. De ahí la rivalidad entre Figueroa y Tovar.

A la par de que trabajaba con Gnecco —quien fue la persona que lo presentó con el polémico exgobernador de La Guajira Juan Francisco Gómez Cerchar, más conocido como Kiko Gómez—, Marquitos comenzó a forjar relaciones con criminales de la zona como Arismelis González Murgas, alias Ñego Ñego, el fundador de los Chorrerianos, la principal banda que traficaba con combustible en la zona. Cuando Ñego Ñego murió en marzo de 2001 en Venezuela, en medio de un tiroteo con las autoridades, su hermano, Jesús González, alias Mono, tomó el control. Tan solo dos meses duró en el poder, porque fue capturado. Desde ese entonces, Marquitos se convirtió en el máximo líder de la banda.

Tras la desmovilización de Jorge 40, Marquitos se convirtió en amo y señor de la región. No sólo manejaba las rutas del narcotráfico a su antojo y cobraba un impuesto por el paso de la droga de otras bandas criminales, sino que también, en alianza con el clan Úsuga, sacó de su territorio a los Rastrojos. A la vez, Maracaibo seguía siendo su centro de operaciones y desde ahí despachaba sus negocios. Sus correos humanos eran la pieza fundamental de la organización, ya que ellos entregaban y recibían las órdenes de cuáles personas podían traficar en la zona y cuáles no.

* Coletazos de la captura

 Desde el año pasado la senadora Claudia López denunció los nexos políticos que existían entre el exgobernador Kiko Gómez y Marquitos, ambos procesados por el homicidio de Henry Ustáriz, su esposa, la exalcaldesa de Barrancas Yandra Brito, y un escolta. Además de recibir amenazas, tuvo que salir del país, hasta que regresó para lanzarse al Congreso. Tras la captura de Figueroa, López no dudó en seguir denunciando a los políticos que, según ella, hacen parte de la estructura criminal que reina en La Guajira y el Cesar.

Esta vez los salpicados fueron el senador de la U José Alfredo Gnecco, primo de Kiko Gómez, y el representante a la Cámara del Movimiento de Autoridades Indígenas, Antenor Durán, a quienes señaló de tener nexos familiares con la organización criminal y, además, de recibir apoyos económicos. “El señor Durán, representante por La Guajira, fue apoyado y nunca ha negado vínculos con Kiko Gómez. El senador Gnecco es parte de la estructura política; de hecho, lo unen vínculos familiares”, dijo López.

En su defensa, el congresista Antenor Durán calificó por su cuenta de Twitter los señalamientos de López como infames y la retó a probar sus denuncias. Agregó que siempre ha tenido una excelente gestión como parlamentario desde hace 33 años y que sus contradictores políticos no pueden utilizar su actuación para estimular “la envidia, el odio y la calumnia”.

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2014-10-23T22:42:12-05:00

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Redacción Judicial

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