Los correos secretos de los Nule

La cronología de la debacle de los primos Manuel, Miguel y Guido está contenida en cientos de mensajes.

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Un centenar de correos internos cruzados entre los primos Nule y sus más cercanos colaboradores y socios, fechados entre abril de 2009 y mayo de 2010, revelan no sólo la cronología de su derrumbe como “cacaos” empresariales —cuando las puertas del escándalo del carrusel de la contratación empezaban a abrirse—, sino también la manera como cabildearon negocios que no tenían cómo respaldar, así como su estrategia para enfrentar las denuncias de los medios de comunicación y las minucias del manejo de millonarios contratos.

En muchos de esos mails, en poder de El Espectador, se evidencian los apuros económicos de los Nule para avanzar en los proyectos de la fase III de Transmilenio y de la autopista Bogotá-Girardot, por los que recibieron giros millonarios en anticipos y modificaciones contractuales con los que iban tapando los huecos de sus deudas. También hay correos sobre el préstamo por cerca de $25.000 millones que la Dirección de Estupefacientes les hizo y por el cual ya les imputaron cargos por varios delitos.

En un correo del 1º de julio de 2010, Manuel Nule le escribió a su hermano Miguel que estaba preocupado por la sociedad Serfinanza, una compañía de financiamiento comercial que lo había reportado a las centrales de riesgo y lo tenía bloqueado económicamente. Las obligaciones de los Nule, entonces, ya los habían reventado como emporio. Una semana después, Miguel le contestó a Manuel, en referencia al descalabro del grupo, que estaba fuera del país esperando la llamada de la Fiscalía.

Entonces el país estaba alborotado por una grabación que el propio Miguel Nule filtró a los medios en la que hablaba con el congresista Germán Olano. En ella estaban las primeras pistas concretas de los torcidos del carrusel de la contratación. Para darle tranquilidad a Manuel, Miguel le escribió que iba a ver un “arreglo global” del grupo. Una vez trascendió ese audio, salieron a relucir los nombres de los protagonistas del más grave escándalo judicial de la historia reciente de Colombia: Julio Gómez, Álvaro Dávila, los hermanos Moreno y Emilio Tapia, entre otros.

Meses antes, cuando los rumores sobre el cartel apenas cobraban forma y el imperio ficticio de los Nule se venía al suelo, el contratista William Vélez le escribió a Manuel Nule: “Mucho lamento toda la persecución y el show de publicidad que les están haciendo los HP que quieren perjudicarlos. Usted es mi amigo, del cual me siento muy orgulloso, y deseo que pronto se den soluciones en este mal momento”. Ese mensaje fue remitido por Vélez en enero de 2010. Antes de que cayera el telón de ese año los Nule confesaron las “vueltas” de sus contratos, las coimas que dieron y el supuesto engrase exigido por la administración de Samuel Moreno.

A los correos de los primos Nule llegaban reportes diarios de lo que aparecía en los medios de comunicación sobre su descalabro inminente. También los estados de cuenta de su red de empresas, como MNV, Aguas Kapital, las uniones temporales con las que licitaron en todo Colombia, entre un largo etcétera de mensajes de firmas que los asesoraron. Figuran además bitácoras sobre reuniones con el IDU, en las que se habla de “relanzar las obras” que estaban semiparalizadas y se fijan presupuestos nuevos para atender esos pagos y los súbitos cambios en las inversiones.

En muchos correos electrónicos se notan los reclamos de los socios de los Nule por sus incumplimientos. El 20 de octubre de 2009 uno de ellos le escribió a Guido: “Ya estamos desgastados con esto de estarles solicitando el pago constantemente y no haya un compromiso serio de parte de ustedes para cumplirlo; nuestro apoyo a ustedes fue de buena fe y cumplido en tiempo y forma. En estos momentos están haciendo uso del nombre de nuestra empresa sin cumplir con lo pactado y esto no es legalmente correcto. Esperamos una respuesta formal de alguien de ustedes y finiquitar de una buena vez este asunto”.

De la misma forma aparecen múltiples mensajes sobre la venta de las acciones de los Nule en las empresas de energía Enertolima y Enerpereira. Dichas acciones han sido parte de un largo litigio entre el Estado, el grupo Nule y la firma que las compró: Vergel y Castellanos. Los primos Nule han señalado que la venta tuvo problemas legales y que, por tanto, aún son dueños de las acciones, que están valoradas en cerca de $300.000 millones. Justamente los detenidos empresarios —condenados a 14 años de prisión y en la espera de que se acepte otro acuerdo con la justicia— alegan que ese dinero es suficiente para reparar a sus víctimas.

Los mails muestran los enredos de las primeras caducidades que les decretaron por la pésima ejecución de contratos de malla vial suscritos con Invías. En un correo titulado “Embargo cautelar Ponce”, de noviembre de 2009, un asesor de los Nule señaló: “No hay dinero en las cuentas de anticipo por embargos de terceros realizados a Ponce (de León, uno de sus acreedores). Esto ha generado que los supervisores soliciten explicaciones a Ponce, las cuales no hemos dado a tiempo o no son completas (...). Se necesita tramitar la solicitud de anticipo del próximo año, lo cual no es factible según Invías, por cuanto según el comunicado del banco están pendientes de más dineros para cubrir los embargos”.

Los correos son la constancia de una tragedia anunciada. El 24 de noviembre de 2009, con el fin de atender un hueco para capotear la caducidad de un contrato vial, un colaborador de los Nule (El Espectador se abstiene de revelar éste y otros nombres por prudencia) les escribió con urgencia: “Faltan 25 millones para terminar. ¿Cómo hacemos???????????????? Puedo poner 10 ya mismo. Los 15 restantes, ¿quién los pone?????????”. Asimismo los mails registraron conceptos de prestigiosos bufetes de abogados en los que se delineaban estrategias para capotear la controversia mediática y los procesos judiciales en curso.

También figuran varios mensajes cruzados entre su entonces abogado, Álvaro Dávila, y los Nule, hoy en orillas opuestas. Los Nule acusaron a Dávila de ser uno de los puentes para el pago de comisiones, pero éste ha negado toda vinculación con el llamado carrusel. “Estimado Mane: como lo prometido es deuda, aquí van los proyectos de los textos de los Acuerdos de Cesión que se suscribirían entre las partes. Hace falta llenar espacios (...) Abrazo”, le escribió Dávila a Manuel Nule en relación con la cesión de participación de ese grupo empresarial con la firma Translogistic y la unión temporal Vías de Bogotá.

Muchos fueron los temas tratados en esos correos. Se habla de ciertos acuerdos entre el empresario Alberto Ríos y los Nule por diferencias económicas, con la mediación de un exministro de Hacienda; se habla de borradores para responder al préstamo irregular de la DNE, de perspectivas para atender el desastre financiero, el pago de un BMW adquirido por Manuel Nule, las gestiones para la renta o la compra de un avión, y hasta la solicitud de rectificación a la emisora la W que venía informando los pormenores de la debacle empresarial. Incluso, con el agua al cuello, alcanzaron a considerar un proyecto en Panamá que finalmente no cuajó.

Hoy los Nule tienen un panorama judicial enredado. Una condena de 14 años y otra más en camino. Estos correos son una radiografía de un imperio de papel que colapsó.

 

 

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