Los guerrilleros extranjeros de las Farc

Con Tanja Nijmeijer, hace nueve años se empezó a saber de los ciudadanos de otros países que se habían unido a la guerrilla. El caso más reciente, de un chileno, lo acaba de dar a conocer la BBC.

Un chileno, un argentino, una francesa y una holandesa: en los últimos nueve años, la presencia de extranjeros en las filas de las Farc ha tomado el rostro de esos dos ciudadanos latinoamericanos y el par de europeas. El tema volvió a evidenciarse el lunes pasado, cuando el periodista argentino Natalio Cosoy, corresponsal en Colombia para la BBC, publicó una entrevista con José Roberto Carrasco Pizarro. En el Frente 21 de las Farc, que opera en Rioblanco (Tolima), lo conocen con el alias de Santiago. Después de estudiar comunicación en Viña del Mar y publicidad en España, terminó portando un M-16 por las zonas rurales de Colombia.

De Santiago poco se sabía. Las versiones de los organismos de inteligencia y las declaraciones de guerrilleros desmovilizados daban algunas pistas de que un chileno hacía parte de las Farc, pero fue hasta julio de 2015 cuando, en una operación del Ejército, se tuvo certeza de su presencia en el país. Luego, en agosto de ese año, una desmovilizada de las Farc les entregó a las autoridades algunos documentos de alias Santiago, como su pasaporte. A partir de ahí, las especulaciones sobre su papel en las Farc empezaron a circular.

En agosto de 2015 los medios colombianos hablaron de él por primera vez. Lo llamaban alias Chile y aseguraban que era médico y que hacía parte de la “cancillería” de las Farc. Sin embargo, en su entrevista con la BBC, alias Santiago desmintió la mayoría de la información que ha circulado sobre él. Negó que fuera médico, aunque admitió que fue entrenado para ser enfermero. Rechazó también ante el corresponsal de la BBC en Colombia que fuera el encargado de manejar los contactos del grupo subversivo en el exterior para el financiamiento de la guerrilla. Su posición no le alcanzaba para tener ese cargo, afirmó el chileno, que dijo haberse unido a las Farc en 2012.

Aunque ningún organismo del Estado conoce las cifras exactas, el Ejército ha estimado que la presencia de latinoamericanos y europeos en las Farc no sobrepasan los dos dígitos. Con base en las declaraciones ante la prensa de guerrilleros extranjeros, testimonios de desmovilizados e informes de inteligencia, también se conoce que hay extranjeros en las filas de las Farc provenientes de Panamá, Venezuela, Brasil y Ecuador.

Tanjia Nijmeijer es, sin duda, la más conocida de los guerrilleros forasteros. En 2007, su rostro en una portada de la revista Semana la sacó del anonimato y el país empezó a conocer de su existencia en las Farc. Es originaria de Holanda y desde su época universitaria mostró sentido social y militancia en la izquierda. La llegada de la holandesa al país se dio de manera fortuita, al encontrar prácticas laborales en Colombia como profesora de idiomas en un colegio campestre de Pereira.

Para Tanjia Nijmeijer, visitar los lugares más deprimidos del país y los más opulentos fueron experiencias lo suficientemente impactantes para decidirse a entrar en las Farc. “Para mí estaba claro que la democracia en Colombia solo existía sobre el papel. Y así sigue siendo actualmente”, declaró en 2012 en una entrevista para el diario El País de España, el cual, como tantos otros medios del mundo, quería saber más sobre la europea que se unió a la delegación de las Farc en las negociaciones de paz con el gobierno colombiano bajo el alias de Alexandra Nariño.

Bajo la fachada de ser profesora de un colegio de la alta sociedad bogotana, a donde llegó de Pereira, Nijmeijer ha admitido en entrevistas que cometió atentados como integrante de las milicias farianas en la capital del país. Por ejemplo, puso bombas contra la infraestructura de Transmilenio y contra un acaudalado comerciante. Según ella, sus atentados no dejaron víctimas.

Rozando los 40 años de edad, Nijmeijer funciona como una especie de relacionista pública y traductora de las Farc ante medios internacionales, guerrilla a la que le ha dedicado quince años de su vida: casi el mismo tiempo que el argentino Facundo Morales Schoenfeld, alias Comandante Camilo, quien supuestamente ingresó a Colombia en 1999. A principios de 2011, el diario argentino Clarín registró las palabras de una fuente de inteligencia militar colombiana: “Ya lo detectamos (a Morales) y sabemos que antes de que termine diciembre va a caer”. Él sigue en las Farc.

Morales, en el momento de contactar e ingresar a las Farc, levantó sospechas de ser un infiltrado en la guerrilla, como si se tratara de un espía internacional. No obstante, desde que logró comunicarse con los guerrilleros, mientras se desarrollaban los diálogos de paz con el Gobierno en San Vicente del Caguán entre 1999 y 2002, empezó a ganarse su confianza y resultó convirtiéndose en uno de los cinco hombres de confianza de alias el Paisa, máximo comandante de la columna móvil Teófilo Forero, conocida como la más violenta de las Farc por actos como la bomba en el Club El Nogal. Morales justifica su presencia en las Farc con el argumento de que, al igual que sus antepasados, es su deber luchar por la libertad del continente.

Y luego, la francesa: hace dos semanas, una mujer que se hace llamar en la guerrilla Nathalie Mistral apareció en una entrevista revelada por Radio Francia Internacional. Mistral, quien se enroló en el frente 57 de las Farc, afirmó su compromiso de quedarse en el país después de haberse sellado un acuerdo final en La Habana con el Gobierno. Nació en Montpellier en una familia obrera, en la cual tuvo una formación política comunista. Fue trabajadora social y sindicalista antes de decidirse a vivir en América Latina, donde tuvo un paso fugaz por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en México.

La guerrillera francesa manifestó su intención de trabajar en la región del Chocó, donde opera el frente 57, para ayudar con las transformaciones de esta región: “Los primeros años me veo participando, planificando, ayudando como pueda a la construcción de territorios de paz. Y después de esto, quién sabe a dónde nos lleve la vida”. Sobre sus motivaciones de ingresar a la guerrilla no habló en concreto, pero dejó clara la labor que se viene para las Farc con las víctimas: “Nosotros vamos a hacer lo posible para reconocer los errores, pedir perdón si hay que pedirlo, reparar cuando se pueda reparar. ¿De qué forma? Haciendo que mejore la vida para esas personas que fueron afectadas”.

 

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