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'Los homosexuales son unos enfermos': La Sabana

En un documento presentado a la Corte Constitucional esa universidad sostuvo que el comportamiento de las personas LGBTI se “aparta del común, lo que constituye de alguna manera una enfermedad”.

EFE

Pese a que desde 1973 la Asociación Americana de Sicología ha dicho que la homosexualidad no es una enfermedad, y pese a que hace 25 años la Organización Mundial de la Salud retiró a esta orientación sexual de su lista de enfermedades psiquiátricas, todavía hay quienes la consideran un trastorno que debe ser curado. No hace mucho, en 2008, el entonces magistrado de la Corte Constitucional, Nilson Pinilla, sostuvo que los homosexuales sufrían “de una anomalía”. Ahora, es la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana la que replica esta posición en un concepto enviado a la Corte Constitucional para que sea tenido en cuenta a la hora de discutir sobre la posibilidad de que las parejas homosexuales adopten. Un concepto que se suma al ya presentado por la Facultad de Sicología de esta misma entidad y revelado hace unas semanas por este diario. (Lea: Concepto de la Universidad de La Sabana)

En el documento de cuatro páginas, conocido por El Espectador, el doctor Pablo Arango, profesor asociado del Departamento de Bioética de la Facultad de Medicina de esta universidad, sostuvo que “las personas homosexuales y lesbianas merecen nuestro respeto como personas, pero hay que señalar que su comportamiento se aparta del común, lo que constituye de alguna manera una enfermedad”. Señaló, además, que estas “presentan una salud más deteriorada con mayor tasa de enfermedades mentales, más frecuencia de VIH sida y de otras enfermedades de transmisión sexual, con un índice de suicidio mayor (…) Estas parejas del mismo sexo son mucho más inestables, están afectados de diferentes situaciones emocionales y físicas y “cometen más abusos sexuales”.

De la misma forma, dijo que los niños criados por homosexuales presentan baja autoestima, estrés, inseguridad respecto a su vida futura en pareja y tener hijos, “trastornos de la identidad sexual, rechazo del compañero o compañera del progenitor homosexual como figura paterna o materna y preferencia a vivir con el otro progenitor” y que en estos casos “el adoptado está en mayor riesgo de sufrir abusos sexuales”. (Ver Los secretos de la ponencia que avala la adopción gay).

Sostuvo igualmente que con los homosexuales hay una mayor posibilidad de que los niños sufran “trastornos de conducta como drogodependencia, disfunciones alimentarias, fracaso escolar, mal comportamiento en clase y que sufran con más frecuencia experiencias traumáticas por ruptura de la pareja, situación que es mucho más frecuente que cuando se trata de matrimonios estables de un hombre con una mujer” y que “la presencia de conductas o identidades homosexuales es del orden de 8 veces más frecuente que la media”, de nuevo, dando a entender que la homosexualidad es una enfermedad.

Igualmente hizo referencias a varios estudios, como por ejemplo, un estudio de 2004 que dice que estas parejas “tienen un riesgo de divorcio del 50% en el caso de los gays y 200% para las lesbianas” y uno de 2003 que muestra que “la duración media de una relación homosexual estable es de año y medio”. Incluso a un estudio de 1990 que indica que “las madres lesbianas son abiertamente hostiles a los roles masculinos y se niegan a ofrecer juguetes asociados con el rol masculino a los niños”. (Ver La Universidad de La Sabana contra la adopción gay).

No obstante, al referirse a estudios contrarios a estos, la Facultad de Medicina se limitó a decir que quienes realizaron estos estudios son “todos activistas homosexuales y lesbianas indudablemente poco imparciales. Igualmente ocurre con el grupo de trabajo de la Asociación Americana de Pediatría”. Y en un aparte, que parece una explicación no pedida, indicó que “al señalar a alguien como enfermo, con riesgos de fracasar en su vida afectiva, de consumo de sustancias sicoactivas o con mayor tendencia al suicidio, no lo estamos discriminando sino señalando una situación. Cuando un médico le dice a un paciente que sufre de artritis reumatoide, patología que afecta a un porcentaje bajo de la población, no lo está discriminando, lo está señalando como una persona propensa a sufrir dolores articulares, deformidades osteo musculares, pero no la discrimina y sí le ofrece su ayuda”.

Todos estos argumentos distan de algunos presentados ante la misma Corte Constitucional por otros especialistas como, por ejemplo, el Colegio Colombiano de Sicólogos que en un documento, conocido por este diario, sostuvo que “no es posible demostrar que los hijos o hijas de parejas del mismo sexo se hayan visto afectados en su bienestar psicológico por la orientación sexual de sus padres. Los estudios concuerdan en que el ajuste psicológico, emocional y social de los hijos e hijas de familias homoparentales se relaciona con las dinámicas familiares y en particular con la comunicación, el manejo de las normas y los aspectos socioeconómicos, y que la orientación sexual de los padres no aporta al ajuste de los hijos e hijas” y que incluso hay estudios recientes –de 2014– en los que se evidencian “mejores desempeños en la crianza y en bienestar de las familias en parejas homoparentales que en las familias de padres de sexo opuesto”.

En su concepto, el Colegio hizo referencia, por ejemplo, a un estudio de 2010 en el que se señala que “los niños y las niñas en etapa preescolar mostraban características típicas de su género y que esto no dependía de si se trataba de una familia homoparental o heterosexual. Esto se comprobó al tomar datos de observación de los juegos de las niñas y niños de dichas familias, así como del uso de prendas de vestir propias de su género” y otros cuatro estudios que demostraban que “los niños y niñas pertenecientes a familias homoparentales tienen redes sociales activas y reportan amistades tanto cercanas como duraderas en el tiempo. Adicionalmente, no sólo reportan tener una gran cantidad de amigos, sino también alta calidad en las relaciones de amistad”.

En el texto dirigido al alto tribunal, se hizo referencia, igualmente, a un estudio de 2011 en el que compararon una muestra de adolescentes de madres lesbianas y una muestra similar con padres heterosexuales, “encontrando que los niños y niñas de 17 años criados por madres lesbianas no mostraban mayores probabilidades de tener contactos homosexuales que sus compañeros criados por padres heterosexuales”. (Ver Se calienta el debate sobre adopción por parte de homosexuales).

En un texto enviado a este diario, el médico epidemiólogo y doctor en Políticas en Salud de la Universidad de McMaster (Canadá), Jaime Ardila sostuvo que “para quienes nos dedicamos a la academia en medicina, donde la rigurosidad lo es todo, sentimos como una blasfemia el concepto científico de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Sabana sobre adopción por parte de parejas del mismo sexo. El documento simplemente elige aleatoriamente algunos estudios para lanzar conclusiones ligeras, sin ningún soporte metodológico ni científico. Los colegas de la Sabana olvidaron que existen revisiones sistemáticas, estudios de cohorte, estudios de casos, experiencias anecdóticas, etc. y que cada una de esos términos tiene un significado y un impacto diferente en el proceso de toma de decisión”.

Ardila rechazó, además, que en este concepto se afirme “que no existen estudios rigurosos que permitan hacer conclusiones válidas acerca de la salud de los niños adoptados por personas del mismo sexo. Sin embargo, y a pesar de que para ellos no se pueden hacer conclusiones válidas, afirman que los niños adoptados por parejas del mismo sexo presentan baja autoestima, estrés, rechazo del compañero y drogodependencia. Al evaluar cuidadosamente la evidencia que utilizan en estas conclusiones, se puede dar uno cuenta (y cualquier epidemiólogo bien formado) que los estudios que utilizan ni siquiera cumplen criterios para ser considerados estudios científicos. Ni hablar de las afirmaciones acerca de la homosexualidad como enfermedad: estimados doctores ¿se perdieron la actualización del DSM III de 1973? No le mientan a la Corte ¡eso sí es pecado!”.

La controversia sigue y, muy seguramente, seguirá sin importar lo que decida la Corte Constitucional respecto a la posibilidad de que las parejas homosexuales adopten, un debate que se encuentra ya en su recta final (Ver Se calienta el debate sobre adopción por parte de homosexuales). Se espera que antes del 18 de febrero se defina si se avala o no la ponencia del magistrado Jorge Iván Palacio en la que, precisamente, se dejan en duda algunos de los argumentos presentados por La Sabana. “Algunas de las conclusiones plasmadas se sustentan en estudios científicos que han sido descalificados. Además, algunas aseveraciones hechas por esa institución son el resultado de estereotipos y lenguaje discriminatorio que la propia Corte Constitucional ha considerado inadmisible”, sostiene Palacio en su ponencia, revelada por este diario el pasado 24 de enero y en la que defiende la posibilidad de que las parejas homosexuales adopten.

“La protección al menor constitucionalmente admisible no apunta a evitar o disminuir el ‘riesgo’ de que una persona adoptada pueda tener la misma inclinación de sus padres. Ello implicaría promover un estigma discriminatorio y asumir que la homosexualidad es una condición que se aborrece, cuando está demostrado que no se trata de ninguna patología —como equivocadamente creen algunos—. Es simple y llanamente una expresión legítima y respetable de las libertades fundamentales y de las decisiones autónomas de cada individuo”, sostiene Palacio. La Corte está dividida entre cuatro magistrados a favor de que las parejas homosexuales adopten, otros cuatro en contra y un conjuez que va a definir todo.

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