Los líos del Club Militar

Este club es un epicentro del poder. Por allí circulan altos mandos y ministros, pero la Contraloría encontró serios problemas: el tanque del agua potable no cumple con los requisitos sanitarios y la Secretaría de Salud tuvo que cerrarles dos cocinas y la piscina.

La historia del Club Militar nació en 1948 por medio de la Ley 124 del 23 de diciembre de ese año. / Archivo
La historia del Club Militar nació en 1948 por medio de la Ley 124 del 23 de diciembre de ese año. / Archivo

La sede principal del Club Militar, ubicada en el suroccidente de Bogotá, es un espacio clave para la vida castrense. Más allá de los servicios que les presta a las esposas e hijos de los oficiales —piscinas, canchas, bolos—, por sus pasillos suelen verse altos mandos, generales retirados y ministros. Allí se han discutido temas tan trascendentales como el proceso de paz con las Farc. Sus restaurantes, habitualmente, son una especie de centro de poder, donde se tejen reuniones trascendentales para la vida militar, la guerra y el país mismo. Esos mismos restaurantes, sin embargo, resultaron inspeccionados por la Secretaría de Salud de Bogotá.

El restaurante Portofino, la piscina y dos cocinas fueron cerradas temporalmente como resultado de la inspección. Todo esto ocurrió a raíz de la Contraloría General en un informe de 75 páginas, conocido por este diario, luego de hacer inspecciones y de hacerle auditoría a los balances del club de 2015. La Contraloría visitó los cinco restaurantes que hay en el club y encontró que el personal a cargo manipula alimentos sin usar elementos de protección, que las paredes están deterioradas y con grietas, que las mesas no se pueden desinfectar del todo porque están hechas en madera y que las condiciones de aseo son inapropiadas.

Los techos de los restaurantes, los mismos bajo los cuales se resguardan los altos oficiales y otros funcionarios del poder mientras comen, acumulan humedad. Los pisos en el área de procesos y en el cuarto frío tienen grietas tan profundas que impiden las labores de aseo y, lo peor, facilitan los accidentes. Y no son sólo los restaurantes los que, por petición de la Contraloría, serán revisados por la Secretaría de Salud: es también la enfermería, los cuartos y los baños para operarios, así como el hotel que hay dentro del club.

En las habitaciones de éste, el deterioro en los pisos y las paredes es tal que el organismo de control consideró adecuada la intervención de la administración municipal. En cuanto a los baños y cuartos para operarios, el piso está tan grave, que no sólo hay peligro de que los trabajadores sufran caídas, sino que hay “riesgo bacteriológico”. En la enfermería, algunos medicamentos de primeros auxilios están vencidos o próximos a vencerse sin que hayan sido repuestos.

Hubo otras fallas en el club que también llamaron la atención de la Contraloría. Por ejemplo, el tanque principal de almacenamiento de agua potable no cumple con las condiciones sanitarias. Los planes de salud ocupacional para los trabajadores está en números bajos, pues apenas a 81 de los 217 operarios del club se les ha practicado exámenes como frotis faríngeo (con el que se determina infección con estreptococos en la garganta) o KOH de uñas (que descarta hongos en las uñas o en la piel). Y, además, las salidas de emergencia no están bien señalizadas.

Por todos estos hallazgos, que la Contraloría dejó plasmados en su informe que terminó en noviembre pasado, el Club Militar tendrá que tomar medidas para hacer cambios y ajustes. La Contraloría le indicó al club, además, que se “ponga las pilas” en temas como el recaudo de ingresos, en mejorar los informe de supervisión y en cumplir con las normas ambientales para el manejo de residuos sólidos.

Y, encima de todo, un detalle fundamental que puso en conocimiento hasta del ministro de Defensa el mayor Fernando Galeano, abogado y socio del club: a todos los magistrados de la Corte Suprema y al procurador delegado ante las Fuerzas Militares les entregaron de forma gratuita carnés de socios, a pesar de que cada uno cuesta más de un $1 millón.

 

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