Malestar del proceso de paz

El escándalo que cobró las cabezas de siete generales esta semana evidenció no sólo el malestar de un sector de la Fuerza Pública, sino el lío de los falsos positivos en el ajedrez del conflicto.

El viernes pasado el presidente Juan Manuel Santos presentó la nueva cúpula militar tras el escándalo desatado por una presunta red de corrupción en el interior del Ejército. / David Campuzano - El Espectador

La crisis que se vivió esta semana en las Fuerzas Militares por las revelaciones de una supuesta red de corrupción a través de millonarios contratos, hizo explícito el secreto a voces que venía circulando desde hace varios meses en diversas brigadas y batallones: las dudas y el malestar de muchos oficiales y suboficiales con el desarrollo y las perspectivas del proceso de paz que adelanta el gobierno de Juan Manuel Santos con las Farc en La Habana.

“Tengo la esperanza de que (…) nuestra institución no será objeto de negociación en escenario alguno, presente o futuro, y bajo ninguna circunstancia”, expresó ante los periodistas el saliente comandante de las Fuerzas Militares, general Leonardo Barrero, principal descabezado en la crisis. Un comentario que, ya liberado del peso del uniforme, ratificó los resquemores de la tropa por su destino en el caso de una eventual firma de la paz.

Una alta fuente militar consultada por El Espectador resumió así las preocupaciones dominantes: “Que se reduzcan las Fuerzas Militares; que las conviertan en una simple guardia nacional para custodiar fronteras; que les quiten derechos económicos y sociales, adquiridos en medio siglo de guerra; pero principalmente, que se negocien beneficios jurídicos en favor de las Farc para borrar sus hechos de violencia, mientras las Fuerzas Militares quedan enfrentando a la justicia”.

Una zozobra tan real que el pasado viernes, durante la ceremonia de reconocimiento de los nuevos comandantes de las Fuerzas Militares, el presidente Santos salió a capotearla y advirtió que “si hay una justicia transicional y algunos beneficios producto de un acuerdo de paz, los miembros de nuestras Fuerzas Armadas también tendrán que estar incluidos (...) Tengan la certeza de que yo no permitiré que esos beneficios no sean también para nuestras Fuerzas Militares”.

En el trasfondo de la crisis, más allá de la gravedad de las conversaciones reveladas por Semana sobre una red de corrupción al más alto nivel, y de la irritación de un sector de la tropa por la incertidumbre de lo que se está negociando en La Habana, el capítulo que más les incomoda es de los falsos positivos. Esta semana el vicefiscal Jorge Perdomo le puso cifras al asunto: 2.200 investigaciones en curso y, hasta la fecha, 890 condenas por ejecuciones extrajudiciales.

Precisamente, el escándalo que desataron las grabaciones tiene como protagonista a un oficial del Ejército enjuiciado por su presunta responsabilidad en el asesinato de dos campesinos en Neira (Caldas), que fueron presentados como guerrilleros abatidos en combate en septiembre de 2007. Se trata del coronel Róbinson González del Río —investigado en otros casos por hechos similares—, quien preso en una guarnición militar en Bogotá negociaba contratos, mantenía línea directa con altos oficiales y trataba de torcer a la justicia.

Una de tales grabaciones dejó en evidencia que el tema de los falsos positivos mortifica tanto a los militares, que el saliente general Leonardo Barrero se lo dijo a González del Río en una conversación interceptada: “Aprovechen y únanse, hijueputa. Esto tiene uno que ser inteligente. Yo no lo puedo hacer, pero ustedes sí porque son los afectados (...) Hagan una mafia para denunciar fiscales y toda esa güevonada”. Esa insinuación le costó el puesto y probó que suena a causa común o solidaridad de cuerpo.

Aunque el presidente Santos aclaró que el general Barrero no salió por actos de corrupción, sino por “unas expresiones irrespetuosas y desobligantes que le restan majestad frente al poder judicial y frente al país”, el oficial, en sus palabras de despedida, recalcó que su retiro obedeció a razones políticas. Más allá de las diferencias semánticas, quedó también a flote el fastidio creciente de las Fuerzas Armadas respecto a las pesquisas de la Fiscalía sobre los falsos positivos.

En los últimos años, muchos oficiales han insistido que además de combatir a la guerrilla, tienen que librar una guerra jurídica. El presidente Santos, el pasado viernes, incluyó esta expresión cuando habló a los militares que debían confrontar enemigos externos e internos. De los primeros señaló: “Esos enemigos externos de nuestro Ejército, bien sean los grupos terroristas, armados, enemigos políticos y otros que nos hacen incluso la guerra judicial, esos enemigos hay que confrontarlos”.

En otras palabras, impera la sensación de que no sólo en el episodio de los falsos positivos, sino en otras facetas del conflicto, las Fuerzas Militares sienten que no tienen garantías ante la justicia. El primer oficial que renunció por este escándalo, según él para defender a la institución sin atadura alguna, fue el jefe del Comando Conjunto de Operaciones, general Javier Rey Navas, quien hace dos días tomó una decisión inédita: acudir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington.

“Pido medidas cautelares de protección a la CIDH porque me niego a creer que sólo los jueces, los magistrados, los líderes de izquierda, los sindicalistas, los exguerrilleros o los defensores de derechos humanos puedan tocar o necesiten de la CIDH. Un militar activo seguramente no requiere protección. Pero un oficial en retiro, perseguido por sus ideas, es un ciudadano de total vulnerabilidad”, expresó el general Rey en su petición, en la que defendió sus reparos al proceso de paz en La Habana.

Es más, el oficial en retiro aseguró que en caso de verse investigado por los coletazos del escándalo, va a llegar precedido de “un ambiente de creciente sospecha”. Él lo atribuye a que sus reflexiones, cuando le eran requeridas, en torno al proceso de paz, resultaban incómodas. En seguida Rey Navas manifestó que aunque resultó exonerado por anónimos mentirosos, después lo señalaron de haber filtrado unas coordenadas al expresidente Uribe y ahora lo atacan por corrupción.

El oficial añadió en su documento que el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, le dijo que el presidente tenía dudas sobre él porque creía que “había un complot del Ejército en contra del proceso de negociación de paz”. Después vino lo de las coordenadas. No se probó su responsabilidad, pero, según Rey Navas, alguien interceptaba sus teléfonos. Luego señaló al ministro Pinzón de promover una campaña negra sobre su patrimonio económico y sus enlaces en la contratación del Ejército.

Otro de los oficiales que decidió dar un paso al costado fue el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares, general Hugo Acosta Téllez. Hasta esta semana, además de las labores propias de su cargo, encabezaba la mesa de asesores de las Fuerzas Militares para el proceso de paz en La Habana. En medio de la crisis, el general Acosta incluso estuvo reunido con el general (r) Jorge Enrique Mora, quien hace parte del grupo de negociadores del gobierno Santos.

Según estableció El Espectador, a petición del general (r) Mora y del ministro Pinzón, el general Hugo Acosta seguirá como asesor externo en la mesa de diálogos en Cuba. En sus primeras declaraciones públicas, el dimitente oficial recalcó que no hay división en las Fuerzas Militares y que éstas no van a negociarse. Por el contrario, insistió en que está convencido de que se puede llegar a la paz y que todos los colombianos deben abrir su corazón para la gente que quiere reintegrarse a la civilidad.

En uno u otro caso, salta a la vista que así como hay militares jugados con el presidente Santos por la salida negociada al conflicto, hay otros que desconfían sobre lo que se discute en La Habana. Y ya no cabe duda de que el talón de Aquiles del inconformismo en los militares es la disyuntiva de que se pueda pasar la página sobre la barbarie guerrillera mientras muchos soldados y oficiales purgan penas en prisión no sólo por los falsos positivos, sino por otras acciones de guerra.

Por ahora, el presidente Santos dejó un mensaje contundente: “Tenemos que fortalecer todos los mecanismos para darles seguridad y tranquilidad jurídica a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas (...) Pero hay líneas rojas que no permitiré que se traspasen. Una de esas son nuestras Fuerzas Armadas. Cualquier modificación que puedan sufrir, si llega la paz, la haremos nosotros, en forma concertada, Gobierno y Fuerzas Armadas (...). Ustedes no están ni estarán en las discusiones con las Farc”.

En el entretanto, el escándalo por las grabaciones del coronel González del Río crece cada día más. Las cabezas de siete generales y de un magistrado del Consejo de la Judicatura —Henry Villarraga— ya rodaron por cuenta de sus confianzudas conversaciones con un hombre bajo sospecha. El Espectador conoció centenares de grabaciones que hoy indaga la Fiscalía (ver recuadros). Se nota el poder que tiene, la ascendencia sobre altos oficiales, su mano larga para negociar contratos, la vida buena que se daba en prisión y hasta los cálculos que hizo para tratar de evitar la mano de la justicia. Su caso, más allá de la corrupción, es la trasescena de los falsos positivos.

 “Ellos van a ir a negociar con el fiscal”

Coronel González: Estoy preocupado, doctora, porque resulta que el sargento Parra y el capitán Madroñero están en la cárcel blanca de Manizales. Allá logramos mandar un capitán para que los visitara a ver qué necesitaban. Y están sin colchonetas, están sin nada. Pero el sargento Parra mandó a decir que van para el Batallón de Ayacucho, que les autorizaron una cita médica en Ayacucho y que ellos van a ir a negociar con el fiscal. Esta hijueputa perra

Voz femenina: ¿Parra o Madroñero?

C. G. : Parra. Y resulta que el señor Madroñero está en este momento con el doctor Benjamín.

Voz femenina: Ah no, ya les di el número y todo. Yo ya hablé con ellos. Pero Parra, ¿si va a hacer eso?

C. G. : Eso fue lo que le mandó la razón al teniente Rey. El teniente Rey me llamó urgente y me dijo téngalo ahí y cuando esté con usted me llama.

Voz femenina: Pues si quiere yo viajo ya para Manizales.

C. G. : El hecho es que a esos maricas los llevan a una remisión que nunca les van a cumplir. ¿Cómo hacemos para oficiar o que el Inpec nos colabore para que los traigan para Bogotá?

Voz: No, hoy los sacan. Si no hay audiencia... ¿Cuándo era la audiencia?

C. G. : Ayer.

Voz: Hoy los sacan. Dame 15 segundos.

C. G. : Doctora.

Voz: ¿Entonces es que él va a hablar en el Batallón Ayacucho?

C. G. : Sí. Él (Parra) va a ir al Batallón Ayacucho y va a hablar con los soldados para decirles que es mejor que se vayan de anticipada. Ese sargento Parra es un peligro, por eso toca tomarle urgente entrevista.

Voz: No, yo tengo una ya de él. ¿Te acuerdas? La que le dio primero a Edwin. Esa yo la tengo. Sin embargo, me preocupa mucho la situación. No habrá una opción, a quién tenemos allá para que hable con él.

C. G. :Ya fue un capitán allá habló con ellos, les va a llevar unas colchonetas, unos sacos, unas chuletas de pollo ahí que pidieron. Pero que él va a hablar con los soldados para decirles que mejor se vayan de anticipada.

Voz: Con los soldados.

C. G. :Aunque soldados de él no hay ahí.

Voz: Adelantémonos.

C. G. : Sí, yo voy a coordinar, ya voy a llamar al mayor y vuelvo y la llamo.
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Voz masculina:

Coronel, noté bajísimo de nota a Madroñero. Incluso nos estaba pintando la cuestión de replantear la estrategia.

C. G. : Listo, mijo. Voy a llamar de pronto a Madroñero.


“Hay que esconderlo todo”

Coronel Rodríguez: Mi coronel, vaya y encuéntrese con Jiménez porque esto se puso caliente, mi coronel, con la vuelta de mi coronel Borja.

Coronel González: Sí, pues yo ya llamé a Rivas.

C.R. : Pues sí, mi coronel, pero usted sabe que eso no se demora que… no falta con toda esa mierda que salió, usted sabe que los medios dan bombo y no falta que caiga una comisión del Inpec acá a pasar revista o alguna mierda.

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C.G. : Ya hablé con Rodríguez, Rodríguez no sabía que yo había hablado con Rivas. Me dijo ah bueno, y yo le dije que si nos mandan a llamar nosotros en 20 minutos estamos allá, en 20 minutos estamos con ese huevón reunidos.
Cualquier cosa, usted diga que mi coronel está reunido en diligencia con los abogados, ya le digo. Y listo. Usted se mueve a la (...) y yo le salgo allá.
Jiménez: Listo, mi coronel.

C.G. : Yo hablé con Rivas y me dijo ‘cada quién se labra su destino, si viene una revista ya cada quién sabe qué va a hacer. Eso es un problema interno, eso se veía venir.

Jiménez: Ah, hp.

C.G. : A nosotros no nos van a hacer nada porque nosotros hicimos todo correcto. Ahí no hay problema. Eso fue con orden de él y autorización de él.

Jiménez: De todos modos la anotación quedó ahí. Yo llamé a este man y me dijo que había hecho la anotación a las 4 a.m. y no hay ningún problema.

C.G. : Lo otro es que nosotros vamos por tierra, cierto. Hagamos cuentas bien. 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10. Si le preguntan dónde estamos, usted dice no estamos en este momento… o sea, vamos viajando, supuestamente estamos llegando a Manizales tipo 12:30-1. Si llegan a llamar antes usted dice no, paramos a comer algo, mi coronel está en el baño, ya le marco. O apague el celular porque entramos a pasar por el Páramo de Letras y en esa mierda no hay señal.
Esperemos a ver qué pasa. Ya a la 1 estamos en Manizales y vale huevo. Ya entro ahí con el abogado y listo. Estamos pendientes.
Voz masculina: Listo mi coronel, cualquier cosa quedamos copias,

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C.G. : Qué hubo mi pez.

Voz masculina: Qué hubo, perrito.

C.G. : ¿Qué han dicho hermano?

Voz: No, siga usted en la juega, mijo, tranquilo. Relájese y disfrute pelao.

C.G. : ¿No han dicho nada?

Voz: No nada, tranquilo que aquí le frenteamos chino.

C.G. : ¿Hicieron raqueta?

Voz: Sí, claro.

C.G. : ¿Y a nosotros también?

Voz: Sí, claro, a nosotros fue a los que nos hicieron huevón.

C.G. : No pues marica, ni modo, pues a mí sólo me quitaron una cámara fotográfica.

Voz: Por eso, pero a usted se la había escondido ese man, ¿no?

C.G. : Sí, sí.

Voz: Pero sí nos raquetearon huevón.

“Ese fiscal es un hijueputa”

Coronel González: Buenas tardes.
Voz masculina: ¿Cómo ha estado?
C.G.: Bien, ahí trabajando.
Voz: Ah bueno cucho, bueno. ¿Entonces, mi viejo?
C.G.: Ahí esperar huevón, ese fiscal nos tiene jodidos.
Voz: Sí, ese fiscal es un hijueputa, ¿qué más? ¿Si hay formita pa meterle algo al bono, cucho?
C.G.: ¿Cómo, mijo?
Voz: ¿Sí hay forma de meterle algo al bonito, es que estoy pelao?
C.G.: Marica, déjeme mañana yo hago eso. Llamo a Viviana y le pongo.
Voz: Hágale pues, cucho. Dios lo bendiga.

“No me va a dar una gran hp habitación lepra”

Coronel González: No contestan los hijueputas. Oiga hermano, ¿qué?
Voz masculina: Ya le mandé el pin, mi coronel.
C.G.: Pura mierda, malparido. ¿A dónde me la mandó?
Voz: Ahí al mensaje por texto. Se lo acabé de enviar.
C.G.: No me mandó ningún mensaje. ¿Me va hacer el favor o no?
Voz: Sí, mi coronel. Ya le estoy coordinando con el sargento.
C.G.:Hp, voy a llamar ya a Marín, usted hp subteniente. ¿De qué arma es?
Voz: Ingeniero, mi coronel.
C.G.:Sí ve, hermano, usted cómo es chino. ¿Entonces cómo hago hermano?
Voz: Ya estoy coordinando con Díaz para ubicarle la habitación, porque me iban a dar una fea.
C.G.: Hermano, no me va a dar una gran hp habitación lepra, hermano.
Voz: No, una al detalle, mi coronel. Estoy es pendiente de eso.
C.G.: Bueno, un abrazo. Ahí le mandé la invitación, acéptela.
Voz: Bueno mi coronel, gracias.
González: Pirobo.

 

 

 

 

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