Comisión de Acusación también está por tomar decisiones

Malo sigue esquivando su destino

Con una nueva excusa médica, el magistrado Gustavo Malo evitó su regreso a la Corte Suprema. Allí se espera que en poco tiempo se discuta si Malo es apartado de su cargo.

Gustavo Malo llegó a la Corte Suprema el 18 de octubre de 2012. / Revista Semana

Desde que se vio involucrado en el escándalo del llamado cartel de la toga, el cual pedía supuestamente dinero a personas investigadas por la Corte Suprema a cambio de tratar de favorecerlas, el magistrado Gustavo Malo no ha vuelto a poner un pie en el Palacio de Justicia. Llegó allí luego de que se posesionara ante el presidente Juan Manuel Santos el 21 de noviembre de 2012. Ese día, por primera vez, Santos posesionó en un mismo evento a un integrante de la Corte Suprema de Justicia y a uno del Consejo Superior de la Judicatura: nada más y nada menos que a Francisco Ricaurte, el hombre que fue clave para que Malo llegara al más alto cargo de la justicia. También el hombre que, según la Fiscalía, encabezó el cartel de la toga, con la colaboración de funcionarios como Malo. (Le puede interesar: El “articulito” que impediría el regreso de Gustavo Malo).

Por tercera vez, Malo argumentó problemas de salud para escurrirse del destino que, al parecer, le aguarda. La primera vez que lo hizo fue en el momento en que su nombre salió a relucir en medio del escándalo del cartel de la toga. Mientras sus colegas se apresuraban para convocar una sala plena de carácter urgente, Malo se retiró de su despacho señalando que no se sentía bien. Fue el 13 de septiembre del año pasado, el mismo día que trascendió que la Fiscalía imputaría cargos a su hija Yara por extorsión. Aun así, varios magistrados de la Corte le hicieron llegar el mensaje de que esperaban su renuncia lo más pronto posible, a lo que Malo Fernández se negó. Una de las salas de instrucción llegó a pedirle a la Comisión de Acusación que investigara a Malo, pero eso tampoco lo hizo cambiar de parecer.

Su siguiente movida fue pedir una licencia de dos meses, una especie de refugio mientras amainaba la tormenta. La Corte se la concedió. Debía reintegrarse en su cargo el 1° de diciembre, pero el día anterior presentó una excusa médica y consiguió autorización para otra ausencia prolongada, pues la excusa médica terminaba justo el mismo día que comenzaba la vacancia judicial. Así las cosas, el magistrado Malo era, sin duda, la persona más esperada en la Corte este lunes. En su ausencia, el alto tribunal logró cambiar su reglamento y estableció que cualquier magistrado inmerso en un escándalo que pudiera comprometer la legitimidad de la Corte podría ser apartado de su cargo. A Malo lo espera, precisamente, ese debate en Sala Plena. Si se obtienen 16 votos en favor de esa medida, Malo tendría que irse temporalmente. ( Lea: En la recta final proceso contra el magistrado Gustavo Malo).

En la Corte Suprema, son varios los magistrados que siguen incómodos con la idea de tener a Malo entre los integrantes de la Sala Plena, tomando decisiones en nombre de la justicia. Malo no ha querido volver a su despacho y enfrentar a sus pares. Sin embargo, se niega también a abandonar su cargo por cuenta del peor escándalo que haya afrontado la Corte Suprema de Justicia. Desde que se supo involucrado en este episodio, ha negado a capa y espada haber participado en el llamado cartel de la toga; ha rechazado que su amistad con Francisco Ricaurte, la cual nació en la Cartagena natal de ambos, haya desembocado en una “organización criminal” –como asegura la Fiscalía, ha dicho que en su debido momento y ante las autoridades correspondientes sabrá dar sus respectivas explicaciones–.

Malo Fernández saltó a la palestra tras las acusaciones del exfiscal Moreno, quien lo salpicó como beneficiario de pagos millonarios por parte de congresistas como Musa Besaile y Álvaro Ashton. Dineros que “engrasaron” un supuesto cartel liderado por Ricaurte y otros dos expresidentes de la Corte: Leonidas Bustos y Camilo Tarquino.

Su panorama, no obstante, poco le favorece. En la Comisión de Acusación, donde efectivamente empezaron a indagarlo en el momento en que una sala de instrucción de la Corte lo solicitó, se abrió rápidamente una investigación formal en su contra. En octubre pasado ya había cargos en su contra: cohecho propio, prevaricato por acción, prevaricato por omisión y utilización de asuntos sometidos a reserva. Ha rendido indagatorias. En público, ha reiterado su inocencia. La investigación ya se cerró, y ocurrió tan rápido que el primero en asustarse fue el exmagistrado José Leonidas Bustos, también acusado de pertenecer al cartel de la toga, al punto que este recusó a sus investigadores señalando que no eran imparciales con su proceso.

Lo próximo que podría venir para Malo, si así lo determinan los representantes a la Cámara que tienen su caso a cargo, es un escrito de acusación. En ese escenario, la Cámara de Representantes en pleno tendría que evaluar si llamarlo a juicio o no. Si decidiera hacerlo, el proceso pasaría a manos del Senado, que también tendría que establecer si Malo pierde su fuero y va a juicio. La Procuraduría pidió que así se hiciera: juicio penal y político contra Gustavo Malo. Su amigo Francisco Ricaurte ya enfrenta esa misma suerte, aunque por la vía de la Fiscalía. Tanto a Malo como a Ricaurte les dijo Santos el día de su posesión: “Ojalá afrontar estos dos hechos (la paz y la justicia) tan importantes de la patria de la mejor manera posible”. Cinco años después, ambos afrontan la posibilidad de pasar muchos años en la cárcel.