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hace 14 horas

“La mejor reparación es la paz”: Alan Jara

El nuevo director de la Unidad de Víctimas, Alan Jara, habló con El Espectador de los retos y la importancia de mejorar el servicio a esta población.

Alan Jara llega a la Unidad Nacional de Reparación a las Víctimas para reemplazar a Paula Gaviria, quien estuvo al frente durante cuatro años. / Archivo - El Espectador
Alan Jara llega a la Unidad Nacional de Reparación a las Víctimas para reemplazar a Paula Gaviria, quien estuvo al frente durante cuatro años. / Archivo - El Espectador

El pasado jueves, el presidente Juan Manuel Santos posesionó a Alan Jara como nuevo director de la Unidad de Víctimas. Su nombramiento es representativo pues Jara, quien recibió el Premio Nacional de Paz en 2014, fue secuestrado por las Farc el 15 de julio de 2001 en Lejanías (Meta). En 2009 recuperó la libertad y desde entonces ha sido vocero de víctimas y gobernador del Meta. En entrevista con El Espectador, Jara se refirió a los retos que asume al tener bajo su cargo la entidad que se encarga de responder a quienes, como él, son víctimas.

Cuándo lo liberaron, ¿solicitó medidas de reparación por parte de la Unidad de Víctimas?

Cuando estuve secuestrado, mi familia solicitó medidas de reparación de la Unidad de Víctimas, después de cinco años durante los que no hubo ninguna prueba de supervivencia mía. Fue un momento muy terrible para ellos.

¿Cómo fue ese proceso?

La solicitud de ellos fue atendida sin ninguna novedad. Salió muy bien.

¿Qué diferencia hay entre ser vocero de víctimas desde la sociedad civil y defenderlas desde el Estado?

Es totalmente distinto. Desde la posición civil, las víctimas necesitan ser reparadas y poder superar su condición de vulnerabilidad para reincorporarse a la sociedad, independientemente de si el Estado tiene la capacidad de hacerlo o no, o de que haya otras personas con mayor nivel de victimización. Cuando se hace desde el Estado, la visión que uno tiene es global y no habla de una sola víctima sino de ocho millones.

¿Cuál es el balance de la Unidad que recibe?

Primero hay que decir que la Ley de Víctimas apenas va a cumplir cinco años y no había ninguna institucionalidad para ellas. En este período de tiempo, creo que se ha logrado un avance muy importante, porque estábamos en ceros. Se ha atendido a cerca de 600.000 personas que ya están reparadas. Ahora, el gran esfuerzo está enfocado en la ayuda humanitaria y garantizar el mínimo vital a las víctimas y, por supuesto, el tema de la reparación colectiva. Este último punto creo que es fundamental, pues requiere un impulso adicional, ya que no es sólo cuestión de lograr que se atienda a una sola persona sino a un grupo poblacional, bien sea un municipio, una comunidad étnica o de una comunidad en específico.

Desde su postura como víctima, ¿qué cree que le falta a la Unidad de Víctimas por hacer?

Indudablemente hay que mejorar en la posibilidad de atender las necesidades de información y los requerimientos que tiene la Unidad, porque el volumen es muy alto. Estamos hablando de ocho millones de personas. El año pasado se tramitaron 200.000 tutelas producto de más de un millón de derechos de petición. La Unidad tiene que hacer un gran esfuerzo para evitar que lleguen derechos de petición, y que los que prosperan no se conviertan en tutelas. Como estamos hablando de un universo tan grande, es imposible que en un período tan corto se pueda llegar a toda la población.

¿Cree que ser víctima del conflicto armado le da alguna especie de valor agregado al cargo que va a ejercer?

Ninguna víctima podría hablar en nombre de otra. Cada una vive su dolor y su tragedia de manera diferente. Lo que sí es un hecho es que, cuando uno ha pasado por un hecho victimizante, entiende que hay dificultades y que se requiere de un esfuerzo, no sólo del Gobierno sino de toda la sociedad, para entender qué es lo que ha pasado. Muchas veces esa victimización se siente como un mecanismo de defensa de la sociedad al desconocer las circunstancias que otros han vivido. Pero se trata también de que, a pesar de que uno no pueda olvidar, hay que dar un paso hacia el perdón y la reconciliación. Y si una persona que lo ha vivido es quien lo está planteando, pues creo que sí tiene un valor agregado.

Por lo general, las víctimas de este país viven descontentas con el Estado que ahora usted representa. ¿Nunca sintió esa inconformidad?

Sí, indudablemente. Hay mucho dolor y rabia, y cuando es tanta, desde luego lo mínimo que se puede esperar es una respuesta del Estado. Por eso es tan importante la creación de la Ley de Víctimas, porque una de las cosas que más revictimizaba era el desconocimiento de esa condición. Hay que recordar que, hace muy poquitos años, la palabra víctima ni siquiera aparecía en el panorama. La ley también ha servido para que las víctimas conozcan sus derechos y luchen para conseguirlos.

¿Cuál va a ser su prioridad en la Unidad de Víctimas?

Cumplir a cabalidad con lo misional, que es dar atención y restablecimiento de derechos para la población de víctimas. Pero también hay otros temas que están en la Ley de Víctimas, los que tienen que ver con reconciliación y con construcción de paz. Yo creo que una víctima anhela los temas de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. En esa medida, la mejor garantía de no repetición que puede haber es el fin del conflicto.

Usted será director de la Unidad en el posconflicto, en el cual el tema de la reconciliación será crucial. ¿Ha pensado en trabajar con otras instituciones del Estado para lograr este objetivo?

En materia de atención de la población víctima, ya se está trabajando de manera articulada con otras entidades del Estado. No es un tema exclusivo de la Unidad. La misma ley previó un sistema integral para la atención a las víctimas. Son más de 52 esfuerzos que se articulan a nivel nacional para la atención a la población víctima y que incluye además a las gobernaciones. Y desde luego, hablando de reconciliación, hoy vemos una sociedad muy polarizada y creo que las víctimas tienen allí mucho que decir, en el sentido de lograr superar estos temas. Pero la decisión de perdonar es individual. Yo he dicho que he perdonado para no vivir en la amargura y el resentimiento. Pero esa elección del perdón individual debe traducirse en una acción colectiva, que es la de la reconciliación.

¿Qué sentimientos le genera un escenario en el que le toque atender a los guerrilleros que pueden ser considerados víctimas?

El drama que hemos sufrido muchísimos colombianos —en el cual me incluyo—, producto del conflicto, es lo que hay que superar. Más allá de centrarnos en el detalle, tenemos que tener una visión general, que es la necesidad que hay de terminar el conflicto y construir la paz. Y para ello se necesitan muchas acciones, ser realistas y entender que hemos vivido un conflicto de más de 50 años y que la visión de unos y otros puede ser distinta, pero ello no significa de ninguna manera que no haya sufrido la afectación.

Paula Gaviria salió de la Unidad embargada, sin cuentas ni créditos, y debe $2.000 millones en multas a raíz de las tutelas, desacatos y sanciones que recaían sobre ella como cabeza de la institución. ¿No teme que algo así le pueda pasar?

Claro que sí. Me da susto. Pero creo que aquí debemos hacer un planteamiento que permita solucionar estos temas que sobrepasaron la Unidad. Esta circunstancia es lamentable, y es triste que Paula Gavieria haya tenido que vivirla, pues ella ha hecho un gran esfuerzo de crear algo desde la nada para una población tan amplia, como los son ocho millones de víctimas. Este tema administrativo es una de las cosas que nos preocuparon en el empalme.

¿Usted llegó con ideas para superar esos problemas estructurales?

Hay que tomar acciones en muchas direcciones. Lo que genera un derecho de petición, normalmente, es que la persona no pudo ser escuchada, entonces hay que lograr que sea atendida antes de que presente los papeles. Y lo mismo con la tutela: lo que la genera es que no se respondió el derecho de petición. Hay que hacer un esfuerzo administrativo antes. Y adicionalmente, los desacatos, las multas y arrestos vienen porque no se pudo cumplir lo que ordenó el juez de tutela. Creo que hay que hacer un alto en el camino para que todos los esfuerzos y la capacidad puedan direccionarse a atender esas peticiones desde antes de que se conviertan en tutelas.

¿Qué le aporta a este cargo haber sido una de las 60 víctimas que viajaron a La Habana?

En Cuba estuvimos víctimas de todos los hechos victimizantes y de diferentes victimarios. El grupo que viajó era tan heterogéneo que me permitió escuchar los planteamientos, no sólo de las personas que tienen las misma visión de uno como víctima, sino entender que el universo de víctimas es tan amplio y tiene tantas aristas como el número de víctimas. Poder oír y dimensionar el dolor de otros seres humanos fue para mí muy importante. También me ayudó a comprender la dimensión del problema del que estamos hablando. Esas 60 personas recogieron toda la degradación del conflicto.

Cuando le ofrecieron este cargo, ¿dudó en aceptarlo?

El tema administrativo en ese momento no lo conocía a fondo, ni las circunstancias que le ha tocado sortear a Paula Gaviria. Desde luego me preocupa muchísimo. Pero creo que esto es una obligación moral, para aportar algo. Creo también que este es un momento muy especial por la posible terminación del conflicto y la construcción de paz. Además creo, si me permite la expresión, que este es un oficio reparador y tiene que hacerlo alguien que sea víctima y de región. Yo soy del Meta, en donde una de cada cuatro personas es víctima. El tema de víctimas tiene mucha vigencia allá. Estando en la Gobernación creé la Secretaría de Víctimas y Derechos Humanos y nos involucramos mucho. Buscamos articulación también con el Gobierno y la Unidad, entonces conozco muy bien todo el contexto, tanto desde mi experiencia como víctima, como del cargo de gobernador. Estoy convencido de que la mejor garantía de no repetición es la terminación del conflicto y que la mejor reparación que puede haber es la paz.