Memorias y retractaciones de un agente de inteligencia

Eslabón perdido del holocausto del Palacio de Justicia se rehúsa a contar sus verdades.

El Palacio de Justicia durante el holocausto de noviembre de 1985. / Archivo - El Espectador

Así se niegue a declarar lo que sabe de su paso como un curtido agente de inteligencia en el Ejército en los años 80, tal como lo hizo hace una semana ante la Fiscalía, los investigadores del holocausto del Palacio de Justicia están convencidos de que el sargento (r) Bernardo Alfonso Garzón sí tiene las claves para descifrar muchas verdades que aún permanecen ocultas. Hoy las autoridades desempolvan las declaraciones que entregó en 1991 y 1994 bajo la identidad clave “br020”, revisan su posterior retractación en 1996 y 1997 y esperan que se anime a prender su ventilador de nuevo sobre operativos ilegales en los que participó.

El pasado 30 de enero Garzón fue capturado en Cali, pero se ha negado a contarle a la Fiscalía qué fue de su vida como agente de inteligencia infiltrado en el M-19 y el Epl en los años 80 y ha insistido en que su única versión debe ser que nada le consta sobre supuestas operaciones de crímenes y desapariciones patrocinados por militares del batallón Charry Solano del Ejército, y que lo que dijo ante delegados de la Procuraduría fue un libreto que le armaron a cambio de beneficios. El Espectador revisó documentos claves del expediente del Palacio de Justicia que contradicen la declaración que hoy ratifica Garzón.

Por ejemplo, en el proceso del general (r) Iván Ramírez Quintero se señala que desde 1972, Garzón ya trabajaba como un agente encubierto; que en su hoja de vida aparecían felicitaciones porque había infiltrado “un grupo izquierdista” bajo el alias de Lucas y que “se destaca su deseo de acertar”. En ese oficio de agente doble, el propio Garzón declaró el 22 de enero de 1991 que el Ejército participó en la desaparición de la activista política Nydia Érika Bautista en 1987, que dos años después personal de la Brigada XX del Ejército hizo lo mismo con Amparo Tordecillas y que iguales procedimientos se realizaron en el secuestro y tentativa de homicidio de Guillermo Marín y el plagio de José Cuesta, ambos del M-19.

Además, manifestó que tuvo conocimiento de los asesinatos del negociador del Epl Óscar William Calvo, en 1984, y el periodista Antonio Hernández. Como si fuera poco, dio el lugar exacto de la fosa en la que había sido enterrada Nydia Érika Bautista y señaló que conoció cómo militares torturaron y desaparecieron a la guerrillera Irma Franco, una de las desaparecidas del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. Sobre Franco, por ejemplo, contó que la sacaron en una camioneta color café acondicionada para interrogatorios y que producto de los mismos la subversiva relató que el M-19 estaba planeando un atentado denominado ‘Plan Cómicos’, en Bogotá.

Hay muchas lagunas en la vida del sargento Garzón. Se sabe que resultó detenido y condenado a 40 meses a principios de los 90 por el secuestro de dos personas que él mismo llevó a la finca de su padre, en un supuesto operativo militar que terminó frustrado, al parecer porque la Policía se dio cuenta de posibles acciones de tortura. Durante su tiempo en prisión, según documentó la Fiscalía, sufrió amenazas y sufragios que se le enviaron al pabellón de alta seguridad en Palmira (Valle) y que Garzón atribuyó, de acuerdo con documentos en poder de El Espectador, a miembros de la Brigada XX.

“En la actualidad me encuentro en la cárcel de Palmira en inminente peligro de muerte por las capacidades que posees (sic) las personas que pretenden matarme (inteligencia militar), en igual circunstancia se encuentran mis padres quienes están escondidos por temor”, decía uno de los mensajes de Garzón. Su abogada de confianza declaró en 2007 a la Fiscalía que conocía a Garzón desde hacía más de una década, que sabía que su vida corría peligro por las declaraciones que dio en la Procuraduría y que en varias ocasiones él le entregó en la cárcel “un ataúd con una calavera” haciendo referencia a los mensajes amenazantes que le llegaban.

¿Fueron estas intimidaciones las que lo hicieron retractar? La Fiscalía y un juez de la República conceptuaron en su momento que la retractación de Garzón no era creíble y en consecuencia avalaron todos los señalamientos que hizo en 1991 y 1994 mientras estaba preso. Se constató que el periodista Raúl Benoit le colaboró para que declarara ante la justicia, porque Garzón fue asignado a su esquema de seguridad cuando el reportero estuvo amenazado a finales de los años 80, y que en múltiples charlas Garzón le narró las ‘vueltas’ en las que participó.

Según le dijo Benoit a la Fiscalía, Garzón le narró que el día del holocausto del Palacio de Justicia, éste “fue a identificar a algunas de las personas que él había seguido a través de los años, entre ellas Irma Franco”. Además, Garzón le manifestó al periodista que también estuvo involucrado en hechos de tortura y desaparición dentro del Palacio, en persecución a sindicalistas y periodistas o contra jueces investigados por la brigada de inteligencia. Con una particularidad: según Benoit, supo que cuando Garzón estuvo detenido en Palmira fue a visitarlo su comandante de la brigada de inteligencia, el coronel (r) Bernardo Ruiz Silva —procesado y, al final, absuelto por el magnicidio de Álvaro Gómez— y “a raíz de esa visita no sé qué le prometieron, no sé qué pasó, pero Garzón se retracta”.

Como experto en inteligencia, Garzón se ganó la más alta confianza del Ejército y por eso le dieron la responsabilidad de infiltrar a la guerrilla. Es uno de los hombres con más secretos sobre el Ejército. En los años 90, cuando prendió su ventilador, salpicó a los generales (r) Iván Ramírez y Álvaro Velandia; dijo que la política que había en esas unidades de inteligencia era “levantar” a las personas, “sacarles la mayor información”, torturarlas y matarlas, porque “si se colocaban ante un juez, en poco tiempo iban a estar libres” y así el Ejército no podría acceder a información clave. A pesar de sus retractaciones, hoy las autoridades están convencidas de que su verdad quedó consignada en las primeras declaraciones que dio. Se sabe que tenía varios taxis en Cali y que estuvo en España un tiempo comercializando vehículos. Ahora se niega a contarle algo a la Fiscalía.

 

 

[email protected]

@jdlaverde9