“Mi cabeza fue puesta en bandeja de plata”: Mábel Parra

Por primera vez habla sobre el escándalo de corrupción que sacude a la Corte Suprema, la exmagistrada auxiliar de un protagonista de la operación extorsión a los aforados: Leonidas Bustos. La exesposa del abogado Gerardo “Yayo” Torres, también golpeado por el coletazo del cartel de la toga, rechaza la denuncia de la investigada por parapolítica Piedad Zucardi contra ella y sugiere que dos magistrados actuales de la Sala Penal han sido laxos con esa excongresista.

La abogada Mábel Parra, exfiscal y exmagistrada auxiliar. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Usted fue magistrada auxiliar del controvertido exmagistrado Leonidas Bustos. ¿Es cierto que llegó a la Corte Suprema por influencia de ese togado?

De cierta manera, sí. Martha Cristina Pineda, en ese momento novia del doctor Leonidas Bustos y quien era mi compañera en la Procuraduría, me postuló ante el magistrado para ocupar el cargo de magistrada auxiliar, que se encontraba vacante en su despacho.

¿A quién reemplazó usted?

A Raúl Acero. Este, nombrado por la administración Montealegre, pasó a ser fiscal delegado ante la corte.

Hay muchas críticas por nombramientos en cargos públicos debido a influencias personales. ¿Les encuentra razón?

Los cargos que he desempeñado tanto en la Fiscalía como en la Procuraduría y en la Corte son de libre nombramiento y remoción, lo que indica que uno ingresa al servicio público sin previa convocatoria ni concurso de méritos. Eso no significa que no deban cumplirse los requisitos del cargo, y yo los cumplía.

Debido al escándalo que se está ventilando sobre supuestas extorsiones de miembros de la Corte Suprema a algunos investigados, le pregunto si usted actuó, en el despacho de Bustos, con la autonomía que requería o si no podía hacerlo…

Como lo expliqué en la Comisión de Acusación, mientras fui magistrada auxiliar del doctor Bustos llevé los procesos de parapolítica que sustancié con total autonomía en materias como la práctica de pruebas y la coordinación con Policía Judicial, sin perjuicio de las directrices de orden jurídico que, en determinados momentos, pude haber recibido de quien era mi jefe para la proyección de decisiones de fondo, como apertura de investigaciones previas, inhibitorios, archivos, imposición de medidas de aseguramiento, acusaciones, etc.

¿Hubo presión del magistrado Bustos para que no proyectara las decisiones de fondo que indicaban las pruebas?

En la Comisión de Acusaciones me preguntaron lo mismo y contesté de igual manera: no recibí presiones del magistrado para archivar alguna investigación, dilatarla o dictar medidas a favor o en contra de la libertad de los procesados.

Entonces, para usted, ¿es mentira todo lo que se ha dicho sobre el denominado cartel de la toga, en cuanto corresponde a Leonidas Bustos?

Puedo dar cuenta sólo de los procesos de la parapolítica que sustancié. No podría comprometer mi criterio con relación a otros casos.

La actual esposa de Bustos, de quien usted admite que incidió en su nombramiento, ¿intercedió ante usted a favor de algún investigado?

Si lo que me pregunta es si María Cristina pretendió intervenir en los casos que llevaba su esposo, la respuesta es no. Nunca sucedió. Ella sabía que yo no sería receptiva a ningún tipo de propuesta si lo hubiera intentado, pero no lo hizo. Por cierto, mi amistad con ella se acabó, abruptamente, a escasos meses de que yo hubiera ingresado a la Corte por motivos distintos de los que usted pregunta.

¿Por qué se distanciaron?

Porque tuvimos una discusión muy fuerte en una reunión de carácter social. Ese día fue la última vez que nos dirigimos la palabra, hecho que, por cierto, también me distanció del doctor Bustos.

¿Ese incidente afectó su vida laboral en la Corte?

No, porque el magistrado continuó dándome su confianza en temas sensibles que estaban a mi cargo, y él era consciente de mi capacidad de trabajo. Sí fue obvio que, a partir de mi distanciamiento de María Cristina, la relación personal que inicialmente tuvimos mi exesposo y yo con ellos dos se apagó.

En consecuencia, ¿niega haber sido la magistrada más cercana al doctor Bustos?

Esa afirmación no es cierta por el incidente que tuve con su esposa cuando acababa de llegar a su despacho. Por el contrario, observé que el doctor Bustos tenía mucha mayor confianza con los magistrados auxiliares que trabajaban con él en el piso cuarto, en donde se tramitaban asuntos de casación, revisión de procesos, extradiciones, tutelas, etc.

Siendo parte del equipo de Bustos, usted tuvo a su cargo el caso por parapolítica de la exsenadora Piedad Zucardi. Ésta declaró ante la Corte que el cartel de la toga le pidió $3 mil o $4 mil millones. Y que parte de esa plata era para usted, según le habría dicho Gustavo Moreno a ella. ¿Qué responde a esa grave denuncia?

Me sorprendió la declaración de la excongresista, porque el señor Moreno, en su principio de oportunidad, no la mencionó a ella en la lista que entregó a la Fiscalía como parte de los casos que había manejado el denominado cartel de la toga. Creo que Piedad Zucardi está pescando en río revuelto con el fin de desprestigiar la seria investigación que adelanté en su contra, a nombre de la Sala Penal, buscando obtener réditos en el juicio que se le avecina.

Entonces, ¿también niega haberle pedido o recibido coimas a la excongresista aun por interpuesta persona?

Lo niego rotundamente. Ese fue uno de los procesos en que trabajé con mayor dedicación y seriedad, no sola sino con un grupo de investigadores calificados. Recuerdo que fue uno de los casos que más dolores de cabeza le produjo a la Sala Penal por la utilización de innumerables peticiones, recursos y recusaciones en uso de un malentendido derecho a la defensa. En desarrollo de esas maniobras, también hubo intentos de desprestigiar a los investigadores e, incluso, a los magistrados de la Sala Penal. A éstos los recusó en cuatro oportunidades para provocar la suspensión del proceso, dilatar los términos y solicitar, finalmente, la libertad que terminó otorgándole la Sala.

Asumo que no la merecía. ¿Cuál magistrado le concedió la libertad a Zucardi y por qué lo hizo?

Entre la salida del magistrado Bustos y la llegada de su reemplazo el doctor Acuña, le correspondió al magistrado Eugenio Fernández Carlier resolver la solicitud de libertad de la exsenadora. Yo, que todavía era magistrada auxiliar y que conocía bien el proceso por cuanto lo había trabajado, había proyectado, inicialmente, una decisión negando la libertad. El doctor Fernández Carlier no compartió mi proyecto, por lo que este es uno de los casos en que debí atender las directrices jurídicas de mis jefes presentando un nuevo proyecto en el sentido indicado por el magistrado titular, es decir, otorgándole la libertad a la exsenadora.

¿Qué criterio tuvo usted frente a la libertad que se le concedió a la excongresista por decisión del magistrado Fernández?

Hice el cómputo de términos y no daba para otorgarle libertad a la procesada. El argumento: la dilación en los términos de la investigación era responsabilidad casi exclusiva de la defensa de Zucardi. Sin embargo, el magistrado Eugenio Fernández tuvo otro criterio.

La excongresista se quejó de la supuesta “persecución” que habría padecido en la Corte por cuenta suya e interpuso denuncias contra unas investigadoras de su equipo. ¿Por qué?

Es cierto que la excongresista puso en duda la honorabilidad de las investigadoras del equipo. Pero también lo es que, según unos audios de interceptaciones telefónicas a ella, legalmente ordenadas dentro del proceso, Zucardi estaba fraguando planes para denunciarlas con testigos manipulados. Ella pretendía que los audios en su contra no fueran tenidos en cuenta por la Sala. Además, intentó desprestigiarme a mí y consiguió que el procurador Ordóñez me abriera investigación disciplinaria. El caso disciplinario en mi contra fue adelantado con celeridad. Era la época en que los medios dieron a conocer videos y fotos de una gran fiesta de bodas en que el doctor Ordóñez era el anfitrión y Piedad Zucardi y su esposo, Juan José García Romero, hacían parte de los invitados.

¿Qué pasó con el proceso en su contra, en la Procuraduría?

El proceso contra mí y los que abrieron contra funcionarios de la secretaría de la Sala Penal iniciados por denuncias de la excongresista fueron archivados, una vez se examinaron los casos por la nueva Procuraduría lo que indica la falta de fundamento de la apertura de investigación que dispuso el anterior procurador.

¿En qué estado dejó usted el caso Zucardi antes de ir a trabajar a la actual Fiscalía?

Dejé concluida la audiencia preparatoria, es decir, en la antesala del juicio y quedaron pendientes de resolver unos recursos de la defensa que dejé proyectados en el sentido de negarlos por improcedentes.

Cuando se posesionó el nuevo titular del despacho de Bustos, magistrado Acuña, ¿qué sucedió con las pruebas que Zucardi pretendía eliminar del proceso, o sea, las interceptaciones telefónicas que la dejaban mal parada?

Llegado el magistrado Acuña, la Sala Penal revocó su decisión de mantener en el proceso las interceptaciones: aceptó el planteamiento de la defensa de eliminar los audios en los que se evidenciaba el complot que se estaba preparando contra las investigadoras de Zucardi.

¿Sus respuestas sobre este caso significan que cree que las acusaciones de la excongresista contra usted son una retaliación y una manera de desprestigiar la seriedad del proceso que podría llevar a Zucardi a la condena?

Afirmo que las insinuaciones realizadas por la exsenadora Zucardi contra mí, en el sentido de que pude haber acelerado su investigación con propósitos extorsivos, son absolutas invenciones, tal vez con los objetivos que usted plantea en su pregunta. Llama la atención que cuando la exsenadora fue interrogada por el magistrado instructor sobre por qué hasta ahora denunciaba los hechos, hubiera manifestado que sintió temor de hacerlo. Pero la conducta de la procesada indica lo contrario: no tenía ningún miedo. Si no, ¿cómo explica que haya recusado a sus jueces, los magistrados de la Sala Penal? ¿Cómo se entiende que haya puesto denuncias contra las investigadoras y queja disciplinaria contra mí?

Lo que dice parece tener sentido, pero también hay que decir que su nuevo jefe una vez se fue Bustos, es decir, el magistrado Acuña, aseguró en un medio que había prescindido de usted por irregularidades en la investigación contra Zucardi.

Creo que el doctor Acuña hizo esas afirmaciones en su afán por desmarcarse del doctor Bustos. Su declaración me produjo mucha extrañeza, porque cuando el doctor Acuña me declaró insubsistente, apenas había pasado un mes escaso de su ingreso a la Corte y era imposible que hubiera tenido tiempo de examinar un expediente tan voluminoso como el de la exsenadora Zucardi, que contenía más de 28 cuadernos principales y cientos de pruebas en medios magnéticos. Las afirmaciones del magistrado Acuña en mi contra carecen de sustento real. Lo que sí es claro es que gracias a sus afirmaciones mi cabeza fue puesta en bandeja de plata para que la procesada intentara sacar provecho de la situación.

¿Usted fue declarada insubsistente por él?

Sí. También me extrañó que después de que el doctor Acuña solicitó mi renuncia la cual le presenté de inmediato, hubiera optado por retirarme indecorosamente de la Corte, declarándome insubsistente. Desconozco las razones que tuvo para actuar como lo hizo sin conocer mi trabajo pero cuando fui a su despacho para saludarlo a su llegada, capté una mirada gélida. En ese momento supe que una de las primeras personas que iba a salir de la corte sería yo. En efecto, eso sucedió.

¿La amistad de Bustos con su exesposo Héctor Gerardo Torres a quien llaman “Yayo” fue muy cercana?

No hubo amistad cercana ni relaciones de trabajo entre Gerardo Torres y Leonidas Bustos. Se conocieron circunstancialmente por mi anterior amistad con la esposa del exmagistrado. No hubo vínculos personales o de negocios entre mi exjefe y mi expareja.

Entonces, ¿cómo explica la foto de Panamá publicada por Daniel Coronell en su columna de “Semana”, en que están Bustos y su esposa, su expareja, la embajadora Ángela Benedetti y Gustavo Moreno, entre otros?

Se trató de un encuentro social casual que se originó a raíz de un evento académico que organizó la embajadora Benedetti, y cuya logística ayudó a organizar Gerardo Torres, dada su gran amistad con la embajadora.

Usted salió de la Corte, pero llegó muy rápido a la fiscalía de Néstor Humberto Martínez. ¿Cómo hizo? ¿Con influencia de su exesposo, de Bustos, de ambos o de otras personas?

Estoy segura de que por recomendación del doctor Bustos no fue. Así lo manifestó el fiscal general en un debate en el Congreso. A mi expareja, como lo afirmé en la Comisión de Acusación, le entregué unas hojas de vida para que me ayudara a repartirlas. Pero desconozco a quiénes entregó las copias. Lo cierto es que me llamó el coordinador de fiscales delegados ante la Corte, Fabio Espitia, y me informó que al doctor Martínez Neira le había llamado la atención mi experiencia en la Sala Penal de la Corte.

Se dice que en la Fiscalía Martínez hay mucha presión por dar resultados en materia de capturas de personajes ¿Cómo le fue a usted?

El doctor Espitia quien era mi jefe directo, le exigía a su equipo resultados en materia de imputaciones desde el inicio de la nueva administración. Para mí eso no representaba ningún tipo de presión indebida pero debo reconocer que sí generaba mucha tensión en mí y en todos nosotros.

¿Qué quiere decir con exigencias de su jefe “en materia de imputaciones”? ¿Había que buscar culpables a toda costa en lugar de encontrar a los culpables pero también a los inocentes?

No se trataba de buscar culpables a toda costa sino de una política de la fiscalía relacionada con la priorización de casos cuyos parámetros de medición eran entre otros, la imputación de cargos.

¿A quiénes? ¿A los personajes públicos que impactan a la opinión?

Dentro de la política de lucha contra la corrupción del fiscal Martínez, se trataba de enfocar las investigaciones hacia los funcionarios que más contacto tuvieran con el erario público en asuntos de contratación y otros como por ejemplo los gobernadores.

Y, ¿por qué renunció a la Fiscalía en medio del escándalo del llamado cartel de la toga? ¿Por haber sido la magistrada auxiliar de Bustos y la exesposa del abogado Torres?

Una de las razones que me llevaron a solicitar una cita con el fiscal general para ofrecerle mi renuncia, además de la información que salía en los medios día por día, y que me hacía sentir muy incómoda, fue la entrevista que dio el magistrado Acuña a un medio y en la cual afirmó que la razón de mi retiro de la Corte había sido propiciada por irregularidades cometidas en el proceso Zucardi. Habrá usted de entender que mis funciones como fiscal delegada eran, precisamente, ante la Corte Suprema, corporación ante la que tenía que presentarme para surtir las diferentes audiencias a las que me citaron. De alguna manera tenía que encontrarme con el doctor Acuña y con sus pares en las audiencias y eso me generaba bastante incomodidad.

¿Qué pasó en la cita con el fiscal general?

Fui a su despacho, le hablé de las declaraciones del magistrado Acuña; le manifesté mi preocupación por las distintas informaciones que aparecían en la prensa y mi gran incomodidad. El fiscal me solicitó el favor de dejarlo en libertad para nombrar a otra persona en mi reemplazo.

En otras palabras, ¿Le retiró su apoyo?

Sí y no. Sí, porque íntimamente guardaba la esperanza de que me apoyara en ese trance. Y no, porque también me indicó que con mi renuncia podría amainar la tormenta contra mí.