Su familia se abstiene de dar declaraciones

Muerte de Francisco Javier Ocampo, un crimen sin resolver en Cali

La Fiscalía tiene pruebas e indicios para creer que la muerte de Ocampo, primo del senador Iván Cepeda, fue un asesinato encubierto por miembros de la Policía.

En total han sido detenidos 12 policías. Falta la captura de uno más. La audiencia de imputación de cargos continúa. / Gustavo Torrijos

De la noche a la mañana, la versión que dio la Policía sobre la muerte de Francisco Javier Ocampo Cepeda, primo del senador del Polo Democrático Iván Cepeda, quedó en absoluto entredicho. Este martes 8 de agosto en la noche, 12 integrantes de la Policía —entre ellos el subcomandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, coronel William Sánchez, y el subcomandante de la Policía de Vaupés, coronel Andrés Mora— fueron detenidos porque la Policía duda de la información que dieron el 4 de agosto de 2013: que ese domingo muy temprano un grupo de uniformados trató de requisar a unos jóvenes, que ellos no lo permitieron, que ahí comenzó una balacera y que “el delincuente que le disparó (a un patrullero que luego murió) fue dado de baja en el enfrentamiento”.

De esa manera explicó el coronel William Sánchez, entonces comandante del Distrito 4 de la Policía de Cali, lo que había sucedido. En ese momento, la Policía aseguró que Ocampo Cepeda no sólo iba armado con una pistola 9 mm marca Taurus, sino que también llevaba en un maletín un panfleto extorsivo a nombre de Los Rastrojos, el ejército privado que creó el capo del cartel del norte del Valle Wílber Varela, alias Jabón, y que eventualmente se convirtió en un grupo narcotraficante por su cuenta. Sin embargo, cuatro años después, la Fiscalía plantea otra secuencia de hechos: Ocampo Cepeda fue asesinado por un policía y otros uniformados, y para encubrirlo se pusieron en la tarea de alterar la escena del crimen.

Considerando que hay indicios más que suficientes, la Fiscalía tomó la determinación de abrir una investigación formal y por eso fue la captura: para llevar a cabo la imputación de cargos. En los juzgados de Paloquemao, occidente de Bogotá, antes de comenzar la audiencia el ambiente estaba tenso, hasta agresivo, y quienes acompañaban a los policías detenidos la emprendieron contra los periodistas y reporteros gráficos que trataban de registrar lo que estaba pasando. Los 13 bajo arresto refutaron, al unísono, que su captura fuera por algo que ellos consideraban no era delito en estricto sentido: alterar la escena del crimen. El juez no les dio la razón y declaró que las 13 capturas se produjeron con base en lo que ordena la ley.

“El doctor Ocampo Cepeda no tenía que aparecer muerto como apareció, embadurnado, una víctima no se embadurna a sí misma, ¿o sí? Con armas de fuego que la Policía tomó, que nunca colocó a cargo del CTI o de alguna policía judicial. Son elementos que llevan a pensar y a definir con la Fiscalía que realmente ahí se presentó una ejecución extrajudicial, que hubo unos hechos anteriores a la muerte del doctor Ocampo Cepeda que la Policía no investigó adecuadamente (…) hay temor de la familia Ocampo Cepeda, (de) la señora María Cecilia Velasco Herrera y su familia respecto a lo que podría ocurrir con el desenlace a este proceso”, expresó en Paloquemao el abogado que representa a las víctimas, Danilo Guarín.

La familia y quienes fueron compañeros de trabajo de Francisco Javier Ocampo Cepeda, docente de colegio, estaban conmovidos ante la noticia. “Como familia no vamos a dar declaraciones”, le dijo a este diario la viuda del profesor, María Cecilia Velasco. Recién ocurrido el crimen, la familia del profesor dio su versión, una que nada tenía que ver con lo que había dicho la Policía: Ocampo Cepeda, de 51 años, salió a trotar esa mañana por el sur de Cali con su hijo y con un compañero de estudios. Les salieron unos hombres armados y todos huyeron, pero se dispersaron. Esa fue la última vez que la familia del “profe” Francisco lo vio con vida.

“Fue una situación sorprendente teniendo en cuenta el actuar y la vida que conocimos de Javier en su trabajo. No nos cabía en la cabeza que eso fuese posible”, manifestó en Blu Radio Lina María González. Ella era compañera de Ocampo Cepeda en el colegio Lacordaire, fundado por religiosos dominicos y ubicado en el sur de Cali, una de las instituciones educativas en las que él trabajaba. Otra era el colegio oficial Antonio José Camacho, también localizado en el sur de la capital del Valle, donde Ocampo Cepeda se enfocó sobre todo en el tema del matoneo y en hacer procesos de convivencia para evitar que los estudiantes del Camacho siguieran protagonizando peleas campales con otros estudiantes.

Luego de legalizar todas las detenciones, el juez del caso definió que este jueves se reanudará la audiencia y así la Fiscalía podrá imputarles los cargos a 13 miembros de la Policía, pues aunque 12 fueron los detenidos, estaba pendiente una captura más y la Fiscalía va a proceder. Una vez se haga la imputación, los detenidos sabrán oficialmente que están inmersos en una investigación formal por la muerte del profesor Francisco Javier Ocampo Cepeda, quien fue presentado por la Policía como un bandido cualquiera muerto en un enfrentamiento.

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