Mujer denuncia que fue víctima de acoso sexual en el Metro de Medellín

Giselly Mejía publicó en Facebook un post en el que denunció que un hombre tocó sus partes íntimas, mientras el resto de los ocupantes de un vagón se quedaron inmóviles. El Espectador habló con ella.

Esta fue una de las dos fotografías que Giselly Mejía logró tomarle a su agresor antes de que éste le escupiera en la cara. / Cortesía.

Era viernes. En plena hora pico, Giselly Andrea Mejía se montó en la estación Poblado del metro de Medellín con dirección al centro de la ciudad. Mientras hablaba por celular, la mujer sintió como un hombre que estaba detrás de ella, acercó su mano a su vagina e intentó tocarla. Colgó de inmediato, y según contó en un post de Facebook que ya tiene cerca de mil compartidos, levantó su brazo y le pegó un “codazo en la cara con toda la fuerza” que su furia le permitió.

“Al codazo lo siguieron palabras acaloradas como malparido, hijueputa, irrespetuoso, me estabas tocando la cuca, aléjate de mí imbécil”, contó la mujer en la publicación. Según le dijo a El Espectador, si bien es oriunda de Medellín, está radicada en Bogotá y se encontraba en la capital de Antioquia visitando a su familia por las festividades de fin de año. “A mí nunca me había pasado nada así, nada que violentaran mi cuerpo de forma tan directa”, dijo Mejía.

Contrario a lo que ella esperaba, en un vagón que dice, “tenía por lo menos 100 personas”, ni una se levantó para decir algo. Después de sus reclamos y gritos, el hombre que la manoseó le habría dicho que en realidad estaba tratando de cuidar su propio celular de algún ladrón que se encontrara en el tumulto. A lo largo del trayecto, asegura Mejía, el hombre le dijo cosas como que para que la iba a tocar si su mujer es más bonita que ella, y que incluso le soltó un “a buena hora me monté con esta loca en el metro”.

Mientras tanto, las reacciones ante lo ocurrido se dividieron. Los hombres, dice, “desde el más joven hasta el más viejo empezaron a apoyar al manoseador”. “Si no quiere que la toquen coja taxi”, “si no quieren que la toquen deje de parar el culo entonces”, “deje la gritería o quiere que paremos el Metro por una loca”, “alcemos todos las manos para que la señorita no diga que la estamos tocando”, fueron algunas de las cosas que todos los hombres gritaron y de las que se rieron mientras ella se encontraba impotente en la multitud. El agresor también se reía.

Pero lo que más le dolió fue la reacción de las mujeres. “Yo estaba tan indignada y tan sorprendida que empecé a buscar mirada en los rostros, buscando apoyo, algo. Pero ellas me quitaban la mirada a pesar de que se les veía la cara de pánico y de terror de decir algo. Yo la palabra que usé en la publicación fue que estaban amaestradas a la sumisión”, relató Mejía. Al verse sola, decidió sacar de nuevo su celular y tomar dos fotos del agresor. Él la escupió en la cara, y, aun así, nadie dijo nada y los hombres siguieron apoyándolo.

Se bajó en la estación San Antonio, donde no pudo contactar a ningún funcionario del Metro para contarle lo ocurrido. “Antes de bajarme reteniendo las lágrimas de la ira, les dije a las mujeres que no tuvieran miedo, que por quedarse calladas era que seguía pasando; a los hombres les grité que ojalá se rieran cuando tocaran a sus hermanas, sus novias o sus mamás”, relata en la publicación que también puso en Twitter.

Además, dice que denunciar le dio miedo pues se encontraba sola. “Creía que me iban a perseguir para matonearme, que me iban a empujar o a agredir una vez más”, cuenta. Mientras iba saliendo, vio una nueva campaña del metro cuyo slogan la hizo sentir aún más indignación. “Decía que Medellín tiene los hombres más amorosos y que por eso las mujeres viajan en el metro seguras. Además de parecerme un mensaje contradictorio, me parece una total negación de la realidad. Lo que en realidad pasa en Medellín es que el machismo está tan arraigado que las mujeres se quedan calladas”, explica.

Para Isabel Agatón, directora del Centro de Investigación en Justicia y Estudios Críticos del Derecho, Cijusticia, “denunciar este tipo de hechos es importante, porque se genera la conciencia de reproche frente a ellos. Es importante ponerlo en conocimiento de las autoridades y que ellos lo reconozcan como un delito, pues es necesario que esta conducta tenga un reproche no solo moral y social, sino también una sanción legal”.

Además, cree que está mal que una mujer tenga que enfrentarse sola este tipo de hechos, pues termina exponiéndose en una circunstancia así. “La responsabilidad sobre este tipo de hecho no recae de forma individual sobre la mujer, sino que es social y por ello las iniciativas deberían hacerse desde las instituciones encargadas de generar políticas de género. Ellos son los que deben liderar este debate”, explica Agatón.