"Necesitaba perdonar"

Revelamos la historia de una víctima del conflicto en el occidente de Cundinamarca que decidió perdonar a los guerrilleros de las Farc que la dejaron viuda.

A Luz Dary Camelo Díaz le temblaban las piernas cuando subió al segundo piso de la sede de Justicia y Paz en Bogotá a encontrarse con Luis Carlos Chaparro Uribe, alias Arcesio, el comandante del frente guerrillero que asesinó a Eudoro Cuervo, su esposo. Lo acribillaron el 19 de septiembre de 1999, Día del Amor y la Amistad. Lo hicieron frente a la madre de Luz Dary y a su hija, en ese momento de 7 meses de edad. “Sentía que me iba a morir, que no podría. Pero pensé que en casa me esperaba mi familia y no podía fallarles”. Temblaba porque no sólo iba a verse con el hombre que la dejó viuda. Por decisión propia, iba a estrechar su mano y a perdonarlo.

Entonces lo suyo fue una montaña rusa: entró a la sala y vio a Arcesio y a otros miembros del frente 42 sentados y con la mirada en ella. Luego vio que el exsubversivo se ponía de pie y se le acercaba. Lo escuchó decirle que se responsabilizaba por la muerte de su esposo y le pedía perdón. “Si su arrepentimiento es sincero, lo perdono. Y espero que Dios también lo haga”, le respondió Luz Dary y estrechó su mano. En ese momento sintió que se quitaba de encima la carga que había llevado durante 13 años, la que no la dejaba dormir, que le arruinaba las fechas especiales y las reuniones familiares. “Ahora siento que puedo dejar atrás todo esto, que empieza una nueva vida para mí”.

Todo se remonta a 1999. En esa época el Bloque Oriental de las Farc, al que pertenecía el frente 42, era el amo y señor del occidente de Cundinamarca. En Pulí, un pequeño municipio de esta región, Luz Dary y su esposo cuidaban la finca de un hacendado de la zona al que las Farc asesinaron el 28 de mayo de 1999. Dinamitaron su casa porque, decían, era informante del Gobierno. Después, la pareja siguió al cuidado de la propiedad y fue testigo de cómo la guerrilla la convertía en su lugar de recreo. A inicios de septiembre de ese año, el Ejército llegó a la finca y se escondió en ella. Iban a emboscar a los guerrilleros. Luz Dary y Eudoro no lo sabían.

Ese día la pareja bajó al pueblo. Allí vieron a alias Antonio Campesino, el hombre que comandaba a la guerrilla en el municipio. Hicieron unas compras y regresaron a la finca, donde se encontraron con el Ejército. Les preguntaron si habían visto a algún subversivo y ellos respondieron que no. En esa época, dice Luz Dary, era mejor no involucrarse. Entonces Antonio Campesino llegó a la finca y los uniformados empezaron a dispararle. El guerrillero sobrevivió al intercambio de disparos. Apenas lo hirieron en el cuello. Terminado el combate, el Ejército se fue; Luz Dary y Eudoro se quedaron. No podían hacer otra cosa.

Antonio Campesino estaba iracundo por lo sucedido y acusó a Eudoro de ser la persona que había traído al Ejército a Pulí. Entonces ordenó su muerte. “Los ‘sapos’ eran reconocidos como enemigos de la organización y, por ello, se ordenaba que fueran asesinados”, aseveró Arcesio con respecto a la orden de su subordinado que, de acuerdo con las autoridades, sigue libre. Entonces los guerrilleros llegaron ese día a la casa de Cuervo y le dispararon. También iban a asesinar a su esposa y a su hija. Se desconoce por qué no lo hicieron. Luz Dary, que no se encontraba en la casa, llegó cuando supo lo que había sucedido.

“El rostro de Eudoro estaba completamente desfigurado”, recordó. Así concluyó su Día del Amor y la Amistad. Después del crimen, la familia se trasladó a Bogotá. Luz Dary no sabía leer y, a pesar de ello, se las ingenió para sobrevivir. Cuando quiso regresar a Pulí, la amenazaron. La situación allí sólo empeoraba. En 2004 las Autodefensas Unidas de Colombia ingresaron a la región. Paramilitares y guerrilla se disputaban el territorio a bala mientras Luz Dary hacía hasta lo imposible para sacar adelante a su hija, Luz Angélica. “Ella es muy juiciosa. Una buena niña que aprendió a vivir sin su padre. Sabe lo que le pasó y sabe que sufro por eso. Una vez me dijo: ‘Mamá, libérese de eso’, y por eso perdoné”.

Luz Dary cree que ahora la casa de las Luces estará en paz. “Me deshice de tanto odio que ya puedo recordar a Eudoro con amor y no con dolor. Y sé que así él descansará en paz. Esto era lo que yo esperaba. Estaba buscando paz y la conseguí. Dios nos enseña a perdonar y ojalá la gente aprenda a hacerlo”. Luz Dary se volvió a enamorar y tuvo otros dos hijos. Aunque el hombre que le estrechó la mano y le pidió perdón no fue el que mató a su esposo ni el que ordenó su muerte, igual siente que al perdonar a Arcesio perdonó a quienes le arrebataron a su marido y la mayoría de sus sueños. “Necesitaba perdonar y ahora que lo hice estoy en paz”.

Ésta es la historia de apenas una de las miles de víctimas que ha dejado el conflicto aquí en Colombia y en todo el mundo porque la violencia que acá se ha vivido, también se ha sufrido en lugares tan distantes como Ruanda (África). Del genocidio que vivió ese país, dará testimonio el miércoles Inmaculée Ilibagiza, en el Foro para la Reconciliación de El Espectador.

La trágica historia de Pulí

Pulí es un pequeño municipio del occidente de Cundinamarca con algo más de 3.000 habitantes. Esa población sufrió durante los años 90 e inicios del siglo XXI la barbarie del bloque Oriental de las Farc, comandado hasta el día de su muerte por Víctor Julio Suárez, alias Mono Jojoy. Los frentes 27, 22 y 42 de las Farc, que comandaba alias Arcesio,  llevaron la situación de orden público a tal punto que el alcalde del municipio gobernó por un tiempo desde Bogotá. En enero de 2002, el paramilitar Ramón Isaza creó el frente Celestino Mantilla, que ese año empezó a hacer presencia en la región y a disputarle el territorio a la guerrilla hasta consolidarse allí. El frente, comandado por John F. Gallo, alias Pájaro, sembró el terror en esa zona hasta su desmovilización en 2006. Después la violencia mermó, aunque al parecer no ha cesado.