'No hay interés en la verdad'

Ana María Bidegaín, viuda del magistrado auxiliar Carlos H. Urán, sostiene que el reciente fallo sobre la muerte de su esposo fue ligero y duda que las víctimas de la toma y recuperación del Palacio lleguen algún día a saber qué sucedió allí.

Urán y Ana María Bidegaín tuvieron cuatro hijas, con quienes ella tuvo que marcharse al exterior después del Holocausto del Palacio de Justicia.   / Archivo
Urán y Ana María Bidegaín tuvieron cuatro hijas, con quienes ella tuvo que marcharse al exterior después del Holocausto del Palacio de Justicia. / Archivo

Ana María Bidegaín es la viuda de Carlos Horacio Urán, un magistrado auxiliar del Consejo de Estado cuya muerte en los hechos del Palacio de Justicia, según un fallo reciente del Juzgado Segundo Penal Especializado de Bogotá, es responsabilidad del M-19. En contraste, la Fiscalía indaga si Urán, como lo indican pruebas y videos, salió con vida y fue asesinado en completo estado de indefensión. Bidegaín sostiene que al fiscal Gustavo Reyes, quien actualmente lleva el caso de su esposo, no le interesa realmente esclarecer la verdad y dice que todo este episodio está tan lleno de contradicciones que las víctimas nunca podrán hacer un cierre.

¿Qué piensa sobre el fallo que determinó que su esposo había sido asesinado por el M-19?

La jueza no profundiza mucho en el caso de Carlos Horacio y tampoco retoma todo lo que se avanzó en la Fiscalía entre 2009 y 2010. Es muy desconcertante. Desde 1985, en el proceso del Palacio de Justicia he visto muchas contradicciones entre las mismas entidades del Estado, que hacen muy difícil pensar que se pueda llegar a la verdad. Da mucha rabia que nos tengan en éstas después de tanto tiempo.

¿Qué contradicciones?

En 1985 me dijeron que Carlos Horacio había muerto en enfrentamientos. Inmediatamente terminó la toma me llamó una periodista a decirme que él había salido herido pero vivo. Lo busqué y no estaba en ninguna parte. En un video se le veía salir con vida y me fui a donde el general Nelson Mejía y me dijo que ellos no lo tenían. Después un magistrado que salió vivo, Samuel Buitrago, me aseguró que Carlos Horacio había muerto en el fuego cruzado al salir del baño.

¿Por qué dejó pasar tanto tiempo sin indagar más?

¿Cómo no le iba a creer al magistrado Samuel Buitrago? Pensé que las personas que me habían llamado se habían equivocado. Era una viuda con cuatro niñas, la menor no tenía 2 años y la mayor tenía 12. Me dediqué a criarlas, ¿qué más iba a hacer? ¿Ya a quién reclamaba?

¿Cuál fue entonces el punto de quiebre de esa versión?

Después de 2005, cuando se reabrió el caso y se encontraron en el B-2 (inteligencia militar) la billetera y los documentos de Carlos Horacio. Ahí me di cuenta de que me habían mentido. Volvimos a buscar el video de la época de los hechos y aparecieron tres, uno de ellos en la casa del coronel (r) Plazas Vega; se hicieron exámenes de balística, se exhumó el cadáver, se cotejaron pruebas.

¿Sabe en qué va la investigación que se abrió para establecer si su esposo fue o no ejecutado?

Esas son las cosas que uno no entiende: la doctora Ángela Buitrago, entonces fiscal del caso, llamó a declarar a unos generales y al día siguiente le pidieron la renuncia. Le preguntamos al nuevo fiscal del caso, que es de la Unidad de Derechos Humanos, cómo veía el proceso y cuál era su línea de investigación, y la respuesta fue que no se demoraría porque tenía que resolverle eso rápido a los generales. Es como si dijera que tiene que resolver las cosas por el M-19, me da lo mismo, ¡es que su trabajo es investigar! Yo no quiero que condenen a nadie inocente, pero tampoco puedo aceptar esas cosas.

¿Ha manifestado su inconformismo?

Yo les pedí a Viviane Morales y a este nuevo fiscal, Eduardo Montealegre, que lo cambiaran y no han querido.

¿Qué le diría a la Fiscalía hoy?

Que pongan a un fiscal responsable y competente, que tenga jurisdicción para llevar este caso. Debería ser un fiscal delegado ante la Corte con recursos para investigar.  Es un caso de tal magnitud que hace tiempo vengo pidiendo que pongan una unidad  especial dedicada a llevar todos los procesos relacionados (desaparecidos, homicidios, ejecuciones, torturas), para que no haya tantas contradicciones en las mismas investigaciones. Y pido también que dejen a los equipos que avanzan con las investigaciones que terminen los procesos, por favor.

¿Por qué deberíamos creer que la persona que apareció en los videos de 1985 saliendo del Palacio sí era su esposo?

Hay tres videos que capturaron las mismas imágenes pero de distintos ángulos. Las imágenes son lejanas, pero por la forma del cuerpo, la altura o la forma de moverse uno se da cuenta. Reconocí su delgadez, la forma de su cabeza, su cabello, la relación de sus brazos con su cuerpo. Sentado, parado, de cualquier manera lo podría reconocer. Además, los videos no los he visto sólo yo, sino mucha gente

Ayer se celebró el Día de las Víctimas en Colombia. ¿Hay razones para creer en cambios venideros?

Apenas sucedió todo se dijo que Carlos Horacio era miembro del M-19. Él fue estigmatizado, desconociéndose quién era en realidad, y pasó de ser víctima a ser victimario. Estos tumbos son durísimos para uno, es terrible que además de perderlo tengamos que ver cómo enlodan su memoria. Cada vez que sacan esos desafueros uno siente que tiene que salir a defenderlo, y es volver a recordar todo en medio de la indignación. Nunca hay un cierre justamente por las mismas contradicciones de las entidades del Estado, que dan espacio para que todo esto ocurra y se alargue en el tiempo y eso nos hace mucho daño. Es como si se cambiara todo para que nada cambie.

¿Por qué se radicó en Estados Unidos?

En el 86 empezó a llegar a mi casa una persona que decía ser del Ejército y que no me quedara en Colombia, que iban a correr ríos de sangre, que se estaban formando los paramilitares. Salí en el 87 con mis hijas, totalmente mortificada. Pedí ayuda primero en la Universidad de los Andes, donde trabajaba, y me dijeron que no molestara con eso, que quizá el señor se había enamorado de mí.

¿Reportó a ese hombre?

Volví a encontrarme con el general Mej?a en la Procuraduría, él conocía perfectamente quién era la persona que me visitaba, y  me dijo que no me preocupara, que no debía tenerle miedo, pero eso más miedo me dio. Como soy ingenua regresé en el 92 porque creí que en Colombia, en el contexto del fin de la Guerra Fría y la nueva Constitución del 91, llegaría la añorada paz. Consideré que mis hijas tenían derecho a vivir en su país, en  la tierra de su padre, porque ser inmigrante no es agradable.

¿Cómo es su vida actual?

Toda la vida he trabajado como profesora universitaria. En 2003 recibí una invitación de Harvard, me vine a Estados Unidos y aunque no pensaba quedarme, hoy estoy en la Universidad de la Florida como profesora en el departamento de Estudios de las Religiones y directora de investigaciones del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe.

¿Y sus hijas?

Todas son muy valientes y a pesar del dolor han aprendido a salir adelante.  Son todas profesionales: una es psicóloga y tiene un jardín infantil en Bogotá, es una gran educadora. La segunda estudió en Alemania, es comunicadora y lingüista. La tercera es abogada, trabaja en el Banco Mundial, y la cuarta estudia derecho. Además tengo tres nietos maravillosos.

¿Qué concluye de todo el proceso del Palacio de Justicia?

Uno quisiera que las cosas fueran distintas, pero en el fondo uno siente que hay un interés poderoso en que no se busque la verdad.