‘No hay razones para impedir el matrimonio gay’

Wolfson, quien lucha porque se apruebe el matrimonio gay en EE.UU., estuvo en Colombia para apoyar el matrimonio y la adopción igualitaria.

Evan Wolfson durante el conversatorio sobre adopción y matrimonio igualitario, celebrado en Bogotá. / Colombia Diversa
¿Quién es usted?
Soy Evan Wolfson, fundador y director de Freedom to Marry, que lucha porque en los Estados Unidos se apruebe el matrimonio entre homosexuales. 
 
¿Hay posibilidad de que la Corte Suprema de los Estados Unidos apruebe el matrimonio gay?
No lo sabremos hasta que la Corte falle, lo que, creemos, va a ocurrir en junio. Pero estamos esperanzados de que vamos a ganar porque hemos hecho una muy buena defensa, no solo ante la Corte, sino, además, ante la sociedad estadounidense. No solo hemos presentado hemos presentado unos muy buenos argumentos y una montaña de evidencias ante la Corte y mostrado  que no hay ninguna razón para continuar con esta discriminación sino que, además, hemos acudido a la Corte con una cantidad importante de apoyos, de tal manera que los jueces pueden percibir el buen momento que hay y sentirse alentados a fallar adecuadamente. En este momento, 63% de los estadounidenses apoya el derecho a casarse, un aumento desde el 27% de estadounidenses que lo apoyaban en los 90, cuando me tuve que enfrentar a mi primer proceso, en Hawaii. De forma tal que una gran parte de los norteamericanos han abierto sus corazones y sus mentes y han empezado a apoyar la libertad de casarse. Quienes apoyan el derecho a casarse son mayoría en casi todos los sectores, incluso, en el sur conservador, entre los republicanos menores de 50 años, entre creyentes. El 63% de los católicos nos apoya. Así que no son solo los argumentos judiciales sino, además, el crecimiento y el transito que el país ha hecho hacia el entendimiento. Hemos llegado a la Corte, además, con 65 fallos favorables en los últimos dos años. Casi que todas las cortes que han conocido de casos como este –estatales, federales, jueces republicanos y jueces demócratas– han fallado a favor. Solo 4 han dicho lo contrario. Lo que las cortes han visto lo que la sociedad norteamericana ha empezado a entender: que no hay ninguna buena razón para esta discriminación y hay que parar. 
 
O sea que ¿la sociedad americana está lista para el matrimonio entre homosexuales?
Estados Unidos está listo para esta decisión. La gente está lista y es momento de que las cortes se pongan a tono. 
 
Pero en Colombia la mayoría de colombianos no apoyan esta decisión, el 73% no lo hace…
Dos cosas: Primero, nosotros no siempre tuvimos este apoyo. Al principio, cuando ganamos nuestros primeros casos y tuvimos nuestras primeras peleas, no contábamos con este apoyo pero las cortes entendieron lo que tenían que hacer. Ellas no están ahí para hacer encuestas o votaciones, están ahí para defender los derechos garantizados por la Constitución, entre ellos, el derecho a casarse. Así que incluso sin este apoyo mayoritariamente, nosotros les dijimos a las cortes que la Constitución es la ley suprema y nos protege a todos y eso no depende de un voto. Así que, por ejemplo, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos acabó con las restricciones raciales que había alrededor del matrimonio, 70% de los estadounidenses estaban en contra de los matrimonios interraciales. Pero la Corte hizo lo que tenía que hacer. Así que los jueces y los legisladores deben entender que la salvaguarda de los derechos no depende de un voto. Lo que no quita que es obvio que es más fácil, tanto para las cortes como para los legisladores, tomar la decisión correcta con el apoyo de la sociedad, así que yo diría que entre más conocimiento haya aquí en Colombia sobre familias reales, sobre padres reales criando a sus hijos, preocupados por la seguridad de sus hijos porque se les niegan sus derechos debido a la negativa de permitirles a las parejas homosexuales adoptar y casarse, parejas homosexuales a las que no se les permite cuidar el uno del otro porque la ley no está de su lado, entre más colombianos tengan la posibilidad de escuchar historias, más colombianos, como ocurrió con los estadounidenses, van a apoyar esta lucha. Los colombianos quieren ser justos. Lo que necesitan es la oportunidad de escuchar estas historias y hacer lo correcto. 
 
Pero hay una serie de estereotipos alrededor de las parejas homosexuales, como que estas personas son promiscuas e inestables y, por ello, no deberían casarse ¿Qué piensa al respecto?
Hay dos cosas: primero esos, como usted lo dice, son estereotipos y prejuicios. Entre más colombianos tengan la oportunidad de conocer verdaderas familias homosexuales y sobre los miembros homosexuales de sus familias, que se están enamorando y cuidando de otros y cuidando de sus padres y criando a sus hijos y yendo a sus trabajos y pagando sus impuestos. Entre más colombianos tengan la oportunidad de conocer verdaderos homosexuales y no los estereotipos que hay sobre ellos, más apoyo va a haber. Pero, además, si estás criticando a los homosexuales por ser, supuestamente, promiscuos e inestables, ¿por qué les niegas su derecho a casarse? Si esto les ayuda a mejorar su relación, a comprometerse con el otro y fortalecer su compromiso. Lo que las personas gay decimos es que nosotros amamos y hacemos un compromiso en nuestras vidas y queremos fortalecer ese compromiso, de la misma forma que los heterosexuales lo hacen y así como algunos heterosexuales cometen errores ocasionalmente, eso mismo pasa con algunas personas gay. Pero la razón por la que tenemos el nuestro matrimonio en nuestra sociedad es porque creemos que ayuda a la gente para mejor y estar ahí para el otro y preocuparse por el otro. Y le permite a nuestra sociedad apoyar a las personas mientras navegan por la vida juntos y las personas gay necesitan y merecen ese apoyo tanto como los heterosexuales. 
 
¿Qué piensa de los que dicen que ya ha habido demasiados reconocimientos para los gays y critica que estos quieran más?
Primero que todo, media igualdad no es igualdad. Es, ciertamente, mejor tener algunas protecciones legales que no tener ninguna. Pero negar el derecho a casarse, negar una seguridad total para nuestras familias. No somos iguales y nuestras familias son todavía vulnerables y eso, a su vez, envía un terrible mensaje de inferioridad para las personas gay, para nuestros hijos y un terrible mensaje de falsa superioridad para los heterosexuales a quienes les han enseñado a mirar por el hombro a otras personas, en vez de enseñarles aquello que a todos nos deberían haber enseñado: que hay que respetarnos los unos a los otros, que todos somos iguales ante la ley.  
 
Como lo que dijo monseñor de que la iglesia ama a los gays pero, igual, cree que no deberían tener derecho a casarse ni a adoptar. 
No es un amor activo negarles a las personas gay el lenguaje del amor que es el matrimonio y decir que el gobierno debería usar esto como un arma para mantenerlos alejados de la dignidad y el respecto que ellos merecen. Monseñor y cualquier persona tiene derecho a creer en lo que quiera creer y predicar lo que quieran predicar. Pero no tienen derecho, en una sociedad libre, a imponerles sus creencias a otros por medio del gobierno. El trabajo del gobierno es tratarnos a todos igualmente y ayudar a fortalecer todos los tipos de familia. Las iglesias son libres de hacer lo que quieran o de no hacer lo que quieran. Pero no deben dictar quién y quién no tiene el derecho a casarse. 
 
¿Debería ser el Congreso o la Corte Constitucional la que decida sobre el matrimonio y la adopción igualitaria?
Yo creo que los dos deberían hacerlo y si el Congreso se decide, por fin, a actuar, puede ponerle fin a esta discriminación en cinco minutos. Pero cada minuto que pasa sin que la Constitución sea respetada, que pasa sin que a las parejas homosexuales se les reconozcan la seguridad, el respeto y la dignidad del matrimonio, es un verdadero problema. Y las Cortes también tienen la obligación de actuar y hacerlo ya y no esperar a que los políticos se decidan a hacer lo correcto. 
 
¿Está casado?
Lo estoy. Después de obtener nuestro derecho a casarnos en el Estado de Nueva York, donde vivo, unos meses después, mi esposo, con quien llevo 10 años, y yo nos casamos con nuestras familias, nuestros amigos y la comunidad. Mi esposo es canadiense, nacido en China. Su hermana vino de China, sus padres vinieron de Canadá. Mi familia asistió y tuvimos una bellísima ceremonia que fue abierta al público. Porque, obviamente, mi trabajo no tiene, únicamente, un sentido personal sino también un sentido político y tuvimos 250 personas celebrando y yo todavía siento la alegría de ese día pasados 3 años. 
 
Lo digo porque hay homosexuales que dicen que no vale la pena luchar por el matrimonio para las parejas gay. 
Bueno, primero, mi organización se llama Freedom to marry (Libertad para casarse), no matrimonio obligatorio. Nadie está obligado a casarse. Pero ellos deben tener el derecho de decidir. Nadie debe tomar esa decisión por ti, por mí o por cualquier otra persona. Todos tenemos el derecho a decidir por nosotros mismos. Y cualquier persona gay que decida no casarse debe tener el mismo derecho a decidir que cualquier heterosexual tiene pero mientras no exista en Colombia la libertad de casarse significa que ninguna persona gay tiene el derecho de elegir. 
Con la controversia alrededor de la adopción por parte de parejas del mismo sexo, hay quienes dicen que hay que escuchar a los niños antes de permitir que los homosexuales adopten. Monseñor Córdoba ha dicho que todo niño, al crecer, va a querer tener un padre y una madre y que, por ello, darle lo contrario es abusar de él. 
 
Lo que la mayoría de los niños es amor, seguridad, compromiso y la sensación de estabilidad con los padres que tienen. Los niños no escogen a sus padres. Pero lo que nosotros como sociedad podemos hacer es asegurarnos de que todos los niños tengan la mayor seguridad y que todo padre cuente con las mejores herramientas para cuidar a sus hijos. Y la forma de hacerlo es acabando con las barreras, con las restricciones y apoyando a las familias. Ya hay niños que están siendo criados por parejas homosexuales y nada de lo que dice el monseñor va a cambiar eso.
 
Pero lo que dice afecta a estos niños de forma evidente porque los aleja de la seguridad y cuidado que sus padres quieren darles a través del matrimonio. No es una pregunta abstracta, es una pregunta sobre niños reales que son afectados con la decisión de negarles a sus padres homosexuales el derecho a casarse, decisión que no beneficia a ninguno de ellos. Y esta no es solo mi opinión. Es la opinión, además, de cualquier entidad de salud pública o dedicada al cuidado de los niños y niñas que haya analizado esta cuestión, ha ido a una corte, ha revisado la evidencia existente y ha concluido que negarle a los homosexuales el derecho a casarse afecta a los niños. Y, en contraste, acabar con esta discriminación ayudaría a muchos niños y no afectaría a nadie. Así que aquello en lo que monseñor se equivoca es en sugerir que, de alguna forma, hay una controversia al respecto: toda la evidencia es clara en que los homosexuales pueden ser unos padres muy amorosos y comprometidos, que los niños criados por parejas homosexuales crecen igual de felices, igual de saludables, igual de sociables que cualquier otro niño y que la negativa de permitirles a estos padres que se casen afecta a estos niños y no beneficia a nadie. Eso es incontrovertible. La gente puede decir lo que quiera cuando están frente a un micrófono, pero cuando están ante un tribunal y tienen que discutir sobre la evidencia existente, resulta que la evidencia es 100% clara en que no hay ninguna buena razón para negarles a los homosexuales su derecho a casarse, particularmente, en lo que tiene que ver con el bienestar de los niños criados por estas parejas. Así  que cualquiera que se preocupe por los niños, no sólo ideológicamente, debe estar apoyando el derecho a casarse y ayudando a que estas familias se fortalezcan.
 
Como a una universidad aquí en Colombia que salió a decir que los homosexuales eran enfermos y le tocó retractarse. 
Es que no hay evidencia. Es cierto que Colombia y Estados Unidos son muy diferentes, pero una corte es una corte y tenemos 65 cortes en los últimos dos años que han reconocido este derecho. Cualquiera que tenga una evidencia al respecto puede presentarla, si quienes se oponen al matrimonio igualitario, si monseñor tiene alguna evidencia puede presentarla. Nosotros contamos con opositores en esos 65 casos, ellos buscaron todo lo que pudieron y, al final, no tenían nada. Y ahora estamos ante la Corte Suprema de los Estados Unidos y toda esa evidencia está allí y vamos a ver lo que la Corte decide. Pero lo que la Corte va a hacer puede ser predicho teniendo en cuenta lo decidido por estas 65 cortes. Es muy claro lo que toda la evidencia señala. Y yo le diría a las autoridades aquí en Colombia que no empiecen de 0 y no dilaten las cosas porque cada día de negativa es un día en el que un niño crece sin seguridad, sin dignidad, sin respeto. Cada día de negativa es un día en el que un padre homosexual muere sin poder asistir a la boda de su hija y cada día de negativa es un día de verdadero daño. 
En Colombia hay cerca de 10 mil niños sin hogar y las tasas de adopciones se reducen año tras año y, mientras tanto, los homosexuales luchan por poder adoptar… 
Esa es otra razón por qué es de interés de los niños, de toda la sociedad, incluyendo las personas gay que quieren compartir su amor con un niño, es otra razón por qué la política de discriminación no tiene sentido. Pero no es solamente sobre los casos vulnerables. Se trata, además, de los niños que están siendo criados actualmente por sus padres homosexuales y el hecho de que el gobierno sigue enviándoles a estas familias un mensaje de inferioridad. Y no hay ninguna buena razón para eso en una sociedad libre. No ayuda a esos niños y, ciertamente, no ayuda a ningún otro niño. 
 
¿Qué piensa de Mark Regnerus y su estudio?
Su reporte, que resultó siendo producido única y exclusivamente por el deseo de la derecha y los sectores conservadores de tener algo de qué hablar, ha sido sonoramente desacreditado por las asociaciones profesionales, la Sociedad Americana de Psiquiatría, su propia universidad y las cortes federales que lo han examinado. Y esto ayuda a probar que, en realidad, no tienen ninguna evidencia porque se limitaron a tratar de inventar algo para la corte y ya con este ridículo estudio que ha sido cuestionado, de nuevo, esta semana por otro análisis que encontró que este era incluso peor de lo que se pensaba: que incluso en la forma en la que se clasificaron los resultados estuvo mal. Una refutación publicada, de hecho, por la misma revista que publicó el estudio de Regnerus en su momento. 
 
Porque uno de los cuestionamientos de siempre es que los niños criados por gays van a ser gays y un magistrado hace poco dijo pero, bueno, digamos que eso es verdad ¿Y qué? Si ser gay no es una enfermedad. 
 
Eso es verdad. Hay niños que son gay, hay niños que no, la mayoría no lo son y la mayoría de los niños gay crecen en familias heterosexuales. Mis padres no son homosexuales y yo sí lo soy. Ronald Reagan, el expresidente de los Estados Unidos, acostumbraba decir que si los profesores y los padres fueran tan influyentes en la vida de sus hijos, habría muchas más monjas porque la mayoría de nosotros fuimos criados por monjas. No funciona de esa manera. 
 
¿Cuál sería, de acuerdo con todo esto que hemos hablado, la sociedad deseable?
Yo pienso que los países que están comprometidos con el cumplimiento de la ley, con la libertad personal, con la igualdad, con el respeto hacia la mujer. Todos esos países que comparten esos valores, países como Estados Unidos y Colombia, se están moviendo en la dirección de la libertad de casarse y hay países como Argentina, Portugal, España, que, al permitir la libertad de casarse, entendieron esto no solamente como algo importante para las personas gay, sino, además, como una muestra de la maduración de una democracia, el verdadero compromiso de estas sociedad con estos principios que países como Colombia y Estados Unidos atesoran. Nuestros países creen en los derechos humanos y es crucial que los países que creen en estos derechos, se levanten por los derechos humanos y hagan lo correcto. Porque hay otras fuerzas en el mundo que están tratando de hacernos retroceder, de mancillar a la mujer, de usar a los homosexuales como chivos expiatorios, que están acabando con la democracia y abusando de la religión. Y si nosotros queremos ver que los derechos humanos se respeten a nivel mundial, los países que creen en estos derechos deben pararse y luchar por ellos y Colombia necesita estar al frente, no atrás.